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El suplicio de Tántalo

El suplicio de Tántalo

VOCES OPINIÓN Por: Mouris Salloum George

Aunque la oposición más radical al viejo régimen priista solía tipificar a sus conductores de arbitrarios, tiranos, sátrapas totalitarios… había sin embargo en esos políticos ciertos rasgos de optimismo ilusorio.

Al acometer lo que proclamaban como grandes reformas, lo mismo del Estado que del partido, la incitación a los convocados se expresaba en estos términos: Hagamos  el omelet de tal manera, que los huevos no puedan volver al cascarón.

Alegoría plástica de buena factura, no obstante no se compagina con la realidad en cuyo teatro se da la brutal pugna de intereses y donde los chicharrones que más truenan son los del poder económico.

“Las conquistas históricas de la clase trabajadora”, “la reivindicación de las causas y los derechos campesinos”, el “Capitulo Económico de la Constitución”, etcétera, son divisas que antes de llegar a los bronces fueron arrastradas por el huracán neoliberal.

Un huracán absolutamente predecible: Se diseña y se gesta en el norte, sus vientos hasta de más de 250 millas por hora se desplazan hacia el sur, cumple sus fines depredadores y retorna hacia el norte convertido en marejadilla leve que eleva los niveles de liquidez en las bóvedas de los arquitectos y usufructuarios últimos del fenómeno.

El infelizaje -como año con año ocurre en Haití, sólo para citar el caso más dramático- no sabe de los ciclos de las bíblicas vacas flacas y las vacas gordas porque, para empezar, sólo ha visto los vacunos en alguna fotografía, si bien le va.

Pongamos el caso mexicano bajo este esquema: Entre finales del sexenio de Vicente Fox y principios del de Felipe Calderón, los precios del petróleo alcanzaron sus máximos históricos (hubo sesiones con 150 dólares el barril de crudo- y la renta petrolera llegó a techos sin precedente.

El saqueo impidió que algún beneficio aterrizara en el llano. Los especuladores elevaron la producción internacional y las cotizaciones del crudo se desplomaron. En los Estados Unidos, por ejemplo, bajaron los precios de los derivados en favor de los consumidores. En México no.

Viene, viene… nuevo encarecimiento de los alimentos

La OPEP resuelve que limitará la producción de sus países miembros. Obviamente, aunque sea gradualmente, los precios se recuperarán. Aquí ya se anuncian para 2017 nuevos gasolinazos. El mismo efecto pero, como diría Cantinflas: Al revés volteado.

No termina ahí el humor negro. Ayer, el Banco Mundial (BM), para ilustrar nuestro optimismo, previno que el incremento de las cotizaciones petroleras impactará en 2017 el costo de los alimentos, que, mecánicamente se repercutirán en el consumidor último.

Le puso tasas el BM a esa amenaza: 2.9 por ciento a cereales, 3 por ciento a granos, 5 por ciento a aceites y otros alimentos. La razón: El aumento en los costos de fabricación de químicos y fertilizantes,  insumos que, en el caso de México, los productores tienen que importar y pagarlos, por añadidura, a precios-dólar, misma moneda con la que México paga la importación de productos agropecuarios, a granel o procesados.

Como vemos, diría el clásico, El suplicio de Tántalo: Todos los días, subir la pesada roca solo para verla rodar de inmediato y volver a subirla de nuevo en un tormento sin  solución de continuidad.

Hace 26 meses, el presidente Enrique Peña Nieto, en acto en Palacio Nacional, por supuesto, celebró la Reforma Energética: Superamos décadas de inmovilidad, se han derribado barreras que impedían a México crecer de manera acelerada y sostenida…

Casi les repite Peña Nieto a los empresarios privados la convocatoria de López Portillo a los mexicanos: A prepararse para administrar la abundancia. En realidad, les dijo que se prepararan -“desde ahora”- para pujar en la primera ronda de licitaciones.

Ahora, el Congreso de la Unión se quema los sesos tratando de cuadrar las cuentas de los presupuestos recortados para 2017. Todo, porque el petróleo arruinó las finanzas públicas.

No hay moraleja si decimos que no siempre el omelet puede salir al gusto del cocinero, menos del comensal. Suele ocurrir.

Redacción Voces del Periodista

Redacción Voces del Periodista


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