Preservativos contra el virus de la traición

La Piedra  en el Zapato
Por: Abraham García Ibarra

Frente al sombrío espectáculo de una República desvertebrada, los clásicos de la Política colocaban primero en el orden de prioridades un Plan de Salvación Nacional. Era una iniciativa que se ponía en circulación particularmente en las plataformas de gobierno en elecciones generales, con cargo a la oposición.

Aún en horas en que se sacude todavía el espantajo del populismo, Andrés Manuel López Obrador, en campaña y como candidato presidencial triunfante, ha postulado la cuarta transformación de México.

Después del 1 de julio, estamos en momentos de los enunciados. El principio es el verbo: El sustantivo es reconciliación. Si México vive en su realidad político-social un estado de guerra, así la tipifiquen de baja intensidad, el paso previo para reconciliar, es pactar el armisticio.

El entusiasmo se marchita cuando, en tratándose de la oferta de amnistía en boca de López Obrador, tienen que hacerse mesas de prensa especiales para tranquilizar a los asustadizos, precisando que se trata de una Ley de Amnistía, en cuyo caso tiene que pasar por el tamiz del Poder Legislativo “donde se escucharán todas las voces, las de las víctimas en primer lugar, y de los especialistas en Derecho”.

Campañas presidenciales como una Torre de Babel, el debate poselectoral no escapa de este circuito exclamatorio.

Los tartufos se apuntan en la feria de simulaciones

“Reconciliación nacional”. ¿Alguien cree en la sinceridad de Vicente Fox, quien durante su mandato se ensañó contra López Obrador, hasta lograr su desafuero; se dirigía al candidato de 2018 como Lopitos y simultáneamente ponía sus fichas en los retratos de Meade y Anaya? La dejamos de este tamaño.

La Conferencia Nacional de Gobernadores se gestó en la perspectiva de la sucesión presidencial de 2000, con dominio de veinte gobernadores priistas; se instituyó como frente al quedar el PRI fuera de Los Pinos.

En 2012, la Conferencia tenía ya un perfil plural. En la elección presidencial al menos tres gobernadores del PRD, a remolque de Los Chuchos, aún antes de que los árbitros electorales dijeran la última palabra, proclamaron la victoria de Enrique Peña Nieto contra el tabasqueño y se adhirieron después al fáctico Pacto por México.

La semana pasada, la Conferencia de Gobernadores suscribió por unanimidad un voto de confianza en el candidato triunfante como expresión de una institucionalidad impuesta por la fuerza de los hechos. Quede constancia, que colocamos entre corchetes.

Aún sin definirse formalmente las candidaturas presidenciales para 2018, el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, dirigido por el esquirol Juan Díaz de la Torre, veló armas contra López Obrador por su amenaza de revertir la Reforma Educativa y sus acercamientos con la CNTE.

El pasado fin de semana, Díaz de la Torre y su fauna de acompañamiento publicaron su “reconocimiento y felicitación al Lic. López Obrador” y manifestaron públicamente su “voluntad de trabajar de manera institucional con el próximo gobierno”.

En 2018 fue exorcizado el “peligro para México”

En lo individual y como gremio, durante la campaña del líder de Morena los hombres de negocios se declararon en pugnaz resistencia contra la posibilidad de triunfo del tabasqueño. Después del 3 de julio, en cartas públicas y en videos los mismos personajes declararon su beneplácito por el triunfo de quien durante doce años tipificaron como peligro para México.

Estamos hablando de la alianza de gobernadores de cuatro partidos diferentes, que nominalmente ejercen el poder en las 32 entidades federativas; de un sindicato que, entre personal docente y administrativo, controla políticamente a unos dos millones de burócratas y de hombres de negocios que, en un número de 16 poseen fortuna de más de 120 mil millones de dólares; dan soporte al mercado laboral interno, dominan con no más de 40 firmas la Bolsa Mexicana de Valores y los mercados de exportación e importación.

No son ya, las viejas corporaciones empresariales, meros grupos de presión. Son, según la tipología sociológica moderna, sectores con poder real.

Hay un dato significativo en la nueva posición de los hombres de empresa: Históricamente, fueron detractores del Estado interventor. Lograron fracturar la rectoría estatal en la economía.

Menos Estado y más sociedad fue una de las concesiones que arrancaron al régimen priista para enrumbar el sistema por el modelo neoliberal. En una de sus más recientes declaraciones, los hombres de negocios demandaron al potencial nuevo gobierno incrementar la inversión pública como motor primordial del desarrollo. ¿Se adhieren las cúpulas empresariales, de veras, al modelo de economía mixta que con tanta fiereza combatieron?

Intelectuales orgánicos y mutantes, remisos aún

Hay un cenáculo que todavía parece deshojar la margarita: El de los intelectuales orgánicos y mutantes. Desde sus tiempos de combate lugareño en los noventa, López Obrador fue denunciado por algunos segmentos de la intelectualidad política como redentor tropical.

El mismo domingo electoral, algunos de esos intelectuales, evidentemente desconcertados y hasta indignados por los primeros resultados, no sólo estuvieron remolones, sino que calificaron como un despropósito ciudadano el que al futuro Presidente se le dieran mayoría en el Congreso de la Unión y la mayoría de los gobiernos estatales disputados.

¿Dónde quedan, exclamaron, los pesos y contrapesos, propios de todo sistema democrático?

No perder de vista que esos líderes de opinión tienen tiempos preferentes en los medios electrónicos y lugar privilegiado en las secciones editoriales de los medios impresos. Son sus troneras aparentemente irreductibles.

Como sea, la reconciliación puede ser el ojo de agua al que todas las especies se acercan a beber. No todas lo hacen, necesariamente, con los mejores modales ni con los más nobles fines. Los camaleones están al acecho.

El poder seductor de los traidores

La obligada cita: Ocultos detrás de la máscara de ciudadanos, los moralistas, abogados de una sociedad civil quejumbrosa, acusan a los políticos de no cumplir sus promesas, de ceder a la demagogia -hija perversa de la democracia- y de estar dispuestos a renegar de lo que sea con tal de conquistar y luego conservar el poder.

Lo afirman Denis Jeambar e Yves Roucate en su obra Elogio de la traición/ Sobre el arte de gobernar por medio de la negación.

El progreso de nuestras sociedades y de las libertades, sostienen los autores, pasa por el savoir-faire y el poder de seducción del traidor.

En su lista de traidores contemporáneos célebres, los autores nombran elogiosamente a los españoles rey Juan Carlos y Felipe González; al francés Francois Mitterrand, al gringo Ronald Reagan, al soviético Mijail Gorbachov.

“¡Viva la traición! Sofocante o sorprendente, disimulada o confesa, brutal o negociada, esta antigua amante de los políticos se muestra hoy en toda su deslumbrante desnudez”, escriben Jeambar y Roucaute.

Retomamos los nombres antes subrayados, porque en su momento fueron reconocidos como líderes-prototipo de la transición democrática. Aquí, el “Elogio…” tuvo sus brillantes apologistas, que siguen anclados en el mito de la transición, que no ha pasado aún de la mera alternancia nominal en Los Pinos. Es cuanto.

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