Espacios del Club de Periodistas

¿Quién teme al Ogro Filantrópico?

El lecho de Procusto

Por Abraham García Ibarra

Por algunas razones que no viene al caso explicar hoy, en los primeros 64 años de oficio periodístico no hemos tenido inclinación al ambulantaje palaciego. La calle y las plazas públicas son el espacio natural del reportero de “modelo antiguo”.

Fuera de Palacio Nacional y de Los Pinos, hemos explorado algunas biografías de los hombres públicos mexicano del último medio siglo.

Verbigracia: Tenemos algunos registros de aquellos funcionarios públicos que pasaron por el Instituto Panamericano de Alta Dirección de Empresa (Ipade), establecimiento regenteado por el Opus Dei. (“Obra de Dios”.)

Seguimos la huella de dos que ocuparon carteras en el gabinete presidencial. Sólo mencionaremos los programas docentes, de los que conservamos copias, que nos informan de la selección de autores en disciplinas económicas.

El Opus Dei también ejerce la rectoría de la Universidad Panamericana. Francamente hemos descuidado la indagatoria sobre si, en la carrera de Derecho, se tiene preferencia por algunos gurús que hablan de Economía Pública, olvidada como está la ciencia sobre Economía Política.

En cambio, es del dominio público cuál es el tipo de tendencias ideológicas que se induce en los alumnos del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM). La Administración Federal está plagada por doctores egresados de ese plantel. En otras entregas hemos comentado los resultados de su obra.

Hablemos de algunas “anécdotas” del Estado populista

Al grano, pues: Al espantajo que cabalga sobre el escenario de la sucesión presidencial de 2018 se le nombra populismo. Para exorcizarlo, se le pone enfrente el retrato del Estado neoliberal. Ese que, según sus ventrículos, da a los mexicanos prosperidad y felicidad. (Je je je).

Por supuesto, el espectro que se exorciza es el del Estado Nacional, popular y revolucionario, que algunos, en otros lados, le llaman Estado de bienestar.

A ese fantasma queremos referirnos hoy: Si bien los Constituyentes del 17 fincaron los fundamentos de Los Derechos Sociales del Pueblo Mexicano, al ponerse en vigor la Carta fundamental y decantarse modelos de economía, los agentes del Estado posrevolucionario abrevaron en las teorías del llamado Mundo Occidental.

Paréntesis: La operación de Barack Obama

Un salto antes de continuar la narrativa: Frente a la devastadora crisis financiera internacional de 2008-2009, provocada por especuladores privados, el presidente de los Estados Unidos, el demócrata Barack Obama respondió al descomunal desafío ordenando la estatización de algunas instituciones bancarias privadas. Típica acción del Estado interventor en la economía.

Los precursores de la Economía Mixta

Continuamos en este cuadrante: Alemania, Inglaterra, Francia e Italia, que aparecen ahora, con los Estados Unidos, como potencias económicas (hablamos del “mundo occidental”) e inscritas en el sistema capitalista (ahora neoliberal), fincaron su desarrollo y prosperidad, básicamente en modelos de Economía Mixta en áreas estratégicas y prioritarias.

Exitosos países del norte de Europa siguen la línea, perfeccionando su modelo económico socialmente responsable.

Aun transitando por el embravecido océano de la globalización, aquellas potencias no han abandonado del todo el modelo mixto. ¿Lo han abandonado los Estados Unidos? Donald Trump no podría contestar que sí. Contrario sensu, ahí está el complejo financiero-industrial-militar y la propia Reserva Federal (Sistema de Banca Central).

Pongamos la sonda sobre el Estado mexicano en los momentos en que se activaban las troneras para dispararle las etiquetas de totalitario, socializante y comunista, marbetes engomados por los económicamente poderosos del sector privado.

En el periodo de más rabia contra el Estado -la década de los setenta-, sujeto entonces el gobierno posrevolucionario al régimen constitucional, entre cuatro objetivos de la empresa productiva se acogió al tercero: Promover la prosperidad.

Para entonces, el Estado tenía intervención en más de 817 entes (con participación mayoritaria o asociada). ¡Ojo!: Conforme los modelos de Inglaterra, Francia y Canadá, esa intervención estatal estaba sometida al Derecho privado, en cuyo caso la empresa pública se consideró entidad diferente al Estado.

De origen, el Estado puso el acento en sectores estratégicos: Petróleo, energía eléctrica e hidroeléctrica, banca, minería, agroindustria, telecomunicaciones.

El Estado fue obligado a fabricar y vender bicicletas

Otro ¡Ojo!: En 1970, la participación estatal en economía era de 8.3 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB).Para 1974: 10. 4 por ciento.

¿Qué disparó el puntaje de esa participación a 25 por ciento? Fundamentalmente, la intervención del Estado en el salvataje de las industrias azucarera y algodonera, llevadas a la ruina por sus dueños privados.

El Estado se vio obligado, por las mismas causas y la fuerza de los hechos, a intervenir en las industrias tabacalera, henequenera, hasta hacerse cargo de la fabricación de estufas y refrigeradores, áreas convertidas en un desastre por la empresa privada dominante que controlaba 25 y 18 por ciento de ambos artículos en el mercado nacional.

Después, los detractores hacían mofa: Estado bicicletero, zapatero, etcétera. Las mismas fuentes de distorsión económica: La ineficacia, el nepotismo y la corrupción de la libre empresa.

La superindemnización a los dueños de simples trapiches

Sólo para recuperar un dato: El Estado llegó a desembolsar miles de millones de pesos en la compra de simples trapiches de los tiempos de la Colonia, a valor de ingenios azucareros como si fueran los más modernos de la Sugar Company.

Un argumento aceptaban complacidas las cúpulas de los hombres de negocios rescatados: La preservación del empleo. Los salarios devengados en el sector paraestatal llegaron a participar con hasta 18 por ciento del PIB.

No hablamos, pues, de Economía Política. Hacemos el retrato de un “Estado populista”: Un populismo para los riquillos, los ricachos y los ricotes. Es cuanto.



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