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El 68, la muerte de Perelló y su baúl de historias

El 68, la muerte de Perelló y su baúl de historias

Sendero Público

Por Juan Bautista

¿Qué se negoció en casa de Andrés Caso, la noche del 2 de octubre?

La muerte de Marcelino Perelló, se suma a la estela de dirigentes de una brillante generación de jóvenes que participaron y fueron líderes del principal movimiento estudiantil que marcó un referente en la interpretación de la historia moderna de México.

Marcelino Perelló, a quien conocí y traté como periodista, en charlas nocturnas “Minicolectivas” después su histórico y polémico programa de radio “Sentido Contrario”, en un restaurante en la Del Valle, en las cuales continuaban las filosóficas interpretaciones de los temas abordados horas antes en los micrófonos de Radio Unam.

La trayectoria académica de Perelló fue como esos cometas jóvenes que surcan con fuerza y brillante energía el universo. De corta edad, siendo estudiante y líder de la Facultad de Ciencias en la UNAM, pasó, en días posteriores a la obscura tarde del 2 de octubre, a un largo autoexilio por varios países de Europa.

Esa tarde del 2 de octubre, dividió al país, a las familias, a la sociedad. Y también partió, fraccionó al movimiento del 68, a sus dirigentes, a otros los sepultó.

El 68 también dividió la interpretación de la historia de nuestro país, como también el libre actuar de ex dirigentes, metidos después a la política, a los partidos y a la burocracia universitaria.

Con la desaparición de Perelló se aproxima el cierre de un circulo de los principales protagonistas de uno de los capítulos más interesantes de la historia mexicana.

Sin conocer hasta el momento las causas reales de la muerte de Perelló, lo cierto es que también se obscurece más el conocer la verdad sobre su actuación la tarde del 2 de octubre.

Un tema polémico en la interpretación de ese capítulo, fue la designación de una comisión negociadora por parte del Consejo Nacional de Huelga del 68 ante el gobierno federal.

Por muchos años fueron datos sueltos e informaciones a medias, las reuniones oficiales que sostuvieron estudiantes con representantes del gobierno de Díaz Ordaz, el primero y dos de octubre de ese fático año.

Ese paréntesis en la historia de las negociaciones del movimiento del 68, “por encontrar una solución pacífica”, horas antes y en el momento de la matanza en Tlatelolco, dividió más a los líderes: unos fueron a parar a la cárcel, otros sobrevivieron en la obscura clandestinidad, y los menos, lograron el autoexilio.

Ese paréntesis y sus explicaciones, fueron vertidas en libros, testimonios y reportajes anuales, en cada aniversario, sobre las consecuencias y libertades conquistadas.

Tuvieron que pasar 35 años para conocer qué fue lo que sucedió la tarde del 2 de octubre con la dichosa comisión negociadora que “había aprobado el CNDH” para reunirse con los negociadores “ tardíamente” aprobados por parte del gobierno de Díaz Ordaz.

Pero parte de esa verdad nunca salió en forma natural de voz de los protagonistas estudiantiles y menos por parte de los representantes del gobierno federal.

Fue hasta el año 2002, fecha en que se crea la efímera Fiscalía Especial para Movimientos Políticos del Pasado, comisión creada por la presión social al gobierno panista de Vicente Fox.

Lo que se sabía, muy a medias, era que Marcelino Perelló, Sergio Beltrán y Florencio Sánchez, estuvieron en la comisión negociadora con Andrés Caso, el mismo 2 de octubre a las 18 horas, como se había pactado la cita. Y de ahí se borraba la cinta.

Por las declaraciones ministeriales de los funcionarios asignados, Andrés Caso y Jorge De Vega Domínguez, en el 2003, se conoció parte de la logística de esa reunión, como lo constan los reportajes del reportero Gustavo Castillo en el diario La Jornada, el 7 de septiembre del 2003:

“El primer encuentro formal ocurrió el primero de octubre en la casa del rector Barrios Sierra. Gilberto Guevara Niebla y Luis González de Alba, de las facultades de Ciencias y Filosofía y Letras de la UNAM, y Anselmo Muñoz, del Politécnico, exigieron tres condiciones previas al inicio del diálogo: la salida inmediata de los soldados que ocupaban el Caso de Santo Tomás, el cese de la represión y al libertad de todos los jóvenes detenidos a partir de la intervención del Ejército en la UNAM. De la Vega y Caso se negaron a aceptar esas condiciones”.

Sin embargo, coincidieron en declarar ante la Femospp que todo lo platicado con los estudiantes se informaba a Díaz Ordaz. “Nos había dado un número telefónico que contestaba personalmente”.
Terminado el primer encuentro se convino una segunda reunión. Sería el 2 de octubre a las 18 hrs. en casa de Andrés Caso. Fernando Solana Morales, secretario General de la UNAM, llegaría con un grupo de estudiantes para “Preparar el diálogo informal, pero los trágicos acontecimientos de ese día en la noche modificaron radicalmente la situación”, declaró Caso al Ministerio Público.

Sergio Beltrán y Marcelino Perelló, de la Facultad de Ciencias de la Unam, y Florencio Sánchez Cámara se quedaron en el domicilio de Andrés Caso “toda la noche y a la mañana siguiente De la Vega los llevó en su automóvil a la casa del rector Barros Sierra, en donde se quedaron.

“Ahí platicamos con ellos, haciéndoles ver lo peligroso que había sido organizar un mitin para presionar al gobierno a tomar una decisión, señalando que el CNDH previamente había considerado la posibilidad de marchar hacia el Politécnico, que estaba ocupado por el Ejército. Grave error del movimiento estudiantil y gravísimo error haber reprimido brutalmente el movimiento”, declaró Caso.

Hasta aquí la cita del diario La jornada.

Un día, platicando sobre este punto con Eduardo Valle Espinoza de los Monteros, alias “El Búho”, me dijo: “La diferencia está en las versiones que cada uno de los dirigentes o exdirigentes estudiantiles del 68 ofrecieron a la prensa, días posteriores o años posteriores.

Mientras unos estuvimos en el Lecumberri, otros lograron la negociación para salir del país, vía salvoconductos especiales y buscar estudiar en el extranjero”.

Este capítulo, en mis charlas no logró ser abordado con Marcelino Perelló, siempre se interpuso la filosofía kantiana de por medio, o sus explicaciones sobre la física cuántica y el infinito que representa la interpretación de las matemáticas.

Con la muerte de Marcelino Perelló quedó sepultada esa parte de la historia del movimiento estudiantil del 68, si se dio alguna negociación o amenaza.

O si fueron reales o de salva, las balas que segaron la vida de cientos de estudiantes en la Plaza de las Tres Culturas.

PD. Perelló si estuvo en cárceles, fue en el mes de julio del 68 con una estancia de 16 días, ese capítulo lo narra con justicia.

Redacción Voces del Periodista

Redacción Voces del Periodista



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