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Barro Rojo Arte Escénico celebrará su 35 aniversario en el Palacio de Bellas Artes

Barro Rojo Arte Escénico celebrará su 35 aniversario en el Palacio de Bellas Artes
  • Se presentará el sábado 15 de julio de 2017 a las 19:00 Hrs en la Sala Principal del Palacio de Bellas Artes

  • Su función será la clausura del Encuentro Nacional de Danza 2017

Barro Rojo Arte Escénico está de manteles largos. Cumple 35 años de trayectoria artística en los que se ha colocado como una de las máximas agrupaciones de danza contemporánea en México. Para celebrarlo, el próximo sábado 15 de julio del presente año a las 19:00 horas ofrecerá una función en la Sala Principal del Palacio de Bellas Artes.

Barro Rojo En esta presentación especial, que será la función de clausura del Encuentro Nacional de Danza 2017, se estrenará la coreografía de Laura Rocha y Francisco Illescas No me voy, sólo vuelo. Además, se podrá disfrutar del reestreno de un clásico de su repertorio: Travesía, también de la autoría de Rocha e Illescas en compañía de Miguel Gamero.

Desde su creación hace 35 años, esta agrupación asumió el compromiso ético y estético en la develación del misterio de la condición humana. Barro Rojo Arte Escénico ha sido una compañía que ha demostrado permanencia escénica, con solidez artística conseguida a base de tres décadas y un lustro de ejercer la danza.

Laura Rocha, directora de Barro Rojo Arte Escénico, comenta que para mantener vivo el proyecto artístico de la compañía ha tenido que recurrir a diferentes estrategias de supervivencia. Asegura que, pese a los obstáculos, la compañía aún tiene mucho que ofrecer.

Por su parte, Francisco Illescas considera que una de las fortalezas de la compañía es “hacer tierra con nuestra realidad; una realidad terrible, efervescente, que nos pone en un estado de irritación y, a veces, de desaliento. En este contexto, el hecho de que exista una organización como Barro Rojo implica tener ya una postura”.

El hecho de cumplir 35 años de trayectoria artística ha sumergido a sus directores en profundas reflexiones sobre lo que implican tantos años en la escena nacional. Para Rocha, la compañía asume el enorme compromiso de no perder su esencia y raíz.

“Quizá una de las labores más difíciles es que las nuevas generaciones de bailarines entiendan y se comprometan con una ética y estética contestatarias, nacidas en los años 80 del siglo XX”. Para Illescas, estos años los obligan a expresarse desde la tradición que da sentido al ser mexicano y latinoamericano.

“A Barro Rojo nos han tildado de ser los nacos de la danza y muy probablemente ese es el extremo que necesitaba nuestro quehacer dancístico. A nosotros no nos sale hacer cosas lindas que puedan ir a concursar a Nueva York, nos sale lo que somos. Finalmente, esa es nuestra virtud: hablar de quiénes somos y no haber perdido contacto con la tierra”.

Finalmente, Rocha considera que la celebración de los 35 años de Barro Rojo Arte Escénico debe darse en un ambiente festivo, “porque todo lo que la compañía tiene se ha ganado con trabajo. Conmemorar con una función en el Palacio de Bellas Artes es algo que nos merecemos. Y no sólo lo merece Barro Rojo, sino la danza en general. Por eso aplaudimos el reconocimiento al trabajo que realizamos todos los que nos dedicamos a esta actividad artística”.

En la obra de estreno, No me voy, sólo vuelo, que se realizó con el apoyo de la Coordinación Nacional de Danza del Instituto Nacional de Bellas Artes, Rocha e Illescas abordan el tema de las relaciones paterno-filiales, a través de un proceso que exigió a los bailarines una introspección muchas veces dolorosa, cuyo objetivo era brindar a los espectadores una interpretación honesta y empática en la que los bailarines, a través del movimiento, pudieran representar las cargas emotivas personales en relación con la figura paterna.

“El interés por abordar esta temática, en primera instancia, fue una cuenta pendiente que yo tenía como ser humano y que debía resolver a través de la danza”, explicó la coreógrafa. Sin embargo, señala que no se busca que la obra tenga “un sentido terapéutico”, sino entender un proceso natural de vida, a través de la reflexión artística.

Barro Rojo Por otra parte, Illescas acota que, si bien la obra no intenta ser una terapia, ni busca curar heridas, “sí tiene un efecto colateral benéfico sanador. A la mejor uno no mata los monstruos que vienes cargando desde siempre, pero sí aprendes a convivir con ellos y ya no te causan tanto terror; los aceptas y también eres aceptado por ellos”.

Illescas define No me voy, sólo vuelo como un discurso intimista, privado; mientras que Travesía está más encaminada hacia el ámbito de lo público, pues se aborda en ella el problema de la migración como un fenómeno social que es particularmente sensible entre los países latinoamericanos.

“De eso se trata el arte, de confrontarte con lo que cargas. No resolvemos la vida de nadie, tal vez ni la de nosotros mismos, pero nos ayuda a entender lo que pasa a nuestro alrededor y en nuestra intimidad profunda”, concluyó el coreógrafo.

Redacción Voces del Periodista

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