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Meine Liebe Leni

Meine Liebe Leni
(Mi Querida Leni, 1902-2003)
Por Héctor Chavarría
En una de tantas biografías chafas que ahora abundan en la televisión, se dijo de ella que era quien más había contribuido a la proliferación del nazismo… se insinuó que había sido amante de Adolf Hitler, y se la llamo “acérrima nazi”. También el ignaro en turno la calificó como “cineasta aficionada”.
Lo único común que tenía toda esta sarta de acusaciones y calificativos absurdos era su falsedad y evidente mala intención. La mujer a la cual se refería la nota mal hecha era la actriz, bailarina y directora de cine Leni Riefenstahl, quien no sólo jamás fue una “cineasta aficionada” sino una de las más notables maestras de la cinematografía; una innovadora audaz que, de hecho, “inventó” el documental moderno. Una mujer que se ganó el puesto de directora de cine en una sociedad machista y misógina como la nazi, y la admiración de personalidades tan dispares como Hitler y Luis Buñuel.
 
NACE UNA ESTRELLA
“Leni” nació en Berlín el 22 de agosto de 1902. Su nombre completo fue Helene Bertha Amalie Riefenstahl, pero fue conocida profesionalmente para el resto de su larga vida, por el diminutivo de Helene: Leni”.
Desde niña mostró afición por el arte, primero por la pintura y luego, en especial, por la danza, esto último para disgusto de sus conservadores padres, quienes consideraban que esa actividad no era muy propia de una “fraulein” (mujercita) decente. Ellos, como muchos después, habrían de enfrentarse a la férrea determinación de la joven. A fin de cuentas, Leni se salió con la suya y estudió danza.
Desafortunadamente para ella (y fortuna de la cinematografía), un percance durante una presentación, que le produjo una lesión en una rodilla, la inhabilitó como bailarina. En adelante se dedicó a la actuación en memorables filmes con temas de montaña (su deporte favorito), para los cuales se negó sistemáticamente a ser “doblada” en las escenas peligrosas. De hecho en una ocasión sufrió una caída y la sangre que se ve en las tomas no fue de utilería. De ese calibre era Leni.
LA BELLA Y LA BESTIA
Conocer en un mitin a Hitler, poco después de dirigir en 1932 su primera película de montaña; Das Blaue Licht (La luz azul), la cual fue premiada en el Festival de Venecia dándole fama internacional como una joven e innovadora directora de cine, fue lo que le cambió la vida. Leni, como muchos millones de alemanes de entonces, quedó prendada por la personalidad del Führer y se convirtió en una admiradora más.
El dictador, a su vez, quedó fascinado por la bella joven y, por intermedio de su “segundo de a bordo”, Rudolph Hess, le ofreció a Leni filmar un documental sobre la concentración del partido nazi en el campo Zeppelín de Núremberg, en 1933.
Riefenstahl aceptó y realizó lo que hoy se conoce como la trilogía de Núremberg considerada la colección de documentales político-propagandísticos más efectivos jamás filmados y conformada por Der Sieg des Glaubens(Victoria de fe, 1933), Triumph des Willens (El triunfo de la voluntad, 1934), Tag der FreiheitUnsere Wehrmacht(Día de libertad-Nuestras Fuerzas Armadas, 1935).
De ahí en adelante y hasta el inicio de la guerra (y la barbarie nazi), la guapa y talentosa Leni y el torvo y demagógico Adolf formaron un equipo que bien podría calificarse como el de: La Bella y la Bestia.
 
