Opinión

La Bastilla y los ataques a Siria

Por Ma. Guadalupe Santa  Cruz de la Mora (*)

Vamos a hablar de nuevo, de sionismo, con motivo del ataque efectuado a Siria por los tres guerrilleros a los que no les importa provocar una tercera guerra mundial. Ellos son: Donald Trump, indeseable Presidente de los Estados Unidos de América; Theresa May, Primer Ministro de Gran Bretaña, y el Presidente de Francia, Emmanuel Macron.

En Washington, sede del poder político del sionismo en América, pudimos comprobar -en diversas ocasiones- el poder de esta ideología imperialista. Teniendo como escenario los imponentes edificios de la Casa Blanca, el Capitolio, el Departamento de Estado y el Pentágono, vimos cómo convergían las ideologías de Tel Aviv y del establishment.

Atestiguamos, por ejemplo, cómo el entonces Vicepresidente Lyndon Baines Johnson le negaba la palabra al Presidente John F. Kennedy. Debido a circunstancias como ésta, la muy blanca ciudad de Washington era un hervidero de rumores. Kennedy -considerado como héroe de guerra- fue asesinado el 22 de noviembre de 1963 y el astuto Johnson se quedó, entonces, con la Presidencia de los Estados Unidos.

Recordamos, por otro lado, cómo en la que fue residencia del primer Presidente de los Estados Unidos, George Washington, en Mount Vernon, vimos un objeto por demás simbólico: la llave de la Bastilla, que le regaló el revolucionario francés, Lafayette, al primer presidente de los Estados Unidos.

Enlazados por sociedades secretas, Estados Unidos, Reino Unido y Francia han sido aliados desde finales del siglo XVIII. Por eso, no nos sorprende que haya participado de maneja conjunta, en el bombardeo contra Siria, del pasado 14 de abril.

El caso es que la alianza entre Washington, Londres y París topó con una revitalizada Rusia, que de la mano del presidente Vladimir Putin, hace valer su peso -otra vez- como súper potencia.

Tenemos noticias de que el Presidente de Siria, Bashar al Assad, tiene prácticamente la guerra contra los terroristas islámicos. Sabemos, también, que con sus defensas antiaéreas, Siria logró derribar 71 de los 103 misiles de crucero que le lanzaron los aliados. Estamos conscientes, sin embargo, de que detrás de Damasco está el poderío de Moscú.

La situación en Siria y en el Medio Oriente es muy delicada, porque cualquier error puede calentar la nueva versión de la “guerra fría” y provocar una tercera guerra mundial. 

Además, los asesinos occidentales, que comparten los colores azul, blanco y rojo, continúan asesinando todos los días a gente inocente. ¿Por qué? Porque lo que está en juego es el futuro del mundo, tan ambicionado por el sionismo. Así de grave.

(*) Periodista mexicana con 66 años de ejercicio profesional.

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