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Para el grupo dominante, la juventud no cuenta

El lecho de Procusto

Por Abraham García Ibarra

Después del Trágico 68 -del que se cumple medio siglo en 2018-, el activismo electoral de la juventud ha pasado por un paisaje de luces y sombras que acompaña la hasta hoy frustrada aspiración democrática de los mexicanos.

A mitad de los setenta, la dirección juvenil del PRI desplazó Las brigadas del camino en apoyo de la campaña presidencial de José López Portillo.

Luego de cierto in pase de más de una década, fue en la sucesión presidencial de 1988 cuando los jóvenes volvieron a la brega electoral, esta vez en torno al candidato del Frente Democrático Nacional (FDN), Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano.

Las juveniles Brigadas del Sol fueron básicamente las que en 1997 convocaron a los votantes del Distrito Federal para darle la jefatura de Gobierno al propio Cárdenas.

En adelante, en la misma Ciudad de México, los jóvenes estudiantes han permanecido prácticamente replegados en los campus de la UNAM y El Poli, aplicados fundamentalmente a la defensa de sus causas académicas y administrativas.

Los siniestros saldos de la “transición democrática”

En lo que va del siglo XXI las noticias de nota roja consignan un día sí, y otro también, delitos relacionado con el crimen organizado, en los que los protagonistas son niños y jóvenes sicarios. En el actual sexenio, habrían muerto más de 30 mil jóvenes; un gran porcentaje de ellos menores de edad.

En otro escenario, el reporte latente desde 2014 es la suerte de los jóvenes normalistas conocidos como Los 43 de Ayotizinapa, de los que algunas verdades históricas han pretendido vincularlos al negocio de la droga.

Precisamente en el periodo en el que se dio por establecida en México la transición democrática, diversas investigaciones y análisis concluyen que la sociedad mexicana pasa por el desencanto de su democracia.

Requerimientos para unas elecciones creíbles en 2018

Para 2018, censos y padrones de instituciones del Estado calculan en 30 millones el número de individuos entre 15 y 29 años de edad. En el rango de los segmentos con derecho al voto el cálculo es de unos 20 millones de jóvenes.

Con un listado nominal de electores, hasta el cierre de diciembre pasado, de 88 millones de individuos, el Instituto Nacional Electoral estima que será necesaria la instalación de 156 mil puestos de votación para cubrir el territorio de toda la República.

El INE tiene el reto de convencer a 11 millones 500 mil de personas para que cumplan con tareas de capacitación de un millón 400 mil ciudadanos, de los que se seleccionará a 400 mil que actúen como funcionarios en la jornada del 1 de julio.

Existen evidencias documentadas de que en cada proceso electoral en las tres escalas de elección, un alto número de individuos capacitados deserta a última hora. A sabiendas, los partidos políticos manipulan suplentes para hacerlos cargo de las tareas de los remisos. Con fines obvios.

La pregunta es, de ese gran ejército cívico requerido, ¿cuántos jóvenes están dispuestos a legitimar, como funcionarios de casilla, primero, y votantes a la hora de las urnas, el proceso del que son actores imprescindibles?

Los excluidos por el Estado neoliberal

Cambio de página: Se da por verdad sabida que en el territorio nacional ambulan unos ocho millones de adolescentes y jóvenes tipificados como ninis, privados de la oportunidad de estudiar o trabajar. No pocos han pasado como activos al ejército de reserva del crimen organizado.

Ahora bien, de 2000 a 2016, los centros públicos de Educación Media y Superior elevaron su matrícula de un millón 377 mil alumnos a dos millones 971. Esto es, en 116 por ciento. Muchos aspirantes quedaron en el casillero de rechazados.

De 2009 a 2016, la matrícula en esas instituciones creció en 55 por ciento. El presupuesto a la Universidad Pública sólo se incrementó en ese periodo en 18 por ciento, disminuyendo 22 por ciento el subsidio por alumno.

Otro modo de analizar ese complejo y morboso problema es el siguiente:

La Red de los Derechos de la Infancia en México (Redim), acaba de presentar su más reciente evaluación. Para decirlo pronto, al referirse a la defensa de las garantías de la niñez en 2017, lo dice con estas palabras: Esa política pública está marcada de silencios, vacíos y retroceso.

Habla esa organización de la sociedad civil de casi 40 millones de menores de edad.

Alude Redim a la reforma constitucional en materia de Derechos Humanos de 2011 y la promulgación en 2014 de la Ley General para la Protección de Niñas, Niños y Adolescentes. Veredicto: Las autoridades mexicanas siguen prestando nulo interés y compromiso en el tema.

Grave el asunto, importa poner la mirada sobre un segmento, no por reducido menos deprimente: El Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred), señala que la situación de exclusión que enfrentan niños y adolescentes se debe fundamentalmente a cuestiones como sus procesos de formación y desarrollo, así como la relación de poder que entablan con otras persona para tener acceso a sus derechos reconocidos.

Cita Conapred un análisis del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia y del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) que coinciden en que la pobreza afecta en mayor proporción a los niños y adolescentes que a otros grupos de edad.

A propósito, durante lo va del actual sexenio, la Auditoría Superior de la Federación (ASF) de la Cámara de Diputados, en la revisión de las Cuentas Públicas, ha documentado evidencias de que miles de millones de pesos etiquetados para la Cruzada Nacional contra el Hambre, han sido saqueados por sus gestores. Para el caso, los de la secretaría federal de Desarrollo Social.

Dicho como conclusión preliminar: El Estado neoliberal ha venido hipotecando el desarrollo humano de casi la mitad de los mexicanos, con riesgo cierto de abonar una más a las generaciones perdidas. En otro sentido, la formación de capital humano para el futuro no figura como prioridad del actual gobierno.

Único objetivo de los candidatos: Las próximas elecciones

En el obsceno ensordecimiento mediático que es marca de la casa de la pugna por la Presidencia de México, no se ve en las plataformas temáticas de partidos y candidatos, un capítulo primordial referido al conjunto de las cuestiones listadas en párrafos anteriores.

Es la consecuencia lógica de una advertencia que en su oportunidad dictó Abraham Lincoln: Un verdadero estadista es aquél que piensa en las futuras generaciones; los políticos sólo apuestan a las próximas elecciones. Es cuanto.

VP/Opinión/JSC



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