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¿No fallan las instituciones…?

Voces del Director
Desde Filomeno Mata 8

Por Mouris Salloum George (*)

Particularmente los medios electrónicos locales son dados, casi de manera cotidiana, a destacar resultados de encuestas en las que los presidentes estadunidense Donald Trump y venezolano Nicolás Maduro, para marcar la antípoda, resultan los villanos favoritos.

Sin embargo, en la tipología aplicada por los aparatos de Inteligencia de los Estados Unidos, ni este país ni Venezuela entran en el rango de Estado fallido. Otras calificaciones, no más gratificantes, cuestionan sus regímenes.

México en cambio, desde la segunda mitad del mandato de Felipe Calderón, está inscrito en el catálogo de Estados fallidos, según la fuente arriba citada, que apoya su criterio en análisis de factura militar.

Los puntajes de México en materia de democracia

En el solar latinoamericano, si la confianza en la democracia pasa por la participación electoral, Argentina y Perú reportan asistencia a las urnas entre 80 y 81 por ciento en elecciones presidenciales.

Un reporte externo de 2017, con resultados de estudios demoscópicos de 2016, indica que, en México, la confianza popular en el gobierno ha caído a 28 por ciento; en los aparatos legislativos, a 25 por ciento.

Agencias mexicanas de investigación sobre opinión pública colocan la aceptación de la gestión presidencial muy por debajo del 20 por ciento; en el Congreso de la Unión, en un fluctuante 15 por ciento. Obviamente, la reprobación corre en sentido inverso y gana la carrera.

Si en ambas instituciones políticas (Presidencia de la República y Legislatura federal) tienen predominancia agentes emanados del Partido Revolucionario Institucional (PRI), el rechazo popular a esta formación se mide en números absolutos: De 2012 a 2017, el partido en y del gobierno perdió casi 5 millones de votos.

Frente a la imagen pública de los poderes Ejecutivo y Legislativo, el Poder Judicial salva relativamente el decoro. Las Fuerzas Armadas tienen los mejores porcentajes de confianza.

No Estado fallido; sí, crisis institucional

Si dejamos de lado la percepción tremendista del Estado fallido, de todas formas no está México para arreglos florales: Es evidente que asoma una crisis institucional -si es que no está presente ya- y ésta se refleja en un solo dato: Entre 70 y 90 por ciento de mexicanos consultados no se siente seguro ni en las calles ni en sus moradas hogareñas.

Lo que asombra es que los voceros gubernamentales se obcequen en la exigencia de reconocimientos a la obra de gobierno. En Querétaro se dijo que “de los últimos diez años”.

Diseño admirable: Cero en operación política

En la letra, las instituciones mexicanas tienen un diseño admirable. En la operación, no dan pie con bola.

Entre los factores que inciden en ese déficit -tanto de credibilidad como de eficacia- se pueden listar: La irreflexiva e inamovible adhesión al modelo neoliberal, éste si fallido; el abandono de la operación política después del espejismo del fáctico Pacto por México y, en la perspectiva de la sucesión presidencial, la búsquedas de acomodos de la alta burocracia para asegurar la pitanza un sexenio más: Manadas acéfalas, las describiría el clásico.

El Congreso de la Unión, un modelo para armar

Ilustremos ese cuadro: Dada su función de formación de leyes, el Poder Legislativo federal es una institución imprescindible por antonomasia.

A los responsables de la conducción de la LXIII Legislatura federal no les falta experiencia: Algunos legisladores han transitado de una cámara a otra durante casi dos décadas. Ahora mismo, por lo menos veinte coordinadores de diversos partidos operan su traslado del Senado a San Lázaro o viceversa.

Tienen, esos pastores, además, cuadros especializados de asesoría que, si carecen de una cultura parlamentaria, están sobrados capacidades en variadas disciplinas científicas y dominan las técnicas legislativas.

No obstante, al iniciarse el último periodo ordinario de sesiones del Congreso federal, en el balance de su desempeño reporta un rezago de cuatro mil 500 iniciativas por desechar, dictaminar y bajar al pleno aquellas que puedan ser “planchadas”.

Anticorrupción, el espectro más temido

Para poner a caballo reformas constitucionales y sus leyes secundarias aprobadas entre la LXII y LXIII legislaturas, se requiere el nombramiento de medio centenar de funcionarios, muchos de ellos de órganos autónomos del Estado.

Entre los últimos, están comisionados de control de diverso rango de los institutos Federal de Comunicaciones y Nacional de Acceso a la Información Pública, y de la Comisión Federal de Competencia Económica.

Los “pendientes” tocan una de las demandas más sentidas de la sociedad: El Sistema Nacional Anticorrupción. Falta el Fiscal especializado. En esta asignatura, entra la aprobación no concluida del artículo 102 de la Constitución, que establece la plena autonomía de los fiscales, tanto federal como estatales de dicho sistema.

En esa materia se incluye el nombramiento por el Senado de 18 magistrados del Tribunal Federal de Justicia Administrativa y ocho magistrados del Tribunal Federal Agrario. No es precisamente accesorio el nombramiento del Auditor Superior de la Federación de la Cámara de Diputados.

Es evidente la intencionalidad de la omisión, sobre todo en el de destrabe del Sistema Anticorrupción. El propio operador del Senado, Emilio Gamboa Patrón expresó su temor a validar una cacería de brujas.

El que venga atrás, que arríe

A la actual legislatura federal le restan sólo 205 días de ejercicio. Al periodo ordinario que se inicio el 1 de febrero correspondería unas 22 sesiones al término de abril. Desde el periodo de sesiones anterior, los jefes de las Juntas de Coordinación Política tuvieron dificultades para armar quórum.

Muchos de esos diputados y senadores abandonaron sus recintos para participar en las precampañas de los precandidatos presidenciales de sus partidos. A punto de que, particularmente el PRI, seleccione sus candidatos a la LXIV legislatura, están lloviendo solicitudes de licencia para buscar sitio en la cámara de enfrente. En lo que va del año, se contaron docena y media de esos pedidos.

Los que permanecen en “activo”, están más ocupados en lograr el pago de marcha de fin de legislatura, que en atender ya no sus responsabilidades en comisiones de dictamen, sino de mera asistencia al pleno.

Cuatro mil 500 “asuntos” pendientes; 205 días de ejercicio. Aun trabajando todos los días, que no está en la subcultura de los legisladores, tendrían que desahogarse un promedio de 20 iniciativas diarias. ¡Que güeva! El que venga atrás, que arríe.

Decían los viejos defensores del “sistema”: No fallan las instituciones, los que fallan son los hombres. Da lo mismo, si los hombres fallan, se llevan entre las espuelas las instituciones. Por eso estamos como estamos. ¿Hasta cuándo andarás errante, oh hija contumaz?

(*) Director General del Club de Periodistas de México.

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