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Mexicanos prefieren el centro comercial para comprar libros

Mexicanos prefieren el centro comercial para comprar libros

Los centros comerciales podrían convertirse en las librerías del siglo XXI. Al menos así lo revelan las más recientes cifras, dadas a conocer por el Inegi, sobre los hábitos de lectura entre los mexicanos mayores de 18 años, donde se indica que la mayoría de lectores accede y compra libros y revistas en tiendas departamentales–como Walmart o Sanborns–, por encima de quienes asisten a librerías y bibliotecas.

El informe indica que el 25% de los lectores acuden y compran periódicamente a la sección de libros y revistas de tiendas departamentales, mientras que el 17.7% se inclinó por visitar las bibliotecas, y sólo el 15.6% reconoció visitar periódicamente la librería.

Las cifras forman parte de los principales resultados compilados en la encuesta Módulo sobre Lectura (Molec) 2015, realizada en mayo pasado, la cual puede ser consultada dentro del Observatorio de la Lectura, sitio donde se compila toda la información disponible sobre el tema de la lectura en nuestro país, con miras a la Encuesta Nacional de Lectura 2015.

Dicha encuesta se dará a conocer antes de diciembre próximo y considerará, por primera vez en su historia, la lectura en soportes digitales y contenidos en redes sociales, y planteará mediciones sobre la lectura por gusto y por necesidad, explica a Excélsior Angélica Vázquez del Mercado, directora adjunta de Fomento a la Lectura y el Libro de Conaculta.

Con esta medición se espera que el promedio de libros leídos por mexicano se incremente más allá de los 2.9 por año, que fue registrada en la Encuesta Nacional de Lectura 2012, reconoce la funcionaria, quien también coordina el Observatorio de la Lectura.

Otro dato de gran valor que acompaña al Molec 2015, donde se muestran los detalles sobre los hábitos de lectura en México, es sobre cómo se incrementa el tiempo de lectura a medida que crece el nivel de escolaridad.

Por ejemplo, aquellos lectores que no concluyeron sus estudios de educación básica, reconocen que sólo mantienen sesiones de lectura de hasta 28 minutos consecutivos, el equivalente a la mitad de una telenovela.

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Quienes concluyeron su educación básica aseguran que pueden sostener sesiones de lectura de hasta 35 minutos; y sólo quienes cursan estudios universitarios aseguran que pueden leer de forma consecutiva hasta 49 minutos, casi el equivalente a la transmisión de un partido de futbol.

Otro dato de interés es que el 83.9% de los lectores considera que cuando leen un libro o una revista no pueden realizar otra actividad, mientras que el 16.1% considera que puede leer mientras escucha música, revisa las redes sociales, come o trabaja.

También están los datos sobre quienes se declaran como no lectores, donde se informa que el 40.5% de las personas no leen “por falta de interés, motivación o gusto por la lectura”, mientras que el 24.3% argumenta “falta de tiempo”.

El 18.5% de las personas dice que no lee por problemas de salud, el 13.2% confiesa que prefiere realizar otras actividades, y sólo el 3% argumenta falta de dinero, con lo cual pareciera que desaparecería la idea de que el mayor obstáculo para encontrar lectores es la falta de dinero.

El drama lector

En torno a las cifras del Molec 2015, el escritor y ensayista Juan Domingo Argüelles expresa su opinión y de entrada asegura que desde hace mucho tiempo se sabe que existen dos vertientes de lectores en México.

Sabemos que hay quienes compran en librerías establecidas y otros que lo hacen en puntos de venta como Sanborns, Liverpool, Walmart y otras más. Esto no es extraño si tomamos en cuenta que probablemente la mayor librería que hay en el país podría ser Sanborns –con cerca de423 tiendas en 53 ciudades de México–, aunque eso no garantiza que se trate de lectores potenciales”, apunta el también académico y estudioso del mundo del libro.

