Espacios del Club de Periodistas

El Pacto de la Embajada

Voces del Director

Desde Filomeno Mata 8

Por Mouris Salloum George (*)

¿Cómo borrar de nuestros ojos la épica e inmortal estampa de Felipe Calderón montado en un joven y nevado corcel, cabalgando rumbo a la posteridad?

Es lo que, en tiempos neoliberales, nos deja la celebración televisiva -que no conmemoración luctuosa- de La Marcha de la Lealtad del 9 de febrero de 1913.

Aquel día, sin saberlo, Madero se encaminaba hacia su cita postrera. Se iniciaba la Decena Trágica, que culminaría el 19 con la consagración del cuartelazo perpetrado por Huerta.

“El chacal” diría después: El gobierno nacional sabrá, “cueste lo que cueste, hacer la paz”.

Los ministros judiciales ya lo habían exonerado: La Corte le ofrece colaborar en la realización de “empresa tan patriótica como noble”.

El obsceno ritual de “la marcha” se repitió hace una semana con fastos en El Alcázar del Castillo de Chapultepec.

Al principio fue el verbo: La Sucesión Presidencial de 1910. El clamor: Sufragio Efectivo No reelección. Cumplidos 105 años del asesinato de Madero, cuando estamos en sucesión presidencial, ¿quién habla de democracia?

De lo que sí se habla ahora mismo, es de la irrenunciable pretensión de Washington de humillar la soberanía de México. Y nadie chista.

Hoy es posible que la Historia se repita como farsa. Pero fue tragedia que pudo profetizar un clarividente Shakespeare.

Pacto de la Ciudadela, le llamaron los sublevados del 13. Fue el Pacto de la Embajada de los Estados Unidos, maquinado por el dipsómano Henry Lane Wilson: “A Madero le llevarán al manicomio, que es donde siempre debieron tenerle”.

Señor embajador, Madero está en prisión. Wilson: “Yo lo sabía desde hace tres días”.

¿Qué agravio había infligido Madero al imperio? Díaz entregó permisos para la explotación petrolera a cambio de cinco centavos por hectárea bajo dominio extranjero.

A mediados de 1912 Madero reformó la Ley del Timbre: Impuso un gravamen  de 20 centavos por tonelada de crudo (tres centavos por barril). Semanas después exigió a las compañías declarar el valor de sus propiedades y exhibir los secretos registros de los volúmenes de petróleo extraídos. Firmó su sentencia de muerte. Seis meses después fue ejecutado.

(*) Director General del Club de Periodistas de México, A.C.

VP/Opinión/EZ



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