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“Recibía a entre 40 y 50 soldados al día con solo 14 años”: Ok-sun, víctima de esclavitud sexual

“Recibía a entre 40 y 50 soldados al día con solo 14 años”: Ok-sun, víctima de esclavitud sexual
Ok Sun-víctima de la esclavitud sexual en la Segunda  Guerra MundialLa voz y el rostro de Ok-sun desprenden serenidad a pesar del infierno que pasó cuando era una niña. Esta coreana de 89 años es una de las 46 supervivientes que siguen con vida después de sufrir la explotación sexual que el ejército de Japón ejerció durante la Segunda Guerra Mundial sobre alrededor de doscientas mil jóvenes asiáticas, muchas menores de edad.
Nació en Busan (Corea del Sur) el 10 de octubre de 1927 en el seno de una familia muy humilde. Eran seis hermanos y los sueldos de su padre y de su madre no alcanzaban para cubrir las necesidades. Nuestra protagonista recuerda que se alimentaban a base de sopas con restos de brotes de soja y sal. El dinero escaseaba así que Ok-sun no pudo cumplir su sueño de ir a la escuela.
La alternativa fue trabajar. Primero ayudando a su madre en el cuidado de los hermanos, después en un restaurante local y finalmente como criada en el hogar de un adinerado vecino al que fue vendida cuando tenía 15 años.
Fue una tarde de verano de 1942 cuando su amo le envió a hacer unos recados a la calle y fue interceptada por dos soldados que la secuestraron y se la llevaron a Tumen, la ciudad China -actualmente en la frontera con Corea del Norte- en la que el ejército japonés había establecido una de sus bases durante la guerra.
A partir de ahí comienza su historia como esclava sexual de los militares. Una historia que ha relatado en exclusiva para “Punto de Fuga” de la Cadena SER desde “The House of Sharing”, un hogar de acogida en Seúl desde el que reivindica la memoria de aquellas que fueron engañadas o secuestradas por el ejército japonés.
-¿Cómo se convirtió en esclava sexual? ¿Cómo la llevaron a ese sitio?
-En mi caso fue un poco distinto. Cuando me reclutaron no estaba en mi casa con mi familia sino que estaba en la calle, trabajando con un vecino. Yo era su sirvienta. Él me envió a hacer un recado y estaba en la calle, caminando.
“Recuerdo que era un día de julio, a las cinco o seis de la tarde. Dos hombres fuertes y grandes me pararon. No me preguntaron nada -ni de dónde venía ni cual era mi nombre-. Sin más, me agarraron de los brazos y me llevaron. Yo me resistí pero me arrastraban. Me llevaron a la fuerza y les pregunté por qué. Me dijeron que no preguntara nada ni dijera nada. Yo me resistí y me resistí pero me gritaron que me callara. Escuché que uno era japonés y el otro coreano”.
“Anduvimos un rato y nos encontramos con un camión grande del ejército. Sin decirme nada me cogieron de brazos y pies y me lanzaron dentro. El camión era muy alto, yo caí en la parte trasera. Miré alrededor aturdida, no entendía nada. Parecía que estaba vacío pero a mi izquierda descubrí a otras cinco chicas. Éramos seis en total. Hablé con ellas y me contaron que todas habían sido recogidas en la calle”.
“En la casa de mi amo, en la que trabajaba, empezaron a buscarme porque no volvía. Me buscaron toda la noche y mi amo fue a buscarme a mi casa. Preguntó a mi madre: “¿Dónde está Oksan?” Siguieron buscándome al día siguiente, buscaron por toda la ciudad pero no me encontraban. Pensaron que estaba muerta…”
-Esta pregunta puede ser difícil pero… ¿Cómo fue su vida a partir de entonces dentro del club de servicio?
-Teníamos que trabajar todo el día. Teníamos que recibir a entre cuarenta y cincuenta soldados. Yo sólo tenía 14 años y recibía a entre cuarenta y cincuenta soldados en un día. Fue durísimo. El Gobierno japonés decía que nosotras habíamos ido allí para ganar dinero en la guerra. Es verdad que los soldados pagaban por nuestros servicios. Les cobraran por horas. Pero nosotras no recibíamos nada a pesar de que atendíamos a entre cuarenta y cincuenta soldados cada 24 horas. Era demasiado.
