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Geografía del dolor y de la indiferencia en México

VOCES OPINIÓN Por: Mouris Salloum George

Geografía del dolor y de la indiferencia en México </span></p> VOCES OPINIÓN Por: Mouris Salloum George

Si en un periodo determinado la Sociología Política definió la violencia institucional como una actitud pasiva que, por causas de estado social, color de la piel, factor monetario  y hasta lugar nacimiento, implícitamente negaba al individuo el derecho a la igualdad, en México podríamos encontrarnos en la tesitura de  que, explícitamente, se ha llegado a la institucionalización de la violencia que priva al individuo hasta del derecho a la vida.

El falaz argumento de que la ruptura del tejido social se reduce a un fenómeno de percepción, ha perdido su validez, si alguna vez la tuvo. Ese diagnóstico ha caído por su propio peso.

En 2016, en varias zonas del país, “no hubo condiciones mínimas de seguridad para la convivencia social pacífica”, denunció el presidente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), Luis Raúl González Pérez, en la presentación, el pasado 31 de marzo, de su informe anual ante la presencia del presidente Enrique Peña Nieto.

Falta de ética y valores en diversas autoridades e instituciones”, acusó el ombudsman mexicano al referirse a la corrupción, la impunidad y la falta de una efectiva rendición de cuentas como caldo de cultivo de la continua transgresión a los derechos humanos.

Listó y subrayó el Defensor del pueblo que la violencia y la delincuencia generaron en 2016 desplazamiento forzado, ejercicio de la justicia por propia mano, torturas, homicidios, desapariciones forzadas, extorsión, secuestros y robos; crímenes todos que empiezan a asumirse “como parte de la normalidad” mexicana.

Por la radical gravedad del balance y la investidura de su emisor, resulta pertinente hacer una puntual acotación: El nombre del presidente de la CNDH no aparece en ninguna especulación demoscópica como aspirante a algún puesto de elección popular.

No es ociosa esa precisión, habida cuenta que en algunos abordajes mediáticos sobre la situación de los derechos humanos en nuestro país, entre detractores y descalificadores de los detractores aparecen en primer plano aquellos que están ya en abierta pugna por la sucesión presidencial de 2018.

Es llegada la hora de un cambio ético real

Desde ese enfoque, es de tomarse como una insospechable declaración de principios el señalamiento del doctor González Pérez, en el sentido de que es la hora de un “cambio ético” en la vida institucional y pública de México, para el combate, de manera real, no sólo formal, de la corrupción y la impunidad.

Con la autoridad civil con que lo reviste su misión, el presidente de la CNDH no rehuyó el asunto que está en la orden del día legislativa: La Ley de Seguridad Interior, proceso que, recomendó, no debe propiciar ninguna motivación que restrinja o limite el legítimo ejercicio de los derechos a la protesta social   o la libertad de tránsito, entre otros.

De la lectura de los contenidos del Informe 2016 del doctor González Pérez, se desprende una auténtica geografía del dolor y de la indiferencia en México. No hay régimen de poder que se precie de humanista, si no es capaz de reaccionar reflexivamente a un cuestionamiento de tan electrizante magnitud.


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