Opinión: Ricardo Anaya, un muerto viviente

Por Rodolfo Ondarza Rovira (*)

“Lo que mal empieza, mal acaba”, qué mejor frase para expresar lo que le sucede a Ricardo Anaya, ya que en efecto así fueron las  breves aspiraciones presidenciales del envalentonado joven, el foxito queretano, que sentía que el mundo era poco para comérselo a pedazos.

Primero, en complicidad con Gustavo Madero, se hizo de la presidencia del PAN, para traicionarlo como ya lo había hecho antes con el PRI y los queretanos. Después, desde esa posición, se deshizo de sus compañeros de partido, y posteriormente en reunión de líderes del PRD y MC, en un marco de mentiras, intereses inconfesables y ansías de poder, argumentaron la creación de una coalición, cuando en realidad se trató de un contubernio, connivencia entre falsarios y una asociación con fines ilegítimos.

Así empezó su campaña, a lo que siguió el compromiso ante empresarios de que se establecería un pacto de caballeros con el PRI, para asegurar que el segundo lugar se beneficiara del siguiente en preferencias, lo que obviamente no cumplió.

Hoy, Anaya está en estado agónico. La inminente muerte de su campaña es un hecho real, está en una fase terminal. Su caída al tercer lugar es evidente y sus patrocinadores ya no quieren gastar en algo no redituable; al igual que con una enfermedad, todos los demás órganos y sistemas empiezan a fallar. Como ejemplo, en Puebla, Veracruz, la Ciudad de México, Jalisco, Yucatán y Chiapas, sus candidatos han caído decenas de puntos y parece difícil que recuperen terreno. Las esperanzas de sus “curadores” son casi nulas.

Ellos saben que Anaya no sana. Sus mentiras ya no son creíbles. En sus delirios pretende hacer creer que ante su triunfo, Enrique Peña prefiere hacer acuerdos con AMLO y que él es el único que realmente representa a la oposición. Pensamiento esquizoide muy fácil de detectar clínicamente, ya que es uno de los síntomas prevalentes en esta final etapa. En medicina sabemos que el deterioro cognitivo y la pérdida de conciencia antes de la muerte son un mecanismo para defenderse de la agonía y por cierto no es preciso tratarlo

La agonía de Anaya es irreversible. El diagnóstico es falla orgánica múltiple. Para evitar otras muertes, los partidos y candidatos de la seudo coalición deberán asumirse como entes independientes y tratar de sobrevivir evitando el contagio del virus que trasmite Anaya, a quien sabemos que es un muerto viviente, que trata de evitar la labor de los ilustres sepultureros: Manlio Fabio, René Juárez, Enrique Jackson y Eruviel Ávila

Requiescat in pace, las expectativas de triunfo de Anaya.

(*) Neurocirujano. Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía “Manuel Velasco Suárez”. México. Ex Presidente de la Comisión de Salud de la Asamblea Legislativa de la Ciudad de México. @DrOndarza

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