Espacios del Club de Periodistas

“Cada día más xola” (CDMX)

El lecho de Procusto

Por Abraham García Ibarra

(Si xolo es connotación de chuchos, culpa es de la zoología y del PRD).

Los designios del subconsciente, son como los de Dios: Inescrutables e inapelables.

Tratemos de explicarnos: Sin que les temblaran las fatigadas neuronas, los priistas neoliberales dictaminaron que el legado doctrinario de los grandes movimientos sociales mexicanos, no son más que mitos y dogmas. Decretaron su abolición.

Los panistas hechos gobierno, llegaron a la conclusión de que, cuando los padres fundadores de su partido postularon el humanismo político, estaban “como operados del cerebro”. Ahora actúan inspirados en el relativismo moral. Pura concupiscencia.

Los perredistas que en su placenta declararon su fe en el cardenismo, terminaron tratando de igualarse con los más rapaces cresos. Algunos lo han logrado.

En este sexenio, las tres facciones comulgaron unidas para recibir los sacramentos del fáctico Pacto por México y de su vicario.

Desde 1997, el PRD controla el gobierno del DF-CDMX. Desde 2015, en la Asamblea Legislativa de la Ciudad de México opera guiado por un obsceno pactito, concertado con los priistas y panistas.

Compromiso: Borrar la memoria histórica de los mexicanos

La explicación sobre la exploración del subconsciente, es la siguiente: No siempre se consuman actos reales, de naturaleza destructiva, consultados con la conciencia. Por lo mismo, no se asumen las consecuencias.

Coloquémonos en un cuadrante: Desde la implantación del neoliberalismo depredador, existe una acusada tendencia a borrar la memoria histórica de los mexicanos, cuyo fin es acabar con el último vestigio de identidad nacional.

En la sede de los Poderes de la Unión, no hace mucho se hizo una “declaración de principios”: El progreso económico exige sacrificios. Primero los negocios y, si hay modo, después el interés social. (A propósito de los excesos y la impunidad de la industria inmobiliaria, que no deja piedra sobre piedra de la capital de México.)

Lo que significaba la Plaza de la Constitución

Citemos un ejemplo: La Constitución de Cádiz de 1812 fue de gran trascendencia para los movimientos de liberación de las colonias americanas del yugo español.

En 2012, el Congreso de la Unión imprimió en su papelería la leyenda Año del Bicentenario de la Constitución de Cádiz.

Pues bien: En tributo al Congreso de Cádiz, en el que participaron algunos diputados mexicanos, al Zócalo metropolitano de la Ciudad de México se le dio el nombre de Plaza de la Constitución.

En el recorrido histórico, ese escenario ha atestiguado grandes episodios nacionales. Verbigracia: En 1847, año de la Guerra de despojo que en su hora condenó Abraham Lincoln, ahí se libraron combates de defensa de los vecinos de la Ciudad de los Palacios contra las tropas invasoras.

Resulta obvio el móvil del ataque de los gringos a ese objetivo: Humillar los símbolos del poder cultural y político de los mexicanos.

¿Qué símbolos? El conjunto arquitectónico recoge la memoria de la Gran Tenochtitlan, donde los mexicas tuvieron sus grandes centros políticos y ceremoniales. El Templo Mayor apenas es un indicio, a lo grande, de aquella cultura.

Palacio Nacional, la Catedral metropolitana, el Palacio del Antiguo Ayuntamiento, el Portal de los Mercaderes. Contigua, la sede de la Suprema Corte de Justicia. Moradas pues, de la política, la doctrina religiosa y de las grandes concentraciones populares en El Grito y, antaño, del 20 de noviembre. “Mitos y dogmas”, dicen los neoliberales.

Por ahí desfiló la República restaurada

Es que ese grandioso espacio del Centro Histórico de la Ciudad de México escuchó las primeras voces libertarias que en 1808 hicieron una revelación a los colonizados en la Nueva España: Existe la soberanía popular.

