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Día del Trabajo, pero muy electorero

El lecho de Procusto

Por Abraham García Ibarra

Aunque la técnica y los nuevos químicos nos ofrecen ahora fórmulas de exterminio de las plagas más depredadoras, la tentación de cargar con tiliches en cada nueva mudanza hace que, con las cucarachas, la polilla siga siendo una amenaza aun para los enceres y la salud en las residencias mejor fumigadas.

La metáfora aplica a la agenda con la que el grupo dominante pretendió “celebrar” ayer el Día Internacional del Trabajo. La primera proclama pinolera fue dar por sellada la lucha de clases; obviamente, entre los factores de la producción.

El veredicto corrió a cargo nada menos que del presidente del Consejo Coordinador Empresarial, Juan Pablo Castañón.

Curiosa paradoja: En el tradicional Día del Trabajo en México, en el centro de la memoria histórica se invocaba el sacrificio de Los mártires de Chicago.

Un monitoreo de los medios electrónicos metropolitanos, nos da como nota “de ocho” el discurso en Los Pinos del representante de los hombres de negocios, los que hace tres décadas instituyeron en México la nueva cultura laboral; aquella que pone en el mismo corral a coyotes y gallinas.

Los héroes están fatigados: Viajan en silla de ruedas

El presidente del CCE, Castañón, estuvo en Los Pinos hombro con hombro con los sedicentes representantes oficiosos -no dirigentes, no líderes- del movimiento obrero organizado. Algunos de éstos fueron acercados a la mesa del presidium por sus guardaespaldas en silla de ruedas.

El encuentro se realizó en la explanada Francisco I. Madero, aquél que hace poco más de un siglo postuló El sufragio efectivo No reelección.

Una suma a vuelo de pájaro, nos da este resultado: Sólo dos próceres del sindicalismo mexicano vistos en Los Pinos, amontonan 19 reelecciones. Tres de los charros más reincidentes, suman de su lado 114 años de permanencia en sus cargos. ¿Vale hablar de polilla?

Uno de los representantes “obreros”, que no hace mucho hablaba de las conquistas históricas de la clase trabajadora y las declaraba “irreversibles”, se refugió en la chunga para plantear “lo que falta por hacer”

En su turno, el responsable de la política de Trabajo y Previsión Social, Roberto Campa Cifrián dijo que, por lo que toca al Ejecutivo, no ha faltado voluntad. Pero fueron los legisladores los que dejaron para tiempos mejores la iniciativa de una nueva Justicia laboral.

Eso no obstó para que, en el Centro Bancomer de Santa Fe -emblema arquitectónico del corporativo bancario extranjero que más ganancias obtiene en México-, los legisladores priistas que dejaron manca y atorada la Reforma del Trabajo, diplomaran al presidente Enrique Peña Nieto. El mexiquense recibió sonriente el pergamino.

Como en los mejores tiempos del paleolítico priista

Mientras el inquilino de Los Pinos viajaba rumbo a Santa Fe, algunos de los que por la mañana fueron invitados al besamano pinolero, se trasladaron con todo y sus escoltas y edecanes a la plancha de la Plaza de la Constitución.

En el Zócalo a medio llenar, como en el paleolítico priista– las matracas y los silbatos de locomotora -corporativismo en todo su esplendor- amenizaron el aquelarre de no más de veinte minutos. Tenían prisa los convocantes por escapar de los baños de pueblo.

De la escena en Los Pinos, sólo queda el eco las porras por ya saben quien: ¡Meade, Meade, Meade! para quien los eufóricos “representantes sindicales” comprometieron “millones de votos” de sus representados: Muy lejos de las lápidas con los nombres de Los mártires de Chicago. Es cuanto. 

VP/Opinión/EZ

 



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