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Elecciones 2018: Flor de fango

Voces del Director

Desde Filomeno Mata 8

Por Mouris Salloum George (*)

En el actual universo mexicano de Kafka, parece misión imposible encontrar la línea divisoria entre la realidad y la ficción.

El ejercicio se complica aún más si se pretende definir esas fronteras en el mundillo de la política doméstica; menos, en plena estampida de los búfalos rumbo a 2018. ¿Dónde está la agenda racional? ¿Dónde, la mascarada?

La audiencia mexicana se ha tomado muy a pecho las recientes series televisivas tituladas “La ingobernable”, “La candidata”. Ahora mismo se filma la película “El complot mongol”. Todas, relacionadas con la cuestión electoral.

La credibilidad popular apuesta a que esas tramas apócrifas son absolutamente verificables de cara a hechos reales.

Realidad: En agosto  se cumplen 30 años de que el PRI montó su pasarela para escoger, entre seis precandidatos, a Carlos Salinas de Gortari.

En unas horas, se cumplen 23 años de que fue electo Presidente Ernesto Zedillo Ponce de León. No existió duda de que su candidatura suplió la de Luis Donaldo Colosio, asesinado en campaña cinco meses antes.

Fantasías: Hoy mismo están ya en marquesinas al menos veinte nombres de aquellos que se sienten presidenciables para el 18; en términos de tipología política, algunos caben en el rango de francotiradores. No más.

Si no hay elementos objetivos para ponderar la seriedad de los fines de esos sedicentes ciudadanos, imposible esperar que varios de ellos aparezcan en las boletas electorales el 1 de julio de 2018. Sin embargo…

En ese cuadro, como en ciertos géneros de teatro popular, algunos de los acelerados apenas pasarían como “patiños”. El público puede reírse de ellos, sin más consecuencia.

Ya está instituida la estrategia de los demagogos: “Pan y circo”.

La tragedia radica en los foros de la gran carpa, donde está de por medio la institucionalidad de un proceso como es la elección de Presidente de México.

La obra podría titularse “Flor de fango”. Las locaciones, sin excepción, están rebosantes de lodo. Como en las películas “pasteleras”, los actores se gratifican en el mutuo ataque con bombas de pantano.

Los directores de escena no escapan a los disolventes tóxicos. En el libreto no aparece el concepto de legitimidad. ¿Qué hacer? Ni Kafka podría responder.

(*) Director General del Club de Periodistas de México

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