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Por la reconciliación de México, tras un cambio democrático y pacífico

Por la reconciliación de México, tras un cambio democrático y pacífico

Por Rodolfo Ondarza Rovira (*)

El próximo 2 de octubre, sin duda, habrá diversas manifestaciones (no necesariamente marchas) para recordar una triste fecha para el país, la “Matanza de Tlatelolco”, que si bien no es el único acto de violencia del PRI, se convirtió en un icono de la resistencia y de la lucha de la juventud, por la democracia; por primera vez en 50 años los cientos de miles de -hoy viejos-, que fueron vejados, amenazados, encarcelados, maltratados y perseguidos, acudirán en un tono de alegría, ya que fueron ellos los que en mucho contribuyeron a lograr la democracia en México.

El 50 aniversario, se rememorará en el marco de una nueva situación nacional, en la cual el Gobierno de la República ha aceptado, sin intentar un fraude, el triunfo de un candidato de centro izquierda; esto, se da en un contexto de franco deterioro de la imagen presidencial que dio al traste con la campaña del candidato de su partido y de una división del partido más antiguo del país, fundado en 1929 y que durante décadas representó la oposición leal y la democracia, ambas situaciones que sumadas al clima de violencia, el desempleo y la ruptura de las redes sociales, dieron las condiciones para que hoy, mucho más que antes, la población demandara un cambio en el rumbo de nuestro país, por lo cual las fuerzas políticas requerirán definir tanto su vida interna como su posición ante el nuevo gobierno encabezado por AMLO.

El 1 de julio pasará a la historia de México, por muchos y muy variados significados, de los cuales para nosotros sobresalen:

1. la aceptación de la victoria en urnas, por el partido en el gobierno a la alianza de fuerzas políticas de centro izquierda y de izquierda, ante la tentación que entrañaba el fraude electoral y con ella la perpetuación en el poder, por lo que la pronta decisión de José Antonio Meade reconociendo su derrota, debe entenderse como una señal de reconciliación y un acto cívico del cual me congratulo, sobre todo después de una campaña en la que no faltaron insultos y descalificaciones entre todos los participantes.

2. La amplia participación de la población. Acudió a emitir su voto el 64% de los ciudadanos con credencial de elector, y en algunos estados, la participación fue del 70%, lo que la convierte en la elección presidencial más significativa del México moderno, en tanto el vencedor obtuvo el 52.9% de los sufragios, lo que representa 24.1 millones de sufragios, por lo que en caso de que en México hubiera como en otros países una segunda vuelta, ésta no se hubiera necesitado.

3. Los partidos y coaliciones que perdieron las elecciones tuvieron las mismas prerrogativas de ley, las mismas oportunidades de hacer campaña, las mismas posibilidades de convencer al electorado y la misma participación en debates, los cuales en conjunto tuvieron una audiencia superior a 10 millones de personas entre la televisión y el internet.

4. La celebración de la victoria la noche del 1 de julio significó la reiteración de la confianza nacional en el restablecimiento de la democracia, la aceptación por los 6 partidos políticos incluidos en dos coaliciones de una derrota justa, un triunfo legítimo y además en marcos legales.

5. Para millones de mexicanos, el legítimo orgullo de haber confiado en un personaje que no había sucumbido a la depresión, a la tristeza o al desencanto ante dos intentos fallidos por ser presidente del país; se le agradeció su tenacidad, su estoica y heroica actitud pero, sobre todo, no haber sucumbido a un intento de hacerse del poder a través de medios violentos o ilegales, y lo más importante: no poseer ningún ánimo de revancha.

6. La pertinente y tempranera aceptación de los resultados de la elección por los más importantes grupos empresariales del país, líderes sociales, jerarcas religiosos, ONG´s, líderes sindicales y muchos más.

Lo único que me parece preocupante es la aparición en redes sociales de infinidad de mensajes clasistas y racistas en contra de los simpatizantes de AMLO, quien por cierto ganó mayoritariamente el voto de los sectores más escolarizados del país. Ente los violentos me parece que sobresale el yunquista Juan Bosco Abascal Carranza, quien destila odio y revancha contra el incuestionable presidente electo y pretende hacer de una contienda electoral una nueva Cruzada contra los herejes, comunistas y masones votantes de AMLO, olvidando que su propio padre, Don Salvador, nunca fue objeto de venganzas o persecución, pero, en fin, quizá le conviene revisar su Catecismo, para que se entere que no es el buen católico que se siente.

Hagamos votos para que cejen los intentos de dividir a la sociedad y que las mujeres y hombres de buena fe, entiendan que nuestro voto, fue para cambiar el rumbo del país, ante un viaje sin brújula, ni destino.

(*) Neurocirujano. Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía “Manuel Velasco Suárez”. México. Ex Presidente de la Comisión de Salud de la Asamblea Legislativa de la Ciudad de México.
@DrOndarza

Redacción Voces del Periodista

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