Vino la lucha por la Independencia y, después del ciclo de la sociedad fluctuante, se promulgaron las Leyes de Reforma. La plaza vio desfilar la República restaurada, con el presidente Juárez encabezando la columna liberal en su carroza itinerante.

Llegó la Revolución: Dos décadas después del triunfo de los constitucionalistas, la plaza fue invadida por las familias mexicanas más humildes, para brindar su solidaridad con la Expropiación Petrolera.

Ahí vimos, aunque ahora usted no lo crea, convocada por el PRI, la manifestación multitudinaria en apoyo a la Expropiación bancaria en 1982.

Por supuesto, ¡Vámonos al zócalo! fue la proclama de los movimientos emergentes que después de los terremotos de 1985 modificaron la correlación política en el Distrito Federal, hasta que en 1997 el PRI fue echado del antiguo Palacio del Ayuntamiento. En fin.

La vocación patrimonialista de Miguel Ángel Mancera

Sin existir decreto escrito de por medio, en el actual sexenio Miguel Ángel Mancera se gratifica con un reincidente arrebato patrimonialista: Se apropió de la administración de la Plaza de la Constitución para ofrecer su espacio selectivamente, a fin de cerrar el cuadrilátero a la expresión de manifestantes incómodos.

En reciente ocasión, para dar comodidad a los invitados a un acto palaciego, la Plaza de la Constitución fue convertida en un estacionamiento vehicular monumental. Literalmente: El Zócalo es, en superficie, el segundo más grande del mundo.

Palacio Nacional, al menos hasta 1982, fue domicilio del antes llamado jefe de las instituciones nacionales, el Presidente. Sin embargo, estaba abierto a la comunidad y, sobre todo, a niños estudiantes que en los grandes murales encontraban respuestas a su mozo interés cultural e histórico.

Ya no es más Palacio Nacional acogida y aprendizaje: Está sitiado por pesadas y oxidadas vallas y cadenas metálicas colocadas por el Estado Mayor Presidencial.

Los transeúntes ya no tienen acceso ni a las banquetas circundantes. Los que ingresan o descienden de la estación Zócalo del Metro tienen que circular por estrechos y disfuncionales pasillos improvisados sobre los arroyos.

La contemplación del armonioso conjunto arquitectónico carece ya de perspectiva para los ríos de visitantes que vienen de las provincias mexicanas y del extranjero.

Sólo “la chispa de la vida” alumbra la Plaza de la Constitución

Recientemente, se acometió otra remodelación de la Plaza. Hasta parece que los jefes de Gobierno, más que hermosear el espacio, lo que buscan es El tesoro de Moctezuma. Las continuas y peligrosas excavaciones han convertido el Centro Histórico en la colonia de la eterna tolvanera.

¿Para qué sirve ahora el Zócalo? Por ejemplo, para darle a ciertos citadinos que pueden pagar sus caros arreos, el espejismo de un invierno recorrido por artificiales pistas de patinaje sobre hielo. Naturalmente, para contener el asalto de “la chusma”, esas exóticas estructuras están protegidas por inhibitorios cordones metálicos.

La exclusividad del usufructo de ese escenario la comparte ahora en temporada decembrina una franquicia de empresa refresquera de metrópoli extranjera.

Un adefesio apoca y opaca el asta monumental donde la Bandera Nacional se resiste a desaparecer: Un antiestético árbol “de Navidad”, de cuyos brazos cuelgan etiquetas y logos de los productos que esa firma tiene en el mercado.

Dicho sea de paso, no pocos cuestionados por los daños a la salud del consumidor, atrofiado por la obesidad y la diabetes.

Víspera de Reyes Magos. La nostalgia queda avasallada por los despropósitos de Los Chuchos que han hecho de la añorada Ciudad más transparente, una ciudad más xola con su espantoso logo: CDMX.

Cuando en septiembre la CDMX celebre la puesta en vigor de su Constitución, no habrá Plaza de la Constitución para el estreno. Es cuanto.

VP/Opinión/JSC



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