Crisis petrolera desencadena crisis social

VOCES OPINIÓN Por: Mouris Salloum George

Crisis petrolera desencadena crisis social </span></p> VOCES OPINIÓN Por: Mouris Salloum George

Es absolutamente comprobable que, desde el 1 de enero de 1994, fecha de entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y del alzamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en Chiapas, México no amanecía un año nuevo tan crispado como el de 2017.

Mientras que el presidente Enrique Peña Nieto terminaba sus días de asueto jugando golf en Mazatlán, Sinaloa, en las carreteras federales y los emplazamientos en diversas ciudades de la República y de la capital del país, un levantamiento civil ponía en estado de alerta a las autoridades federales en espera de instrucciones de los altos mandos para tomar providencias.

Las movilizaciones y plantones de transportistas y automovilistas, que se exacerbaron ayer y a las que se sumó gente de a pie, tuvieron como detonante el desabasto de carburantes y el anuncio del alza en los precios de esos productos.

No obstante que -según insinuaciones que observaron desde la aprobación del paquete económico para 2017-,  estaba en cartera el incremento de los precios al consumo de energéticos, los responsables del sector se quedaron pasmados desde el mismo momento en que, a principios de diciembre, se dieron señales de que se gestaba la operación de un mercado negro para aprovechar desde la víspera el cambio en los costos en la oferta de hidrocarburos.

Incluso, fue del dominio público que, en la perspectiva, Petróleos Mexicanos (Pemex), que ha abandonado sistemáticamente el proceso de refinación, había recortado la producción diaria  en más de 120 mil barriles. La coartada consistió en culpar de la escasez a los criminales industriales de la ordeña de oleoductos.

No se quiso hablar con la verdad

Es evidente que el gobierno actuó con negligencia en su política de Comunicación Social, al dar prioridad en su propaganda a los deseables resultados de la Reforma Energética y descuidó la sensibilización del público sobre el costo que descargaría sobre el consumidor la crisis petrolera y sus impactos en las finanzas públicas, que se pretende resarcir con la captación fiscal sobre el mercado de combustibles liberalizado.

Hoy, la crisis social y política, acelerada por las redes sociales que van delante de los spots gubernamentales, está a galope. No se trata sólo de los segmentos cuyas actividades dependen básicamente del consumo de energéticos. Se trata, de que el sector empresarial ha puesto a caballo la amenaza de que los incrementos a sus costos serán repercutidos sobre el consumidor final. Esto ha ampliado el frente de resistencia popular.

Dado que la administración federal no parece dispuesta a dar marcha atrás en su política en esa materia, es justificado el temor de que el gobierno se vea tentado a la represión. Lo advierte el clásico: Se sabe cómo y cuándo comienzan los movimientos sociales; es difícil predecir cuándo y cómo serán resueltos. Grave disyuntiva.


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