Espacios del Club de Periodistas

De cómo falló el corporativismo empresarial

El lecho de Procusto

Por Abraham García Ibarra

Por alucinante que parezca, para los fines de la narrativa vamos a iniciar esta entrega con un ejercicio memorioso.

En nuestras mocedades reporteriles, en la segunda mitad de los cincuenta visitamos por primera vez el  Territorio Sur de Baja California, que para entonces tenía una población no mayor a los 50 mil habitantes.

La primera fascinación fueron sus paisajes lunares de estampa volcánica. De sus comunidades originarias, supimos de Los Waikura.

Una consulta de investigaciones antropológicas nos permitió conocer que un territorio salvaje y seco, apenas permitía la sobrevivencia de algunas especies animales comestibles.

Cuando los cazadores lograban atrapar una presa, con sentido comunitario se repartía su carne según el número de miembros de cada familia. Éstos ataban su magra ración a un cordel. La chupaban, pero no la digerían. La extraían para repetir la ingesta en sesiones posteriores.

Completaban la dieta con pitahayas: Procuraban defecar en hoyos rocosos. Recuperaban sus semillas para preparar una suerte de atole.

¿Qué tiene que ver esa historia con lo que en las recientes entregas hemos venido tratando?

La mística empresa de la Colonia María Auxiliadora

Hacía principios de la década de los cuarenta, en aquel territorio se registró una experiencia mística. Arribó por el puerto de Santa Rosalía un grupo de ilusionados e ilusos de expedicionarios que fundó la colonia de María Auxiliadora.

La misión fue dirigida por una especie de profeta: Salvador Abascal Infante. Para abreviar la narración, solo consignaremos un dato: Abascal Infante quiso realizar allá su matrimonio eclesiástico con un dama citadina de cierta alcurnia: Guadalupe Carranza.

Fracasada la empresa religiosa, Abascal Infante se regresó a la Ciudad de México, más pobre y sin empleo. Recuperó su relación personal con Manuel Gómez Morín, para entonces ya fundador del Partido Acción Nacional.

La excusa fue ofrecerle en venta unos cortes de casimir. Gómez Morín, conmovido, le ofreció una opción de ocupación. Lo hizo en la editorial Jus, donde empezó como traductor. Permaneció en ese sello editorial hasta 1972.

El impulsor de la Nueva Cultura Laboral

En 1949, del matrimonio Abascal Carranza nació Carlos María. Y aquí entramos en materia, también dando saltos de tiempo con un signo de reverencia de nuestro personaje, después de Cristo, a su padre.

Para los años noventa, Carlos María Abascal Carranza fue elegido a la presidencia la Confederación Patronal de la República, sindicato empresarial cuya gestación se dio en la segunda mitad de la década de los veinte, a raíz de que se discutía la reglamentación del artículo 123 constitucional.

En su liderazgo, Abascal Carranza fue impulsor de una nueva cultura laboral. No nos ocuparemos por ahora de su sentido político-ideológico, que pretendió una reconciliación de clases.

Con ese expediente, para la primera mitad del siglo XXI Abascal Carranza, ya apodado Monseñor, se hizo cargo de la Secretaría de Trabajo y Previsión Social, de la que pasó a la Secretaría de Gobernación.

Lo que caracteriza la hoja de vida de Abascal Carranza, es su condición de producto de la cultura del esfuerzo.

De aquellos 300, a los 16 más ricos del mundo

Colocamos ese origen, vis a vis con la biografía de otros directivos de las cúpulas empresariales mexicanas. Verbigracia, el Consejo Coordinador Empresarial (CCE) fue obra, entre otros, de Juan Sánchez Navarro, de rancia formación en la clase propietaria, reconocido como ideólogo de ese sector.

Al correr del tiempo, la presidencia del CCE fue ocupada por Agustín Legorreta, de dinastía bancaria. Recordamos de su voz una descripción del poder económico-político: Los 300  que mandan en México.

Una especie de síntesis: Desde su fundación, el CCE dio al empresariado su condición de un poder de clase. Decantado el proceso histórico, ahora la identidad del poder económico se resume en cuatro palabras: Los hombres de negocios.

Ya no se habla de Los 300 de Legorreta: A la sombra de  un estrecho arco se agrupan sólo 35 corporativos activos en la Bolsa Mexicana de Valores.

Conforme la nómina de Forbes, el poder económico en México está bajo la supremacía de 16 familias o individuos, que por si solos usufructúan más de 110 mil millones de dólares.

Entre 1975 y 1982, quedaron deslindados los campos entre el poder económico y el poder político, más concretamente el poder presidencial: Se definieron las tipologías de clase.

Para qué debe ser la representación empresarial

Tres años después de la segunda fecha, un ex presidente de la Confederación Patronal de la República, José María Basagoiti dictó un decreto de tintes doctrinarios: Los representantes del sector empresarial están para servir a su clase, no para contemporizar con los hombres de gobierno. Están para enfrentar al Estado, no para ser avasallados por el Gran Leviatán. (Es sintaxis libre.)

En el sexenio posterior, se dio un fenómeno de significación trascendental: El presidente  Carlos Salinas de Gortari proclamó: Menos Estado, más sociedad. Acompañó su proclama con una operación política: Socavó los fundamentos del corporativismo social, sustituyéndolo con el corporativismo empresarial.

La división de clases no que quedó en meras palabras: En la primera fase del Estado neoliberal, la suma de más de seis mil empresas administradas por el gobierno de la República fue endosada al sector privado. Se empezó a hablar entonces de la República de los empresarios.

Parecería que, conforme el modelo clásico del capitalismo, la frontera entre los dos poderes -el público y el privado-, quedaba delimitada en México: Zapatero a tus zapatos.

El proceso de reprivatización no resultó conforme la intencionalidad preconcebida. La gestión  empresarial privada de la economía nacional  falló.

Jugosas recompensas electorales

Década y media después del ensayo salinista, los hombres de negocios mezclaron el juego de intereses en la pugna electoral.

De la elección presidencial de 2006, el grupo en control del Consejo Coordinador Empresarial se alzó con una apetecible recompensa: Le fue endosada por la presidencia de la República la franquicia de transporte aéreo ahora más rentable: Aeroméxico. La operación más visible públicamente.

Del actual sexenio, lo que registramos es que a la representación nacional saliente del Consejo Coordinador Empresarial le fue asignada la Autoridad Federal de las nuevas Zonas Económicas Especiales, que se suponen carta de navegación para el desarrollo socioeconómico de las regiones más marginadas del sur-sureste de México.

La moda del sexenio: La Asociación Publica-Privada

Para efecto de gestión de los nuevos sectores desnacionalizados, la marca de la casa es la Asociación Pública-Privada.

Sorpresas te da la vida: De la desértica y fallida colonia de María Auxiliadora, al confort de Los Pinos, de donde -dice la conseja popular., no se bajan las ardillas. Es cuanto.



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