Espacios del Club de Periodistas

La vocación de autoengaño de nuestros gobernantes

Voces del Director

Desde Filomeno Mata 8

Por Mouris Salloum George (*)

De entrada, un escenario histórico: En los periodos del desarrollo estabilizador y compartido, el crecimiento anual de la economía llegó a alcanzar hasta 8 por ciento.

En esa etapa, la clase laborante ingresó masivamente a la Seguridad Social, fue beneficiada con un sistema de vivienda de interés social, se promulgaron leyes de defensa del consumidor y se regularon los asentamientos humanos para atemperar la tensión entre la mancha urbana y los derechos agrarios.

Fue el ciclo en que empezó a percibirse la emergencia de las clases medias de la ciudad y el campo.

Los especialistas, incluso extranjeros, hablaron del “milagro mexicano”. Hasta 1982, el PRI ganó consecutivamente diez elecciones presidenciales.

Cuando la tecnocracia tomó por asalto al poder y la conducción financiera, sin embargo, sentenció que aquellos resultados de la gestión pública, eran espejismo: “Economía ficción”, fue el término. Sonó como proclama para el combate al “populismo”.

Situémonos en 2018: como consecuencia de la economía “realista”, 30 millones de mexicanos de la Población Económicamente Activa subsisten en la “economía negra”. Los sociólogos sostienen que el empleo y el salario se han precarizado.

De 2017 son estas notas: la media anual de crecimiento del PIB en tres décadas sigue anclada en 2 por ciento. Los salarios contractuales perdieron 2.1 por ciento. Un año antes, el dólar se cotizó en 20.64 pesos, lo cual incide en las tasas de interés bancarias.

Un dato merece subrayarse: para 2017 se estimó en 3 por ciento el aumento de inflación (“el impuesto a la pobreza”). A diciembre se colocó en 6.8 por ciento. Para quienes ganan el salario mínimo: 7.44 por ciento, y contando.

2017 terminó catalogado como el año más violento de las dos últimas décadas, medido en crímenes dolosos: cerca de 30 mil.

¿Son conscientes los hombres de poder de esa inadmisible situación socioeconómica? No. Leen la realidad mexicana con los lentes de Minerva, la diosa de la sabiduría. Aderezan sus mensajes con dos merengues: prosperidad y felicidad.

Hace unas horas, en Davos, el secretario de Hacienda, José Antonio González acaba de anunciar ante las más poderosas cúpulas empresariales, que, en lo económico, México tendrá un año bueno. No peor o regular: bueno.

Ese es el argumento del emisario peñista para prometer a la comunidad económica mundial que México tendrá una sucesión presidencial “tersa”. Es la compulsión del autoengaño.

Los potentados ante quien González pintó el paisaje rosa, ¿se están chupando el dedo? ¿No tienen exploradores que monitorean previamente el estado que guarda la nación para asegurar que sus eventuales inversiones les rindan las ganancias deseadas?

Cuenta la historia rusa que, cuando los zares visitaban las provincias, los jefes políticos locales contrataban los mejores pintores europeos para improvisar espectaculares en los que, aun las estepas siberianas vivían en eterna primavera. Suele ocurrir.

(*) Director General del Club de Periodistas de México, A.C.



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