México navega con piloto de noche

VOCES OPINIÓN Por: Lic. Mouris Salloum George

México navega con piloto de noche</span></p>VOCES OPINIÓN Por: Lic. Mouris Salloum George

Vistos los reflejos meramente reactivos del gobierno de la República y de algunos segmentos del sector empresarial mexicano a cada nueva expectoración del presidente electo de los Estados Unidos, Donald Trump, parece que el país navega como piloto de noche.

Es de tal tamaño el desconcierto, que funcionarios relacionados con el sector externo toman como asidero un entusiasta pero regionalmente limitado encuentro entre los gobernadores de Arizona y Sonora, o declaraciones de algún alcalde californiano para difundir la impresión de que las incuantificables consecuencias de las acciones del nuevo huésped de la Casa Blanca a partir del 21 de enero próximo, están bajo control.

A punto de cumplirse un mes de los resultados de las elecciones presidenciales estadunidenses, lo evidente es que la administración de Enrique Peña Nieto no logra salir de su estupefacción.

Lo que se llama “reacción inmediata” no consiste más que en hacer una declaración a bote pronto al discurso del día del magnate republicano, lo que refleja la carencia de un Plan B que debió diseñarse desde las mismas elecciones primarias.

No hay peor ciego que el que no quiere ver

Siguiendo la línea fallidamente tranquilizante del gobierno, por ejemplo, la semana pasada se reunió el Consejo Mexicano de Comercio Exterior. Su director Fernando Ruiz Huarte, se regodeó en una actitud autocomplaciente.

Anunció dicho ejecutivo que, en caso de que los Estados Unidos decidan retirarse del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN, “lo peor” que le puede suceder a México es que se implante un arancel de 4 por ciento a sus exportaciones al vecino país.

Como si esa tasa fuera una bicoca en el monto global de esas exportaciones, Ruiz Huarte argumentó que es la máxima comprometida según la normatividad de Organización Mundial de Comercio (OMC).

Primero: El declarante da por sentado que la nueva administración estadunidense se ceñirá a los mandatos de la OCM. Segundo, antes de que se secara la tinta de su declaración, el presidente norteamericano electo fue categórico: Será de 35 por ciento el arancel que su gobierno aplique a empresas domésticas que procesen su producción en México y quieran introduzcan al mercado norteamericano.

Confirmaron los impactos de esa amenaza reacciones de trasnacionales estadunidenses que han dado reversa a sus proyectos de inversión en nuestro país.

La resistencia a leer en los signos de la realidad se manifiesta en otro punto: Trump ha extendido su decisión de revisar el TLCAN a reconsiderar la presencia de los Estados Unidos en el Acuerdo Transpacífico de Asociación Económica (ATP).

Como si de veras México tuviera una economía soberana, el discurso oficial pretende convencer que el ATP es viable aun sin la participación de los Estados Unidos, cuando otros de los once gobiernos comprometidos en el Acuerdo han asegurado que, sin el Coloso, tal instrumento carece de sentido y factibilidad.

La salida tardía a ese asfixiante trance (cuando este mismo año las exportaciones a los Estados Unidos han caído en un 3 por ciento), es por fin, aprovechar los 46 tratados firmados por México con otros tantos Estados.

En ese paisaje de incertidumbre, lo único que queda claro es que México cayó víctimas de su propia arrogancia: Crecer hacia fuera, si dijo al ponerse en marcha el TLCAN. Pero el crecimiento al exterior lo empujaron las propias trasnacionales que se apropiaron del sector exportador y se han alzado con el santo y la limosna

En el  23 Congreso del Consejo Mexicano de Comercio Exterior, la sordera impidió escuchar otras voces que recomiendan volver los ojos al mercado interno y regenerarlo. Tienen ojos y no quieren ver; oídos y no quieren escuchar.

¿Cómo reactivar el mercado interno? Con producción nacional y poder de compra de los consumidores. Pero el sector patronal, obviamente el mayor empleador en México, aconseja una sensible mejoría de los salarios mínimos, y el gobierno y la representación sindical en la Comisión Nacional respectiva regatean la oferta de quienes, en última lectura, remuneran a sus trabajadores. A campeones del absurdo nadie nos gana.   

Redacción Voces del Periodista

Redacción Voces del Periodista


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