Lo que sí podemos pensar es que se trata de un tipo distinto de cliente, pues esencialmente no son lectores, dice, sino más bien personas que compran con tarjetas de crédito y que a menudo adquieren libros como obsequio para alguien que sí le gusta leer… pero ese dato es difícil de comprobar, porque seguramente también hay lectores que compran libros en estos lugares.

Sobre las cifras y las razones que abonan los no lectores, Argüelles asegura que este panorama está muy claro.

Ya lo hemos comentado: para leer se necesita específicamente una necesidad de leer, y estas personas que manifiestan su desinterés por la lectura reflejan exactamente que la lectura no forma parte de sus necesidades”.

Sin embargo reconoce que no se podría censurar a estas personas, ni calificarlas como holgazanas, desinteresadas o sin iniciativa por la cultura, acepta. “Porque estas cifras reflejan el nivel educativo del país, ya que la escuela tendría que conseguir que las personas adquirieran esa necesidad de lectura, la cual no tiene que ver con hacer tareas escolares”.

¿Por qué las personas no tienen interés por la lectura?, plantea Argüelles. “simple: porque la escuela les hizo creer que la lectura sólo se hacía para un fin práctico y este es el drama que hoy tenemos”.

Argüelles también se refiere al sutil contraste que existe entre los lectores que se inclinan a pensar que la lectura se hereda de los padres, lo cual no es del todo cierto, pues las estadísticas afirman que sólo el 53.3% de lectores veía leer a sus padres, mientras que el 45.8 asegura que se acercaron a la lectura por decisión propia.

No es tan simple la emulación de la lectura dentro de la familia aunque por supuesto es más factible que la gente lea si hay un ejemplo lector en su hogar. Esto lo hemos debatido muchas veces, pero es cierto que no basta con el ejemplo para que la gente lo haga, pues las personas tienen distintos intereses; por eso hay familias numerosas donde sólo se cosecha un lector pese a que los padres leían a menudo”.

En este sentido, el ensayista afirma que México necesita una didáctica de la lectura, donde se enseñe a los alumnos cómo leer y así adquieran habilidades… y quizá el gusto.

En México se considera que leer es simplemente para pasar los exámenes, así que… cuando las personas terminan la escuela y ya no tienen examen se preguntan: ¿por qué agarrar un libro si es mejor prender la televisión y ver el futbol o navegar en internet?”, precisa.

Sin embargo, insiste en que la lectura tendría que ser parte de las distintas actividades que podemos hacer. “Eso se nos ha olvidado. Y cuando hablamos de lectura parecería que debe ser algo exclusivo, cuando la lectura misma debería ser una parte de lo que nos gusta hacer”, concluye.

Cifras y hábitos

Por último, Angélica Vázquez del Mercado comenta que el Observatorio de la Lectura–gestionado por la Dirección de Publicaciones de Conaculta– se encuentra en su primera etapa, pero su máxima ambición es concentrar toda la información disponible sobre el tema a nivel nacional.

“En este espacio queremos concentrar la información y poner a disposición del público en general estos insumos y concentrar todo lo que se haga a nivel nacional, sobre la industria editorial mexicana y las actividades de impulso a la lectura.

La información ya se encuentra en línea y se puede consultar en el sitio http://observatorio.librosmexico.mx , donde ya hay 70 iniciativas y programas de fomento a la lectura, las encuestas nacionales de la lectura 2006 y 2012.

En este sitio también están a la mano las estadísticas del Molec que Inegi emitirá periódicamente, en relación con los hábitos de consumo del lector mexicanos, “con la finalidad de facilitar datos útiles para conocer las características de la lectura de la población y proporcionar elementos para el fomento a la lectura”.

Además de una sección de consulta ciudadana y se plantea el armado de un Atlas de la Lectura, que servirá como herramienta virtual donde los usuarios conocerán la ubicación de distintos puntos de acceso al libro y a la
lectura.

“De inicio, esta plataforma ha recabado información sobre cerca de 10 mil sitios, como bibliotecas públicas y privadas, salas de lectura, libro clubes, librerías, centros de lectura, puestos de revistas, sitios web, entre otros”, finaliza.

 

 

Con información de Excélsior


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