El destino ya nos alcanzó

VOCES OPINIÓN Por: Lic. Mouris Salloum George

En “los días de vino y rosas”, cuando el Pacto por México abría el surco, roturando sobre ya de por sí maltrecha Constitución, la tecnocracia triunfalista apostaba todo su futuro a las afamadas reformas transformadoras. Eran los días del Mexican moment.

Por causas que, según el discurso público, obviamente “son culpa del entorno internacional” y no de los responsables de la operación administrativa de aquellas grandes reformas, hacia finales de 2014 el optimista esquema empezó a dar señales de fisuras cuando comenzó el desplome de los precios petroleros.

Los periodistas de “la fuente” cuestionaban a los portavoces del gabinete económico sobre qué providencias se estaban tomando para lidiar con “los factores externos”. No hay Plan B, era invariablemente la respuesta.

Fue hasta finales de 2015, por la fuerza de los hechos, que la Secretaría de Hacienda y Crédito Público dio inicio a los primeros recortes del gasto público, que alcanzan niveles superlativos en los  presupuestos de 2017.

Impenitentes, los del sector energético continuaron el descuartizamiento y la entrega al extranjero de la industria petrolera, armando el perfecto círculo vicioso: No hay recursos fiscales porque no hay ingresos petroleros; no hay ingresos petroleros porque Petróleos Mexicanos (Pemex) dejó de ser la gallina de los huevos de oro.

¿Existe un Plan B, señor secretario? “No es necesario, la situación es manejable”.

“Los factores externos” siguieron conspirando contra la economía nacional. Pero ahora aquí se les puso nombre propio: Donald Trump, precandidato republicano a la Casa Blanca.

Candidato formal ya, Donald Trump fue invitado a Los Pinos en agosto pasado. De ese acto irreflexivo se hizo escandalo mediático.

En la tolvanera levantada por ese teatral espectáculo, se pretendió ocultar sólidos análisis de expertos en economía, domésticos y extranjeros que, a la vista del IV Informe de Gobierno, concluyeron que, en el huracán, hasta las variables fundamentales estaban resultando zarandeadas a causa de la incontenible devaluación del peso, “provocada”, por supuesto,  “por el vociferante candidato presidencial republicano”.

¿Hay Plan B, nuevo secretario X? “Estamos revisando todos los factores. Los criterios de Política Económica de 2017 nos blindan contra nuevos riesgos”.

Entre esos criterios, se incluyó la tentación de hacer efectivo el crédito “flexible” autorizado por el Fondo Monetario Internacional (FMI: Más 80 mil millones de dólares), a contrapelo de prevenciones contra más endeudamiento,  cuyo monto actual por encima del 50 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) supera ya la capacidad de manejo fiscal.

Mientras aquí se pretendía ilusamente exorcizar los demonios de Donald Trump, al cierre de las campañas electorales de los Estados Unidos las encuestas sobre intención de voto plantean la posibilidad real del triunfo del temido candidato a la Casa Blanca.

Por fin, parece haber una tardía señal de Plan B. Al cuarto para las doce, el secretario de Hacienda, José Antonio Meade Kuribreñas declaró que México está listo “para un eventual triunfo de Trump”.

La volatilidad llegó para quedarse

La cuestión, es que el funcionario porfía en un discurso tranquilizador que se ha desgatado por el abuso: “Existen bases para amortiguar la volatilidad financiera”.

No parecen compartir esa afirmación, por ejemplo, la Junta de Gobierno del Banco de México y la mayoría de las agencias calificadoras neoyorkinas, que colocan la prolongación de la volatilidad como una Espada de Damocles, incluso en la perspectiva del ya cercano 2017, si no es que hasta 2018.

En cierto momento de la recurrente crisis, algunos mordaces detractores de la política económica neoliberal, llegaron a exclamar: ¡Ya no queremos realidades, queremos promesas”.

Un discurso realista podría partir de la brutal exhortación de Winston Churchill a los ingleses: “Sangre, sudor y lágrimas”. Miguel de la Madrid lo dijo con su grave acento: “Medidas dolorosas, pero necesarias”. Al menos, el infelizaje supo a qué atenerse.

Según sus fieles cronistas, Carlos Salinas de Gortari fue un Presidente “que engañaba con la verdad”. Menester en estos momentos de destino, es dejarse de simplones retruécanos e informar -no engañar- con verdades verdaderas.

El destino ya nos alcanzó. Estamos curados de espantos. La sociedad mexicana es mayor de edad y no se chupa el irritado dedo. El humor social se exacerba más cuando el grupo dominante pretende que es mera cuestión “de percepción” el avistamiento del abismo. Cámbiese el libreto. Vale.

Redacción Voces del Periodista

Redacción Voces del Periodista


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