“Cuando hemos contado esto, el gobierno japonés ha dicho que mentíamos pero… ¿por qué? Todo es cierto, es lo que realmente pasó. Eso es lo que pasó… No siempre estuvimos en el club de servicio. Al principio, nos llevaban a otro campo de trabajo físico. A mí me tocó en un aeropuerto”.
“Me llevaron en un tren, en un largo viaje, pasamos varias ciudades. Al principio, éramos seis pero nos dividieron en el camino. Hubo cuatro que fueron a otro sitio y a mí me bajaron en un largo aeropuerto con militares. Me daba mucho miedo porque nunca había visto un camino tan largo”.
“Yo puedo hablar de todo esto porque todavía vivo pero hay muchas mujeres que han muerto y no pueden decir nada. ¡¡¡Cuánto dolor y frustración se habrán llevado con ellas!!! ¡¡¡Qué absurdo que Japón diga que mentíamos!!! Eso fue lo que pasó… Yo quería ir a la escuela cuando tenía siete años pero mis padres me dijeron que no podían pagar mi educación y no pude ir. Nunca he ido a la escuela. Y desde China yo quería contactar con mis padres en Corea pero no pude por eso pensaron que estaba muerta”.
Durante su estancia en el club… ¿Había alguien que la ayudara?
-No, no tuve a nadie que me ayudara. Entre los soldados japoneses había muchos rangos distintos y había uno que tenía dos barras de oro. Uno de los soldados que tenía esas barras me quería. Esta es una historia que no había contado a nadie… un día vino ese soldado y me regaló un reloj.
“Le dije que no lo necesitaba y que no quería recibirlo pero me dijo que, aunque no era un reloj muy bueno, debía tenerlo. Me dijo que cuando volviera a casa me llevaría con él a su ciudad. Me dijo que viviríamos juntos en Japón pero, cuando le llegó la hora de volver a casa, no quiso llevarme con él y mandó a un amigo suyo para recuperar el reloj. Pregunté al amigo: ¿por qué no vino él?… me dijo que estaba muy ocupado y que sólo quería mi reloj. Los japoneses son así… Pero ese fue el único que me demostró algún cariño”.
“Esos soldados tenían que ser valientes. No les dejaban tener miedo. Cuando uno moría en la guerra no mandaban el cadáver a casa sino que les cortaban la cabeza, tiraban el resto del cuerpo y enviaban la cabeza a su casa… ¡Imagine qué susto para los familiares cuando la recibían! Los soldados tenían que utilizar anticonceptivos y de vez en cuando había algunos, especialmente de alto rango, que se negaban”.
“La discusión terminaba en peleas con cuchillos y pistolas. Nosotras éramos todas pequeñas. Sólo teníamos entre 11 y 15 años… ¿¡qué sabíamos nosotras?!. De vez en cuando, nos pegaban cuando no les obedecíamos pero… ¡¡A una niña de 11 años no hace falta pegarle tanto!!! ¡¡¡Con un golpe se caía en el suelo!!! Sin embargo, las pegaban hasta que se desmayaban”.
“Una vez, tiraron a una de esas niñas al suelo y le rajaron el pecho con un cuchillo. Después, la violaron con la toda la sangre sobre su cuerpo… Y nos decían que mentíamos cuando contábamos esto pero… ¿¡Por qué voy a hacerlo!? ¿Por qué tengo que mentir? Dicen los japoneses que las esclavas sexuales no existieron pero yo no me lo estoy inventando. Yo no creé los clubes de servicio. ¿¡Qué necesidad tengo yo de mentir sobre esto!?”.
“Dicen que fuimos a ganar dinero a la guerra. Entonces, ¿por qué estoy pidiendo yo disculpas oficiales del gobierno? No tendría ningún motivo para hacerlo si no hubiera pasado todo esto. El club de servicio fue un matadero donde murieron muchos jóvenes, chicas y chicos. Los mataron a todos allí por eso los llamamos mataderos, igual que los sitios donde matan vacas y cerdos. En una ocasión, vino un oficial de Japón y me preguntó por qué le llamaba matadero. Yo le conté todo esto y al final él dijo que yo tenía razón. Lo admitió todo”.
