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Democracia mexicana, a expensas de la infalibilidad

Voces del Director

Desde Filomeno Mata 8

Por Mouris Salloum George (*)

En 1870, con Pío X, la asamblea conciliar aprobó la infalibilidad pontificia. Desde entonces, hasta los años 50 del siglo pasado, sólo Pio XII la aplicó en torno a la Asunción de la Virgen María.

Una década después, el Concilio Vaticano II acotó los límites de aquella gracia.

La infalibilidad es un dogma. De acuerdo con dicha facultad, la autoridad que la ejerce no se equivoca. Está exenta de errores.

Cuando en México asaltó el poder político La generación del cambio, sus evangelistas declararon la nulidad de los dogmas y los mitos.

Pero en el sistema mexicano, aunque la Constitución dice lo contrario, existen regímenes de excepción.

¿Infalibles? Sólo los tecnócratas y los magistrados electorales

Los primeros depositarios de aquella gracia, por iniciativa propia, fueron los tecnócratas neoliberales. Su arrogancia impide que alguien los contradiga.

En la segunda categoría de infalibles, están los siete magistrados electorales federales. Sus sentencias son definitivas e inatacables. No admiten apelación: Son seres superiores al titular del papado.

Nos viene a tema esa cuestión, porque el lunes pasado tuvo lugar el relanzamiento de la revista Justicia Electoral.

Vale suscribirse a esa publicación, porque el editor es el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM. Hemos tratado a no pocos de sus miembros. Podemos meter las manos al fuego por su integridad intelectual.

Justicia, el más grande déficit de la democracia mexicana

El solo título de la publicación nos remite a un hecho cierto: Desde que empezó a funcionar el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, la Justicia Electoral es el déficit más visible de la democracia mexicana.

Basta con retomar los resultados de algunas serias encuestas sobre cultura democrática en México, para encontrar que, en materia de credibilidad, los órganos electorales han perdido la confianza, sobre todo de los jóvenes.

El pasado domingo se realizó -las bocas de ganso del establishment lo celebraron- el primer debate entre los candidatos presidenciales. Se supuso que los debatientes asumirían compromisos sobre los grandes problemas nacionales.

La medida del interés sobre ese evento, la ponderó el Instituto Nacional Electoral que contrató los servicios de monitoreo en los medios electrónicos a una empresa especializada. Según el reporte, 11 millones 400 mil mexicanos, siguieron las incidencias de esa jornada.

(Vale destacar que muchos de los que siguieron la trasmisión terminaron decepcionados por la baja calidad de los contenidos).

Los magistrados electorales no están para perder el tiempo

Al debate fueron invitados especialmente los siete magistrados del TEPJF. Los siete brillaron por su ausencia. La magistrada presidenta de ese organismo, Janine Otálora aclaró que no fue un desaire. No le puso otro sustantivo o adjetivo a la omisión.

Es el caso que, en la presentación de la revista Justicia Electoral, tuvo intervención el consejero presidente del Instituto Nacional Electoral, Lorenzo Córdova.

El doctor Córdova la puso en estos términos: (las autoridades electorales) no podemos ser estridentes. Necesitamos tener una visión de Estado para encauzar sin filias y sin fobias una contienda electoral tan grande y compleja como la que estamos viviendo”.

Dos acotaciones pertinentes: “Visión de Estado”. Es bueno que se recuerde que, la electoral, según mandata la Constitución, es una función de Estado. De lo que sigue que, empezando por los árbitros electorales, debe ser inmune a las filias y las fobias que suben del escenario de la pugna a los solemnes recintos de la autoridad jurisdiccional, el citado Tribunal.

En la anterior administración del TEPJF, la propia magistrada presidenta se dirigió a uno de sus pares tipificándolo como un naco. Por la estampa del magistrado, la reacción fue imputar a la señora de racismo. Si así se tratan entre colegas.

Degradante espectáculo entre pugilistas

El mensaje del consejero del INE se produjo en un contexto insólito de la sucesión presidencial de 2018. Desde el año pasado, se han exhibido públicamente no pocos diferendos entre los consejeros y los magistrados electorales federales.

Entre la causal más recurrente está que los magistrados han revocado -con poco comedimiento, dicho sea de paso- algunas medidas cautelares asumidas por el Consejo General del INE.

El lunes, Córdova estableció ante los magistrados –que sí asistieron al recinto universitario-, que las sentencias del Tribunal Electoral federal, no pueden ser aceptadas sin más; sin chistar. “El acatamiento tiene que estar acompañado también por una reflexión critica”.

De acatamiento habló el consejero presidente del INE: Este es el punto: Si las sentencias de los magistrados son definitivas e inatacables, después de ser dictadas no pueden ser impugnadas ante ninguna otra autoridad.

Para el caso del Papa, su infalibilidad aplica a cuestiones de fe y moral. El dogma no sólo se acata, también debe cumplirse.

Los siete magistrados electorales son infalibles. Pero sus dogmas aplican a la Política y a la Democracia. Es aquí donde 90 millones de potenciales votantes en julio próximo quedan en plena indefensión. Entre la espada y la pared. Qué le vamos a hacer: La ley es dura, pero es la ley.

(*) Director General del Club de Periodistas de México, A.C.



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