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En casa de jabonero, el que no cae resbala

En casa de jabonero, el que no cae resbala

VOCES OPINIÓN Por: Mouris Salloum George

Al emprender su campaña como candidato presidencial en 1981, Miguel de la Madrid propuso al electorado un catálogo de tesis, ideas-fuerza se les llamó. Fueron siete. Una de ellas, la Renovación moral de la sociedad.

El leitmotiv de esa proposición era el combate a la corrupción de los servidores del Estado.

Aquel año, la casa editorial gubernamental, el Fondo de Cultura Económica, editó la obra ¿Remedios contra la corrupción?/ Cohecho, cruzadas y reformas, debida al jurista estadunidense W. Michael Reisman.

Acaso para sensibilizar a las nuevas generaciones, el CREA la reprodujo en 1984 en su colección Biblioteca Joven.

Sólo citaremos un fragmento de la obra de Reisman: La gente virtuosa rara vez se siente obligada a proclamar su propia virtud. El hecho mismo de que una disciplina se sienta obligada a anunciar una y otra vez su “incansable” búsqueda de la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, despierta la sospecha de que algo muy diferente se está haciendo.

Viene al caso ese expediente (de hace 36 años) habida cuenta que, desde hace más de cuatro años, “porque la sociedad lo demanda”, el Peñismo proclamó a la rosa de los vientos su compromiso de combate a la corrupción.

Para el segundo semestre de 2016, el Instituto Mexicano para la Competitividad patrocinó una investigación en la que se concluye que la corrupción cuesta a los mexicanos más de 900 mil millones al año.

No es cierto, la tortuga no le gana al conejo

El proceso legislativo para ese fin, comandado  por el fáctico Pacto por México, puso a lomo de tortuga los tiempos.

Tiempos sórdidos, porque alguna de las iniciativas del paquete correspondiente incluso fue vetada por  el Ejecutivo, ya que fue adulterada en las cámaras por no convenir a los servidores del Estado; entre ellos a los propios legisladores federales, señalados como sujetos obligados a las declaraciones patrimonial, fiscal y de conflicto de intereses.

En ese lapso, se han destapado no pocas cloacas: Las de los gobernadores de los estados, la más escandalosa.

A pesar de los plazos prestablecidos, el procedimiento para construir el Sistema Nacional Anticorrupción fue colocado en punto muerto porque falta en dicho sistema el actor principal, el Fiscal especial adscrito a la Procuraduría General de la República.

Dicho como hipótesis: Un principio de la doctrina constitucional mexicana establece la no retroactividad de las leyes, para evitar la sospecha de destinatarios específicos de su aplicación. No habrá régimen de excepción, dice la propia Carta.

Pues bien: A la actual administración la restan sólo 20 meses de gestión. Aunque ya se promulgaron y publicaron  varias de las leyes anticorrupción, pocos, a no ser por los especialistas, saben lo que dicen algunos transitorios condicionantes a la vigencia de esos ordenamientos. El que hace la ley, hace la trampa.

La novedad de este día, es que, de la legión  de postulantes al cargo de fiscal federal anticorrupción, todavía no se termina el descarte  y no se puede proclamar: ¡Habemus fiscal!

Hoy, en el periodo de comparecencias, fueron eliminados al menos tres aspirante. Dos de ellos fueron pillados con los dedos en el teclado: Sus ensayos para el examen resultaron “muy parecidos y con párrafos idénticos”. Son de los que quieren combatir la corrupción. Y la farsa sigue.

Ya lo dijo Reisman: “La gente virtuosa rara vez se siente obligada a proclamar su virtud”. Si lo hace, despierta la sospecha de que algo diferente se está haciendo. Suele ocurrir.


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