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2018: A orillas del hoyo negro

VOCES OPINIÓN Por: Mouris Salloum George

2018: A orillas del hoyo negro </span></p> VOCES OPINIÓN Por: Mouris Salloum George

Después de tres meses -que se están cumpliendo hoy-, es evidente que  el republicano Donald Trump sabe cómo y para qué llegó a la Casa Blanca.

Sabe, Trump, lo supo desde la disputa por la candidatura republicana, que representa visibles intereses de clase y, dentro de esta clase, específicos intereses económicos e ideológicos de facción.

Durante el trimestre de ejercicio del poder imperial, Trump ha dado pruebas de congruencia con sus orígenes y formación personal-empresarial y con los compromisos que sus impulsores electorales sabían que iba a cumplir.

Antes de cumplir 100 días en la Casa Blanca, los rejegos de su propio partido y del Partido Demócrata le han brindado “legitimidad de gestión”. Le bastó reactivar la maquinaria de guerra y tener la yema de un dedo en el botón  nuclear.

Si en lugar de llegar Trump a la Casa Blanca lo hubiera hecho la demócrata Hillary Clinton, el paisaje mundial no tendría otras tonalidades.

La declaración de principios y el programa de acción acatados en la Casa Blanca no los dicta el titular de la Presidencia de los Estados Unidos. La cuestión de estilo, ésta sí corresponde a la personalidad intrínseca de Trump. Más claro, ni el lodo.

Cómo se desdobla la personalidad del líder mexicano

En México al contrario, el verdadero perfil sicológico y la praxis de quien llega a Los Pinos, sólo se descubren hasta que el ungido empieza a desdoblar su personalidad.

En ese sentido, quien antes era encapuchado como El tapado, se destapa una vez que se ha cruzado la banda presidencial.

Cuando Carlos Salinas de Gortari dio su paseíllo, junto con otros cinco tricolores, por la pasarela que montó el PRI en  agosto de 1987, dijo un discurso a modo con lo que los priistas esperaban escuchar de él.

Ya en campaña, Salinas de Gortari fingió ser un receptivo demócrata: ¡Que México hable! Entonces México habló. Ahí está la memoria de campaña. Pero hasta el 30 de noviembre de 1994 no se supo que fue lo que escuchó Salinas de Gortari en campaña.

Como sea, Salinas de Gortari llegó a Los Pinos con un plan. Y operó lineal y autoritariamente para implantarlo con éxito. Las consecuencias pueden ser tema de otro análisis, pero de lo que no queda duda es que el ex presidente supo para qué es el poder; con independencia de si éste se ejerció con autoridad política y moral.

Para su sucesión, Salinas de Gortari no tuvo escrúpulos para imponer el voto del miedo y sin contratiempos cedió la estafeta a Ernesto Zedillo Ponce de León.

No obstante que el propio Zedillo llegó a declarar el origen inequitativo de su triunfo electoral, que obtuvo como suplente del asesinado Luis Donaldo Colosio, después del error de diciembre no le hizo al feo a las facultades metaconstitucionales de su mandato y enderezó la nave.

Zedillo ejerció el poder a costa de su ruptura con Salinas de Gortari, pero no se apartó del trazo fundamental en la continuidad del modelo neoliberal, que implicó hacer un lado al PRI, sus documentos fundamentales y la plataforma 1994-2000.

Fox, de una franquicia de pizzas a la Presidencia

Cuenta Lino Korrodi, que se presenta como el verdadero amigo de Fox que, tiempo después de separarse o ser separado de Coca Cola, la máxima aspiración de Vicente era administrar la franquicia de una pizzería. Le entró la hueva cuando se le impuso la condición  de que extendiera la cadena por todo El Bajío.

De aquellos años, hay registros de que Fox se arrimaba al movimiento de deudores conocido como El Barzón.

Depositario del bono democrático que le endosaron los votantes, en un momento dado en que se le exigió actuar como jefe del Ejecutivo, Fox respondió: Y yo, ¿por qué?

Es que Fox llegó al poder abanderado formalmente por el PAN, pero la operación para llevarlo a Los Pinos pasó por un largo periodo de maduración de agentes que nominalmente no eran panistas.

Navegante sin brújula Fox mismo, así fuera subconscientemente, declaró paladinamente que su gobierno sería uno de los empresarios, por los empresarios y para los empresarios. Mejor huella dactilar de quienes movieron la cuna no se puede hallar.

Felipe Calderón Hinojosa confesó a su llegada a Los Pinos aiga sido como aiga sido. Con eso está dicho todo. En 2012 él mismo echó al PAN de Los Pinos.

De la “normalidad democrática” a la ingobernabilidad

De la fabricación de la candidatura de Enrique Peña Nieto, hay constancias de cómo se iniciaron los arreglos con una empresa televisiva, en cuyas negociaciones no participó la dirigencia formal del PRI.

Se puede cotejar la plataforma electoral 2012-2018. En ningún párrafo, solo uno, aparece ni por asomo el Pacto por México.

De la relatoría hasta aquí documentada, la síntesis es la siguiente: Zedillo blasonó al final de su sexenio haber restaurado la normalidad democrática. Sobran estudios actuales que coinciden en que el sistema político mexicano está asfixiado por la ingobernabilidad.

Conclusión: Si no son los votantes, ¿quiénes otorgan legitimidad al poder presidencial?  En los Estados Unidos, la eficacia de los poderes fácticos. Los militaristas, primero. Es una cuestión que en México debe resolverse en la sucesión de 2018. O nos vamos al hoyo negro.


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