Espacios del Club de Periodistas

Los periodistas no queremos prebendas, sino libertad profesional

Expedientes del Poder

Por Jorge Santa Cruz

Este sábado, 13 de enero, fue asesinado un periodista mexicano más: Carlos Domínguez Rodríguez. Lo mataron en Nuevo Laredo, Tamaulipas, delante de su pequeña hija menor. Esta trágica noticia motivó al autor a hacer una reflexión acerca del Periodismo y de los periodistas.

Los periodistas no reclamamos ningún tipo de privilegio. Nada nos pone por encima de los demás. Como todos, tenemos el derecho a la vida y, por ende, a la libertad de expresión.

Los periodistas estamos conscientes de que somos falibles y, por lo mismo, corroboramos todo lo que decimos, para reducir -al mínimo- la posibilidad de faltar a la verdad.

Los periodistas ciframos nuestro quehacer en la libertad de conciencia, para poder informar con imparcialidad y de manera plural; o para opinar de manera ética, con base en datos verificables y en premisas lógicas.

Los periodistas evitamos los compromisos, porque valoramos nuestra libertad de pensamiento y de expresión. Periodismo es sinónimo de Libertad y de Justicia.

Todo ser humano nace libre y el periodista que en verdad sirve a sus audiencias, debe denunciar cualquier tipo de censura y de corrupción, porque afectan a cada persona y a la sociedad en su conjunto.

Los periodistas, por lo tanto, tenemos el deber de informar de todo aquello que atente contra la dignidad humana.

Cada persona tiene el derecho a vivir en una sociedad libre, donde su libertad no limite la de los demás, ni la de los otros, restrinja la suya.

Por lo demás, cada persona tiene el derecho de saber realmente qué pasa en su sociedad, por lo que el periodista que informa de manera puntual, objetiva e imparcial es justo. Le da a cada quien la información que necesita saber, o la opinión que le ayudará a comprender mejor el significado de la noticia.

Los periodistas están para servir a la gente, no para servirse de ella.

Los periodistas son, por lo tanto, los profesionales mediante los cuales las personas hacen efectivo su derecho a la información.

A la endémica censura gubernamental y de los grupos económicos se ha agregado, la criminal. Rechazamos las tres, porque someten a la sociedad a intereses ilegítimos.

Al inicio de esta reflexión decíamos que los periodistas no reclamamos ningún tipo de privilegio y, en efecto, así es: lo único que pedimos es que se nos deje cumplir con nuestro deber de informar y de formar opinión pública.

No pedimos prebendas, sino que se nos garantice la libertad de trabajar de manera ética de cara a nuestra sociedad, para que sea libre y justa.

Mañana, Dios mediante, nos referiremos al fundador del Periodismo Trascendente: a don Salvador Borrego Escalante, honrosamente mexicano, quien falleció a principios de la semana que concluye, y que enseñó que la noticia no es el hecho, sino el significado del hecho.

A propósito: ¿qué significa que en México sea tan fácil asesinar periodistas?



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