-¿Cuándo salió de allí? ¿Cómo supo que había acabado la guerra?
-No nos enteramos. No sabíamos que ya había acabado la guerra. No teníamos a nadie que nos avisara. Éramos siete chicas en el club de servicio y un día vino un soldado japonés y nos preguntó por qué estábamos allí sentadas. Nos advirtió de que si esperábamos allí, íbamos a morir. Nosotras nos habíamos quedado dentro porque los alrededores de la ciudad estaban bajo una gran bola de fuego y porque… ¿qué íbamos a hacer? No teníamos nada, ni familia ni dinero.
“El soldado nos dijo que teníamos que salir de ahí… que teníamos que escapar de la guerra hacia el monte. Eso fue lo que hicimos. Había un parque detrás de nuestro club, después un monte muy alto y nos dirigimos allá. Éramos tres soldados y nosotras siete”.
“Cuando llegamos al monte había tantos árboles altos que no se veía el cielo. Los soldados nos llevaron a un sitio del monte pero no nos dieron comida. Empezó a anochecer y los soldados nos dijeron que esperáramos allí porque ellos irían a buscar algo para comer pero desaparecieron. No volvieron nunca. Creo que su intención era deshacerse de nosotras, dejarnos allí”.
“Teníamos mucha hambre y miedo. Pensábamos que terminarían comiéndonos los tigres. Teníamos que salir de allí pero estaba todo muy oscuro y no sabíamos cómo llegar a la ciudad. Empezamos a gatear y gateando como bebés bajamos a un camino que nos llevó a la ciudad que estaba desierta. Era como si la ciudad hubiera desaparecido. Los que se quedaron no querían abrirnos la puerta de sus casas. Los japoneses despreciaban a los coreanos y, además, nosotras éramos mujeres de confort”.
“¿Dónde podíamos pedir comida? Pensamos que lo mejor sería separarnos para pedir comida una a una. Creo que habría sido mejor ir a un pueblo a pedir comida. En la ciudad fue más difícil pedir comida pero al final estuvimos las siete juntas, deambulando en la ciudad”.
-Hace poco, Japón y Corea del Sur han cerrado un acuerdo y el Ministro de Exteriores de Japón ha venido a pedir disculpas sobre todo eso. ¿Qué opina?
-Tanto el gobierno japonés como el coreano son malos. Los dos tienen mucha culpa. Yo desde que llegué aquí empecé a luchar con el gobierno coreano. Me preguntaba ¿qué hace el ministro de exteriores de Corea? ¡¡¡Sólo echa siestas!!!… ¿Quién va a solucionar nuestro problema?
“Desde que nos independizamos de Japón tenemos nuestro propio gobierno y nuestro gobierno tiene que ayudarnos. ¿Por qué el gobierno de Corea no hace nada? Nos llevaron a la fuerza a estos centros, nos pegaron, nos acuchillaron, nos mataron y volvimos embarazadas”.
“Queríamos que el gobierno coreano hiciera algo. Se lo hemos pedido en manifestaciones, con sentadas en el suelo frío, con lluvia…con nieve… Pero no nos ha solucionado nada. Hace poco vino el ministro de exteriores de Japón y nos pidió disculpas, pero eso no nos sirve como compensación. El gobierno coreano tiene que hacerse cargo de nosotras”.
“El tema de las esclavas sexuales en tiempos de guerra se ha repetido en todo el mundo y hay activistas que piden soluciones. Estados Unidos o Alemania lo han resuelto pero aquí no. Piense que yo no fui a la escuela y soy analfabeta. He oído que el gobierno japonés vino con dinero para callarnos. ¿Por qué tiene Corea que recibir ese dinero? Es poco, lo suficiente para una sola persona, pero nosotras somos muchas y tenemos que repartirlo entre todas. ¿Qué quieren hacer? ¿Que nos callemos? Nos han dejado tiradas. Estoy muy decepcionada. No tengo esperanza”.
Ok Sun esclava sexual durante la II Guerra Mundial
(Entrevista en “Punto de fuga”. Pablo Morán y Javier Bañuelos. Traductora: Kyung Hwa Woo)
Redacción Voces del Periodista

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