El ranchero Javier Duarte en Valle de Bravo

VOCES OPINIÓN Por: Lic. Mouris Salloum George

Por elementales imperativos de Seguridad Nacional, el Estado de México es un enclave que no puede ser desatendido por el Estado Mayor Presidencial y la Secretaría de Gobernación, al través del Cisen, que en la entidad deben mantener cotidianamente un monitoreo fundado en tareas de Inteligencia militar y política.

Para empezar, el Estado de México es la residencia nativa del presidente de la República Enrique Peña Nieto.

Desde hace tiempo, acaso desde finales la década de los setenta, se convirtió en refugio de jefes de bandas del narco en su huida del Triángulo dorado de la droga (Sinaloa, Chihuahua y Durango), tomado por el Ejército en el despliegue de la Operación Cóndor.

Entre 1988 y 1990, en un predio de 26 hectáreas, en Santa Juana Centro, del municipio de Almoloya de Juárez (Edomex) se construyó y entró en funcionamiento el Centro Federal de Readaptación Social Número l, identificado primero como reclusorio de Alta Seguridad de Almoloya y ahora como penal del Altiplano.

En dicho establecimiento han sido confinados los delincuentes mexicanos de más alta peligrosidad; el más célebre, Joaquín El Chapo Guzmán Loera.

Por esa causa, en la zona metropolitana de Toluca se registró un repoblamiento con familias de dichos reclusos provenientes de sus estados de origen y ahí instalaron sus despachos alternos los abogados de indiciados y reos.

Desde hace al menos una década, otro fenómeno afectó el Estado de México: Fue visible en al menos 13 municipios el efecto cucaracha provocado por el desplazamiento de criminales de la Familia Michoacana y de Los Caballeros templarios.

Adicionalmente, los valles de Bravo y Malinalco, del mismo estado, se convirtieron en opción residencial de prominentes políticos y  magnates de la iniciativa privada que en esos exclusivos parajes pasan sus fines de semana.

Los registros del Sistema Nacional de Seguridad Pública tienen al Estado de México como una de las entidades con más altos índices de criminalidad. Incluso, el Departamento de Estado (USA) ocasionalmente ha dictado alertas a sus connacionales para evitar viajes a dicha entidad.

El Estado de México es destino frecuente en la agenda del presidente Peña Nieto.

Nada menos ayer, el Presidente visitó el municipio de Villa Victoria. Desde ahí incitó a encontrar motivos “para hablar bien de México”, y que los “negritos en el arroz” no sea lo único que se conozca del país en el mundo.

Sí: Hay razones bastantes, de ayer y de hoy, para catalogar el Estado de México como prioridad en materia de Seguridad Nacional.

¿Cómo, inversionista tan próspero pasó inadvertido?

Por ello, resulta inexplicable que haya pasado inadvertida la incursión del prófugo gobernador de Veracruz con licencia, Javier Duarte de Ochoa, en esa entidad.

Hace cinco años, en el aeropuerto internacional de Toluca se interceptó un avión ejecutivo fletado por el gobierno de Veracruz que transportaba más de veinte millones de pesos en efectivo. Los resultados de la indagatoria federal del caso se perdieron en la noche de los tiempos.

Ahora, es piedra de escándalo “el descubrimiento” en Valle de Bravo (Edomex) del rancho Las Mesas, propiedad que se adjudica a Duarte de Ochoa, con derroches de lujo propios de un Sha: Cabañas que compiten en ramplonería con las que hace dos sexenios disfrutaba la pareja presidencial en Los Pinos, establos con caballos pura sangre, lienzo charro, etcétera.

Según denuncias de alcaldes veracruzanos, esos gustos rastacueros habrían sido financiados con desvíos de recursos públicos que debieron ser aplicados a Educación y Salud. Algunos cálculos cifran los montos de esos desvíos en unos 16 mil millones de pesos, trasegados al través de empresas fantasmas.

Para ilustrar el tema, pongamos por caso en el mismo Edomex, el selecto fraccionamiento residencial en el municipio de Atizapán, cuya razón social es Condado de Sayavedra. Cualquier vecino sabe quiénes, políticos o empresarios, son los propietarios y huéspedes asiduos de esas mansiones.

En Valle de Bravo nadie fue capaz, aunque fuera por mera curiosidad de lavadero, de identificar al poderoso inversionista y propietario del rancho Las Mesas.

¿Qué hubiera ocurrido si el prófugo Javier Duarte de Ochoa no pierde electoralmente el Estado de Veracruz?

El hubiera, dicen sedicentes sabios no existe. Dejamos el tema de ese tamaño.

Redacción Voces del Periodista

Redacción Voces del Periodista


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