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El poder discursivo del autoengaño

El poder discursivo del autoengaño

VOCES OPINIÓN Por: Mouris Salloum George

Para decirlo pronto, entre las medidas “dolorosas pero necesarias” impuestas por la tecnocracia neoliberal en México, estuvo culpar al costo laboral de las empresas del incremento de la inflación. De lo que siguió, que el Banco de México impuso a rajatablas los topes salariales.

No se requiere ser experto en la lectura de matrices insumo producto para deducir las perversas consecuencias de aquel ataque al aún vigente artículo 123 de la Constitución, que establece que los salarios mínimos generales deberán “ser suficientes para satisfacer las necesidades normales de un jefe de familia en el orden material, social y cultural”.

Primer resultado: El Centro de Análisis Interdisciplinario de la Facultad de Economía (UNAM) presentó una investigación en la que se concluye que, entre 1987 y 2014, el costo de la Canasta Básica Recomendable aumentó 4 mil 773 por ciento, mientras que en ese periodo el salario tuvo incrementos de apenas 940 por ciento (4 a 1). A 2014, el poder adquisitivo del salario se contrajo 78.66 por ciento.

En julio de 2016 -hace pues apenas siete meses-, el Centro de Estudios Económicos del Sector Privado advirtió sobre los perniciosos efectos de la precariedad del ingreso en el hogar sobre el consumo, al observar que las nuevas contrataciones laborales se basan en salarios más bajos.

Hasta ahora, nadie ha dicho que una institución académica que basa su investigación en disciplinas científicas, y una institución privada que habla por el sector empleador, mientan.

Ayer se escuchó de nuevo aquello de que “a veces las cosas buenas poco se cuentan, cuando cuentan mucho”.

Lo repitió el presidente Enrique Peña Nieto ante un  foro de la Asociación Nacional de Tiendas de Autoservicio y Departamentales (Antad).

Una de las cosas buenas que cuentan mucho, la contó el Presidente: En los cuatro años que lleva la actual administración, “el salario mínimo ha tenido una recuperación del poder de compra de 13.5 por ciento”.

Algo no cuadra en la selección de fuentes

Según acompañan las crónicas de ese evento, las fuentes del Presidente son, entre otras, el citado Banco de México, el Instituto Nacional de Geografía y Estadísticas (Inegi) y el Consejo Nacional de Evaluación de las Políticas de Desarrollo Social (Coneval).

Si los irrisorios aumentos a los salarios mínimos en el actual sexenio han sido anulados en automático por el incremento de la inflación (sobre todo en los indicadores del último bimestre), ¿cómo se acredita que su poder de compra mejoró en 13.5 por ciento?

¿Es confiable como fuente de ese dato el Banco de México, que impone los topes salariales?

Si un instituto universitario de Investigaciones Económicas y una institución portavoz del sector privado empleador carecieran de credibilidad, según el criterio del gabinete económico, preciso es salir de compras al mercado y compartir las angustias de las amas de casa para llenar la Canasta Básica Recomendable. Los consumidores no se autoengañan. No les sirve ni de consuelo.


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