LA APOTEOSIS
A pesar de sus diferencias con el cojo Göbbels, ministro de propaganda, Adolf siguió dando su apoyo incondicional a Leni y así la joven cineasta recibió el encargo de realizar un documental sobre los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936. Sería la primera vez que se haría tal cosa y el resultado consagró a Leni como una maestra del cine.
Es difícil enumerar las innovaciones incluidas; Leni usó múltiples cámaras (como ya lo había hecho en la trilogía), hizo miles de primeros planos y se tardó dos años en la edición, la cual realizó ella misma. El resultado fue, y es, una obra maestra, Olympia, en dos partes: Fest des Volker (Festival de las naciones) y Fest des Schönheit (Festival de la belleza). A pesar de las acusaciones por el contenido político, Olympia es una obra de arte, una cálida exaltación a la belleza del cuerpo humano, al deporte y a la perfección.
Quizá Leni era entonces nazi, pero era también una artista… que bailó desnuda ante la cámara en las primeras escenas de Festival de las naciones. Una audacia en esos tiempos, sólo entendible por parte de una valiente innovadora que admiraba los cuerpos perfectos, como el suyo, y los hacía lucir en la cinta de plata.
IGUALDAD EN EL DEPORTE
En Olympia, democráticamente dedicó el mismo número de tomas a los atletas alemanes y a los extranjeros, incluidos los de color (en una toma de la ceremonia de clausura, aparece un atleta anónimo agitando la bandera de los EUM), y quienes la acusaron de nazi no pueden explicar cómo, si lo era, documentó la repugnancia y furia de Hitler ante el triunfo del atleta afroamericano Jesse Owens y su furiosa salida del estadio para no felicitarlo. Milagros de la lente, lo calificó alguna vez Carlos Fuentes. El atleta negro conservó su record de salto largo durante 25 años; el Reich de los mil años de Hitler sólo duró 12 años, un dato interesante de numerología.
Leni era una amante de la belleza y la fuerza y es muy posible que la oportunidad de exaltar lo que ella considerara virtudes, la hayan llevado a colaborar con los nazis, con los cuales se limitó a ejecutar un trabajo, sin que pudiera demostrarse que existiera una simpatía especial. Jamás le pudieron comprobar que se hubiera afiliado al partido nazi.
Sin embargo su “belleza aria” fue caricaturizada muchas veces en dibujos animados y en el cine, especialmente en el norteamericano. Una de las muestras es el film de Steven Spielberg: Indiana Jones y la última cruzada, en la cual se la tipificó como la mujer fatal nazi, en el personaje de una arqueóloga.
 
PENITENCIA…
Tras el final de la guerra, Leni fue hostilizada por los aliados, quienes deseaban llevarla a juicio, a pesar de que ella se había desligado de los nazis e incluso se había ido a vivir fuera de Alemania, por lo cual no podía culpársele de cómplice de “crímenes de guerra” o de cualquier colaboración con la barbarie nazi. Fue detenida, sus bienes confiscados (incluyendo gran parte de su obra, aún la no relacionada con los nazis), su matrimonio fracasó —se había casado en 1944—, pero como un ave Fénix, ella se levantó de las cenizas y continuó con su obra artística, ahora como fotógrafa. A la edad en que las mujeres son abuelas o bisabuelas, Leni aprendió a bucear y se dedicó a realizar documentales espectaculares en arrecifes. Bien entrada en sus años 90, seguía saltando en paracaídas.
Poco después de cumplir 101 años de edad, Leni murió en Pöcknig, Baviera, el 8 de septiembre de 2003.
Con ella se fue una de las épocas más brillantes del cine mundial
 
 
Filmografía
Tragödie im Hause Habsburg (1924)
Der Heilige Berg (1926)
Wege zu Kraft und Schönheit — Ein Film über moderne Körperkultur (1926)
Große Sprung, Der (1927)
Schicksal derer von Habsburg, Das (1928)
Weiße Hölle vom Piz Palü, Die (1929)
Stürme über dem Mont Blanc (1930)
Weiße Rausch — Neue Wunder des Schneeschuhs, Der (1931)
Das Blaue Licht (La luz azul, 1932)
S.O.S. Eisberg (1933)
Der Sieg des Glaubens (Victoria de fe, 1933)
Triumph des Willens (El triunfo de la voluntad, 1934)
Tag der Freiheit: Unsere Wehrmacht (Día de libertad: Nuestras Fuerzas Armadas, 1935)
Olympia (Parte I «Festival de las Naciones» y Parte II «Festival de la belleza», 1938)
Tiefland (1954)
Impressionen unter Wasser (Impresiones bajo el agua, 2002).
Redacción Voces del Periodista

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