Drogas, política, fisco y algunas distracciones

VOCES OPINIÓN Por: Mouris Salloum George

Drogas, política, fisco y algunas distracciones </span></p> VOCES OPINIÓN Por: Mouris Salloum George

¿Qué gana la sociedad, con que sus gobernantes reconozcan la existencia de un problema, si en cada momento coyuntural se anuncia su resolución y al día siguiente las cosas siguen igual… o peor?

En México, por ejemplo, tenemos la peste de la corrupción. Es un ingrediente cultural de la vida nacional. No, pues sí.

Frente a la reacción indignada y multitudinaria por el asesinato hace unos días del periodista Javier Valdez Cárdenas en Culiacán, el gobernador de Sinaloa, Quirino Ordaz Coppel,  responde: La inseguridad es un “problema histórico”.

¿Lo ignoraba durante su campaña electoral? En el ejercicio del poder, Ordaz Coppel  se ha puesto a nadar de muertito, esperando que las Fuerzas Armadas federales le saquen las castañas del fuego con la mano del gato.

A lomo del asesinato de Valdez Cárdenas, hoy las agencias de noticias estadunidenses nos traen la declaración del jefe del Departamento de Estado (USA), Rex Tillerson, en el sentido de que la demanda de opiáceos en los Estados Unidos genera incesantemente muertes por sobredosis y la narcoviolencia  ha sentado sus reales en México.

Respecto del problema de salud pública en la Unión Americana, el consumo de drogas prohibidas data de la década de los sesenta del siglo XX.

Narco como política de Estado

Las protestas por la guerra de Vietnam, la lucha negra contra la segregación racial y, sobre todo, la sublevación juvenil en las universidades estadunidenses (que algunos investigadores inscribieron en el marco de una revolución cultural), fueron respondidas por el propio gobierno inundando las zonas de conflicto domésticas con todo tipo de estupefacientes para mediatizar a los disidentes.

Algunas investigaciones han probado hasta la saciedad que el trasiego de derivados del opio se hizo desde el asiático Triangulo dorado, usando unidades de la fuerza aérea norteamericana con base en Vietnam, bajo el control de la Agencia Central de Inteligencia (CIA).

Hace más de medio siglo de ese fenómeno. Richard Nixon tomó nota de la cuestión: Proclamó una guerra contra las drogas que si bien trató la estrategia interior, descargó la responsabilidad sobre los gobiernos de América Latina.  

En 1969, el propio Nixon creó la Agencia de Administración de Cumplimiento de las Leyes contra las Drogas (DEA): Esta es la solución. Hace 48 años de tan trascendente medida.

Castigar narcos, atentado contra la iniciativa individual

Existen registros periodísticos que informan que durante los mandatos de Ronald Reagan, jueces hubo que tuvieron casos de narcotráfico: Condenar a los inculpados, sería un atentado contra la libre iniciativa.

En ese mismo periodo, con la Operación Irán-Contra, para el derrocamiento del gobierno sandinista de Nicaragua, Washington legitimó por su colaboración a los capos de los cárteles de Cali y Medellín, Colombia, a los que se les dio vía libre para ingresar al mercado de consumo de cocaína  en los Estados Unidos.

Al tipificar a México como centro neurálgico por la producción interna de opio y mariguana, y el tránsito de droga sudamericana, los especialistas norteamericanos sacaron cuentas del valor de las operaciones internas y de sus excedentes enviados a nuestro país.

Apareció el Departamento del Tesoro. El asunto no sería entonces un problema de salud pública. Sería del orden fiscal.

Se trataría de cómo gravar los flujos en dólares originados en los Estados Unidos, para blanquearlos en México, donde ya las aldeanas bandas de narcotraficantes habían sido profesionalizadas, transformándolas en cárteles y poniendo a su servicio despachos privados de ingeniería financiera.

Mexicanos, enemigos públicos número 1   

De 1960 a 2017, sólo por excepción, los jefes de las mafias estadunidenses han sido capturados y enjuiciados. Las acciones punitivas internas sólo se radicalizaron cuando a sus competidores mexicanos se les empezó a denunciar como enemigos públicos número 1 de algunas ciudades gringas; como la de Chicago.

Si el señor Tillerson se ha puesto las pilas y descubre el hilo negro o el agua tibia, sólo queda esperar que la DEA, la CIA y los departamentos de Justicia y Seguridad Interior, actúen en consecuencia y limpien su propia casa.

Ya estuvo bueno de que la voluntad de Dios se cumpla en los bueyes de mi compadre.


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