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2018: La intención del voto, ¿es irreversible?

El Lecho de Procusto

Por Abraham García Ibarra

(Este tema, no es propio para los mexicanos que reniegan del pasado. Pretenden fugarse hacia un futuro incierto.)

Uno de los atributos por los que se  otorgó el Premio Nobel de la Paz a México, fue su denuncia y combate al apartheid  en el continente africano. Ese galardón fue otorgado después a Nelson Mandela. (Madila/ Tata.); 2018 es centenario del natalicio del libertario.

Mandela fue abogado y activista de izquierda contra la segregación racial. Fue perseguido por el gobierno blanco, sometido a juicio por traición y encarcelado en 1962.

Hablemos del mexiquense Adolfo López Mateos

Gobernaba nuestra República el mexiquense Adolfo López Mateos. Hombre de Estado de vocación nacionalista, fue el primer Presidente que abrió México al mundo por la vía de una diplomacia soberana. Políticamente informado, tomó conciencia de los estragos perpetrado por los regímenes coloniales en el continente negro.

Encontró al mexicano idóneo para la misión en África: don Alejandro Carrillo Marcor, nacido en Hermosillo, estudió en el Colegio de Sonora de donde pasó a la Universidad de Tulane, Nuevo Orleans.

Desde el  periodo estudiantil se vio cuestionado por su acerada defensa de la soberanía mexicana. López Mateos lo reclutó y lo invitó a residir en El Cairo, como embajador plenipotenciario desde Egipto para el continente.

Don Alejandro cobró celebridad universal cuando se opuso a la presencia de Sudáfrica en los Juegos Olímpicos de 1968, cuya sede había conquistado el gobierno de México.

Los dos últimos Presidentes de izquierda en México

Vuelta de página: Todavía hasta Luis Echeverría, era un término común en voz de las derechas mexicanas el de jacobino. Lo asestaban los clericales a todo aquél que abogaba por el régimen Estado-Iglesia.

El sustantivo -más que adjetivo- tiene evocaciones parisinas. Aún después de que José López Portillo en 1979 abrió las puertas mexicanas al papa Juan Pablo II, el término sigue en uso en algunas troneras clericales.

Echeverría y López Portillo fueron los últimos hombres de izquierda que ejercieron la Presidencia. Todavía se les sataniza como populistas.

El populismo “es un estado de ánimo social”

La noche del pasado lunes, en el análisis del tercer debate entre presidenciables, en Canal 11 (de Estado) escuchamos una puntual precisión tipológica en voz de uno de los ponentes: Populismo es un estado de ánimo social.

La acotación es nuestra: En el periodo que tomamos para la introducción al tema, el PRI en sus tres denominaciones había conquistado nueve veces la elección presidencial.

Esa hazaña histórica fue obra, no de la nomenclatura tricolor, sino del priismo que administraba la energía social de los mexicanos. Era el tiempo aquél en que se hablaba al término de cada mandato presidencial de la alternancia entre un gobierno de izquierda y uno de derecha.

Respondía el priismo entonces, con sus votos electorales, al cumplimiento desde el poder  de los Derechos Sociales del Pueblo Mexicano que, más allá del mandato constitucional, se expresaba en un macizo de políticas públicas compensatorias en favor del eslabón socioeconómico más débil.

Ese priismo -como un estado de espíritu nacional-, es al que ahora los tecnócratas neoliberales pretenden insultar con el adjetivo de populista.

Algunas experiencias de hombres de izquierda

Estamos a unos días de que, el 1 de julio, los mexicanos asistan a la oportunidad de futuro.

Pasamos a nuestro obligado ejercicio memorioso. Desde la prisión, donde permaneció 27 años, Mandela combatió las subversivas estructuras coloniales. De la cárcel al poder: Mandela lo conquistó por irrebatible resultado electoral, reconocido por el régimen colonial.

El francés Francois Mitterrand se hizo del poder en 1981 luego de dos tentativas fallidas. Después de evaluada su gestión, fue acusado por sus detractores de haber traicionado el pacto entre comunistas y socialistas que lo llevaron al poder.

Lula da Silva vio frustrados dos de sus intentos de gobernar Brasil. Llegó al tercero. Fue consecuente con los postulados de la clase trabajadora que lo encumbró en la presidencia.

Hoy Lula, hombre de izquierda,  está sujeto juicio político, más que judicial, y prisionero. Del poder a la cárcel. Desde su encierro busca el retorno. Sus enemigos lo etiquetan como populista.

En Argentina gobierna Mauricio Macri, hombre de derecha neoliberal. Está en el ojo del huracán. Sus publicistas culpan de la crisis de Estado al populismo peronista, sin compadecerse de la tragedia de los argentinos desde el mandato del neoliberal Carlos Menen, hoy nuevamente llamado por la Justicia, aunque amparado en el fuero de senador.

Macri se ha entregado amorosamente al Fondo Monetario Internacional, que le acaba de enviar un flotador de 50 mil millones de dólares para sacar el buey de la barranca.

Algunos casos, nomás, a manera de ilustración sobre una artificial y tendenciosa geometría político-ideológica que prima la sucesión presidencial de 2018 en México.

Las tendencias dominantes hacia el 1 de julio

En la escena sucesoria están José Antonio Kuribreña (PRI), Ricardo Anaya Cortés (PAN), Jaime Rodríguez Calderón (independiente) y Andrés Manuel López Obrador/ Juntos haremos historia. Éste proclama que “la tercera es la vencida”.

El ex secretario de Hacienda y el ex coordinador de bancada legislativa y ex jefe nacional del PAN, son reputados como defensores y continuadores del Estado neoliberal. El tabasqueño es postulante del cambio: Sus adversarios lo tachan de populista, aunque ya le bajaron a lo de peligro para México.

Ya pasó el tercer debate presidencial. Sus remesones marcan la hora de la cita del 1 de julio. Están a la vista, según concentrados de encuestas sobre la intención del voto, los resultados.

En las mesas de análisis posteriores al debate del pasado lunes, la mayoría de los panelistas ha coincidido en una conclusión: Las tendencias son irreversibles. ¿Un retorno al pasado?



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