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Corrupción, un asunto cultural

Lic-Mouris-5-890x395_c-300x133-1-150x133Desde Filomeno Mata 8

Por Mouris Salloum George

Una que ya no es noticia y una aparente digresión. Lo que ya no es noticia, es que la Comisión Nacional para la Defensa y Protección de los Usuarios de Servicios Financieros reportó ayer que en el primer trimestre de 2017, esto es, en sólo 90 días se perpetraron en México un millón 506 mil 105 fraudes; esa institución promedia 18 mil al día.

Lo que sí es noticia es que, respecto del mismo periodo de 2016, esos delitos se incrementaron 10 por ciento. En el reporte se emplea un neologismo: Cibercrimen. Huelga señalar que esos crímenes se dan entre particulares.

Los mercaderes en el templo

La siguiente es la aparente digresión en el tema que vamos a abordar. Existe en la estructura de El Vaticano la autodenominada Orden Militar de Malta. Tuvo su origen en el Medio Oriente durante Las Cruzadas y fue fundada por mercaderes para combatir a los musulmanes. Sus capitales son incuantificables y están dispersos en Europa.Ahora tiene su sede en Roma.

Con esa Orden se identifica al cardenal estadunidense Raymond Leo Burke, uno de los cabecillas del ala ultraconservadora de la Iglesia católica. Hace poco la Santa Sede lo removió hacia la remota Isla Guam.

A principio de año, el cardenal hondureño Oscar Andrés Rodríguez Madariaga incluyó el nombre de Burke en la lista de cuatro cardenales a los que denunció como fariseos. Forman parte de una facción en resistencia contra el reformismo del Papa Francisco. En mayo pasado, Rodríguez Madariaga le colocó a Burke otra banderilla: Pobre hombre.

Citamos al claridoso Rodríguez Madariaga porque, en memorable visita a México, alarmó a las buenas conciencias con la declaración: “¡El neoliberalismo no tiene madre!”

Que particulares mexicanos se habiliten como criminales cibernéticos para cometer el descomunal número de fraudes consignados al inicio de estos comentarios, le da la razón al purpurado hondureño. En todos lados se cuecen habas, no sólo en el sector público. Su caldo de cultivo es la impunidad, ya democratizada.

Corrupción, uno de los campeonatos  que disputa México

Dicho lo cual, vamos al grano: Desde que Transparencia Internacional reportó que en materia de combate a la corrupción México cayó casi 30 sitios en la escala mundial en unos cuantos meses, desde lo alto se decretó: “Es un asunto cultural”.

Ese decreto es compadre del otro que asegura que la incontenible barbarie en México es cuestión de percepción.

Extraño el primer diagnóstico: La corrupción es asunto cultural. Pero en lo cultural entra también el concepto de Justicia. ¿Por qué la corrupción corre como brioso y rapaz chacal, y la Justicia camina a paso de tortuga? Que alguien nos explique.

Del viejo conflicto cultural que tiene en su centro de gravedad el tema la corrupción, la Sociología nos habla del Hombre político. Desde la primera etapa de implantación del Liberalismo los sociólogos empezaron a definir al Hombre económico.

El hombre económico, esclavo del dinero

Una caracterización inglesa presenta al “hombre económico” como aquél que empieza siendo amo del dinero y termina siendo su esclavo: su codicia es demencial.

El neoliberalismo a la mexicana fue asumido como misión por una generación de economistas formados en universidades de los Estados Unidos. Se constituyeron en cruzados contra el Estado posrevolucionario, a cuyos conductores les colgaron la etiqueta de populistas.

Esos economistas que tomaron por asalto el poder político, abrevaron en los manuales de los padres del neoliberalismo (Von Hayek, Friedman, etcétera), cuya doctrina tiene como leitmotiv abolir la Justicia Social, marca de la casa del Estado benefactor.

¿Hubo corrupción en los regímenes revolucionarios? Si que la hubo. Pero no alcanzó los grados industriales que ha alcanzado en la era de los tecnócratas. Investigaciones recientes revelan que la corrupción tiene ya un costo anual de más de un billón de pesos. Entre ocho y 10 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB).

Todavía en la presidencia de Ernesto Zedillo, este invocó la convicción juarista de que los hombres al servicio del Estado han de conformarse con vivir en una honrada y augusta medianía.

Los que postulaban el Humanismo político

Las investigaciones sobre la corrupción en México informan que sus indicadores se han disparado a partir de 2000. Al menos ahí empiezan los registros de esa disolvente peste. De 2000 a 2012 ocuparon la presidencia los panistas Vicente Fox y Felipe Calderón.

Se pone la mira en ese periodo que se conoce como el de La docena trágica porque, especialmente Calderón,  rescató principios de doctrina del PAN que postulaban el humanismo político como atributo del poder público.

En efecto, particularmente los fundadores del PAN, Efraín González Luna y Manuel Gómez Morín (con aires aristotélicos) marcaron su “brega de eternidad” con el imperativo de moralizar la gestión pública y, al postular la Ética, responsabilizaron Estado del Bien Común.

En el giro del panismo histórico hacia el Neopanismo a lomo de las décadas 70-80, algunos sobrevivientes de la generación fundacional del PAN empezaron a hacer pública su preocupación por la caída de algunas de sus corrientes internas en el relativismo moral, que devino en llana inmoralidad en los sexenios comentados.

Político pobre, un pobre político

Se fueron los panistas de Los Pinos y dejaron una estela de irrespirable olor a azufre. Volvieron los priistas a Los Pinos en 2012 y su santo y seña lo patentó años atrás un simpático mexiquense, el profesor Carlos Hank González: Un político pobre, es un pobre político.

En un tiempo determinado, se vulgarizó la idea de que al Estado le correspondía velar por la Ética -asunto de principios-, en tanto que la Iglesia sería custodia de la moral; el conjunto de normas de la convivencia social. ¿En qué momento, ambas instituciones permitieron que la corrupción se convirtiera en un asunto cultural?

¿Un  asunto cultural o síndrome de un mal colectivo para el que no se descubre aún la vacuna? Todo un enigma.
 



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