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¿El águila de cabeza, un mal augurio?

Expedientes del poder

Por Jorge Santa Cruz

El presidente Enrique Peña Nieto encabezaba la ceremonia del Día de la Bandera, por última ocasión como Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, el sábado pasado, en el Campo Marte, cuando nuestro lábaro patrio fue izado con el águila, de cabeza.

De inmediato, en los círculos del gobierno mexicano se empezó a insistir en que había sido un “error” de los soldados. Nada más. (Lo mismo se dijo después de la caída de un helicóptero militar en Santiago Jamiltepec, Oaxaca, la noche del 16 de febrero.)

El mismo 24 de febrero, el Washington Post publicaba en su página de Internet que el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, se había encolerizado con el propio Peña Nieto, por el asunto del muro fronterizo. La agria conversación telefónica entre ambos jefes de Estado había ocurrido dos días antes de la filtración del diario estadounidense.

El 24 de febrero pasado, un estudiante de Derecho de la Universidad Autónoma de Sinaloa, fue asesinado a balazos, dentro del campus de Los Mochis. La víctima se desempeñaba como subdirector operativo de la Policía Municipal de Ahome.

Los diarios nacionales referían, por su parte, cómo una balacera ocurrida cerca de la Facultad de Administración de la Universidad Nacional Autónoma de México, había dejado un saldo de dos personas muertas.

A raíz de esto, alguien dio la orden de que se pusiera la leyenda de “¡Fuera narcos de la UNAM!”, que apareció el domingo, en la Pizarra Electrónica del Estado Olímpico, antes del juego de futbol soccer entre los Pumas locales y las Chivas Rayadas del Guadalajara.

Así está México: de cabeza, con un gobierno titubeante y una delincuencia organizada que se ha apoderado hasta de las universidades. Con un presidente que trajo a un cuestionado candidato Trump que ahora, como jefe de la Casa Blanca,  le insulta y, sobre todo, ofende a México y a los mexicanos.

Con una PGR que se metió a la lucha electoral y un pueblo que está cansado de tanta corrupción. Recuérdese, por ejemplo, que la actual secretaria de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano, Rosario Robles, ha sido señalada de ser parte de un desvío de mil 311 millones de pesos. A esto, agregue lo de Borge, lo de los Duarte, lo de Yarrington, lo de Eugenio Hernández, etc.

Hay quienes dicen, en Europa, que los políticas que secuestraron y entregaron a tres ciudadanos italianos a la delincuencia organizada lo hicieron a cambio de 43 euros.

El águila de cabeza parece ser un muy mal augurio para un país que ha sido lastimado por los terremotos y los huracanes naturales, políticos y económicos; que carece de gobernantes nacionalistas y patriotas, y que es precipitado a la mediocridad con la colaboración de la mayoría de los medios de comunicación.

Toca a nosotros, los ciudadanos, evitar que México termine por desplomarse. ¿Cómo? Cumpliendo con nuestros deberes particulares, cada día, cada hora, cada minuto, cada segundo. Si nosotros no lo hacemos, ¿entonces, quién?



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