Instantáneas sobre el México en Paz

El lecho de Procusto

Por Abraham García Ibarra

Hace unos cuantos años, en una ciudad del noroeste del país (Los Mochis, Sinaloa), unos niños encontraron “un balón” de fútbol. Cuando uno de ellos pretendió chanflearlo, se lastimó un pie. Al asistir en auxilio, un adulto descubrió que el forro “del balón” tenía como relleno una cabeza humana.

Son episodios macabros que se repiten con regularidad desde que, en 2006, Felipe Calderón declaró su demencial guerra contra el narco.

Hace unas horas, se reportó que en un tiradero en Celaya, Guanajuato, un grupo de niños halló en bolsas de plástico tres cráneos en estado de descomposición.

Si bien les va, los padres de los niños que son golpeados por ese tipo de traumas, aceptan que se les dé tratamientos sicológicos.

¿Resuelve esa atención clínica las taras que generan esos fenómenos en mentes vírgenes? No estamos para saberlo.

Lo que si sabemos de cierto, es que autoridades de Salud y especialistas en la materia son cada vez más reincidentes en expresar su preocupación por el incremento de las enfermedades mentales entre los mexicanos.

El pasado miércoles en la Ciudad de México, en un festival ex profeso, expertos denunciaron la falta de presupuesto público para desarrollar una cultura de cuidado y atención de la salud emocional. Por hoy nos reservamos la ampliación del asunto para otra ocasión y pasamos a otro tema.

Qué “mala suerte” tienen los indígenas mexicanos

El pasado martes 13, en el municipio de Miahuatlán de Porfirio Díaz, Oaxaca, fueron emboscados y asesinados a tiros tres integrantes del Comité por la Defensa de los Derechos Indígenas.

Horas antes, en la capital del estado, los activistas habían tenido una reunión en la Secretaría General de Gobierno en la que denunciaron al alcalde que había falsificado firmas para hacerse de ese puesto.

El mismo día 13 se cumplió casi un mes del asesinato de otra activista, Guadalupe Campanur Tapia, participante en las luchas de los habitantes del municipio indígena de Cherán, Michoacán, población  en resistencia armada contra talamontes y bandas dedicadas al narcotráfico.  

No hay avances en las investigaciones del crimen, según lo reconoció el procurador general de justicia del estado, Martín Godoy Castro.

En Michoacán, también, gobernado por perredista Silvano Aureoles Conejo, hace dos semanas fue atacada la comitiva de María de Jesús Patricio, vocera del Consejo Indígena de Gobierno y aspirante a la candidatura independiente a la presidencia de la República.

Patricio bregaba por el territorio nacional solicitando firmas de apoyo para su candidatura.

Por supuesto, tampoco se ha actuado contra los atacantes, no obstante tratarse de un elemento disruptor en el proceso de sucesión presidencial.

Al miércoles por la tarde, en un tramo de la carretera Transpeninsular, cercano al municipio de Mulegé, Baja California Sur, la caravana de la misma indígena aspirante presidencial, sufrió un presunto accidente en el que murió una persona y ocho más resultaron lesionadas.

Ayer, el Consejo Indígena de Gobierno anunció la suspensión de la actividad de la precandidata presidencial indígena.

Dedíquense a lo que se dediquen los indígenas, sea en la lucha social o en el combate político sucumben en eventos “providenciales” demasiado convenientes a causas de terceros. Como para incitar al sospechosismo. Es cuanto.  

VP/Opinión/EZ

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Redacción Voces del Periodista

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