Espacios del Club de Periodistas

JOSÉ ALFREDO LÓPEZ, UN ARTISTA QUE ENCARA LA GUERRA DESDE SU TRINCHERA

JOSÉ ALFREDO LÓPEZ, UN ARTISTA QUE ENCARA LA GUERRA DESDE SU TRINCHERA

joselo

Bogotá, 12 Oct. (Notimex).- José Alfredo López es un artista que enfrenta la guerra desde el pincel, el tambor, el teatro y la guitarra en su natal San Carlos, un pueblo que los actores armados convirtieron en fantasma, pero que hoy en día es ejemplo de reconciliación.

Este joven de 30 años de edad y de estatura media vivió los horrores de la guerra: amenazas de muerte, desplazamiento forzado, amigos y familiares muertos, compañeros de infancia reclutados por grupos ilegales y algunos de ellos hasta comandantes paramilitares.

Joselo creció en el municipio de San Carlos, en el noroccidente de Colombia, considerado patrimonio hidrológico con seis grandes ríos, siete cuencas y tres embalses que generan el 30 por ciento de la energía del sistema eléctrico nacional.

San Carlos fue uno de los municipios más azotados por la guerrilla, paramilitares y hasta por agentes del Estado, que lo convirtieron, hasta 2008, en un pueblo fantasma, porque la mayoría de sus 25 mil habitantes huyeron del fuego cruzado y de las minas antipersonas.

Este fue el escenario donde nació Joselo, como le dicen en su pueblo, el lugar donde convirtió el arte en arma fundamental para luchar contra el reclutamiento forzado de niños y jóvenes por parte de las guerrillas y los derechistas grupos paramilitares.

Pero también convirtió la pintura, el teatro y la música en herramientas para protestar por el abandono del Estado, contra la tergiversación de la realidad del pueblo por parte de los medios de comunicación y contra el estigma de los organismos de seguridad.

Por liderar ese movimiento cultural, Joselo estuvo a punto de perder la vida, pues cada bando lo consideraba aliado del enemigo. Los paramilitares lo acusaron de auxiliar a los insurgentes y estos lo acusaban de ser miembro de las Autodefensas Unidas de Colombia.

En conversación con Notimex en San Carlos, Joselo recordó que un día cualquiera del año 2000 estaba pintando en una calle de las afueras del pueblo, cuando fue amenazado por un amigo de infancia, reclutado por los paramilitares, quien lo acusó de trabajar con la insurgencia.

“Fue muy triste ver que un amigo de infancia me saca un arma y me la pone en la cabeza en medio de insultos y amenazas de muerte. En ese instante empecé a sentir unos pitos en los oídos y pensaba que me iba morir en ese momento”, recordó Joselo, mientras se frotaba las manos.

El amigo de infancia, quien mantenía unos lentes oscuros lo miraba y con el cañón de la pistola en toda la frente le decía: “Joselo, sabe rezar”, en ese momento dijo: Entre en shock y no supe que decir.

“Uno no se pone a rezar, eso es mentira que uno se ponga a decir: Padre Nuestro que estas en los cielos (?) Que va, uno queda en ´shock´. Sólo recuerdo que me pitaban los oídos y sentía que la cabeza se me iba estallar”, refirió.

El paramilitar baja la pistola y Joselo siguió su camino, pero con temblor en todo el cuerpo y a punto de desmayarse de miedo, de pánico y de horror, ante la presencia de la muerte representada en la figura de un amigo de su infancia.

Ese día los paramilitares asesinaron a un joven en el hospital del pueblo, quizá porque también lo relacionaron con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) o el Ejército de Liberación Nacional (ELN).

Joselo siguió con su trabajo cultural visitando caseríos en las zonas rurales, pero durmiendo con la ropa y los zapatos puestos, listo para saltar de la cama y escapar por la parte trasera de la casa, en caso que llegaron los paramilitares o la guerrilla para matarlo.

Dos años después de la amenaza de su amigo de infancia, Joselo, por sugerencia de su madre, dejó el pueblo y se sumó a la ola de desplazados que ha dejado la guerra en este país andino, una cifra estimada en más de cuatro millones de personas.

Joselo recuerda que salió con sus instrumentos para seguir con su arte en Medellín y Girardota, pero siempre añorando el regreso a San Carlos y con la tristeza de ver desde lejos que los hombres de la guerra seguían reclutando niños y jóvenes.


Sin comentariost! Usted puede ser el primero en comentar esta nota!

Escribir comentario

Your e-mail address will not be published.
Required fields are marked*