La diplomacia de las cañoneras

La diplomacia de las cañoneras

VOCES OPINIÓN Por: Lic. Mouris Salloum George.

 

Como México está en Paz, según la leyenda que empezó a escribirse el 1 de diciembre de 2012, para que las Fuerzas Armadas mexicanas no estén ociosas, su Comandante Supremo las está enviando a pacificar otros cuadrantes el planeta.

No conocen los compatriotas los partes de novedades que los mandos de esas misiones remiten a la superioridad, pero todo hace suponer que la cultura pacifista que acreditó México desde los albores de la Independencia se está implantando en otros conflictivos puntos de la Tierra.

México, Premio Nobel de la Paz, obtuvo esta distinción no sólo por su histórico discurso contra la intervención bélica o política extranjera, sino porque, en los hechos, nuestro país no ha atentado contra la soberanía de otros pueblos ni siquiera en el caso de Belice; menos, contra la provocación maquinada en ocasión no lejana por el gobierno de Guatemala.

Una duda razonable subyace sobre el destacamento de las “misiones de paz” en territorios extranjeros.

Voces internas e internacionales, incluso reportes sobre Derechos Humanos procesados y divulgados por el Departamento de Estado (USA) e investigaciones periodísticas de medios neoyorquinos, denuncian de manera recurrente las transgresiones en esa materia imputadas al Ejército mexicano.

Más grave aún: Desde el mandato presidencial de Ernesto Zedillo Ponce de León, en su carácter de Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas mexicanas acercó a El Pentágono a los mandos militares nacionales a encuentros sobre estrategias de Seguridad Hemisférica, diseñadas según el interés de Washington.

Peor todavía: Fue en aquel sexenio en que soldados mexicanos, rigurosamente seleccionados, fueron enviados a campos en las selvas guatemaltecas donde el Departamento de Defensa del país vecino entrenaba a los temibles y temidos kaibiles, fuerzas de élite para el exterminio de comunidades indígenas.

Y así surgieron los Matazetas

Con esos activos castrenses se formaron secretamente en México los primeros Grupos Aerotransportados de Fuerzas Especiales (Gafes). Al tiempo, se supo que los cárteles de la droga, particularmente el del Golfo, sonsacaron a esos cuadros de élite con  los que se formaron Los Zetas, que devinieron sicarios de otras bandas del crimen organizado.

Incluso, en señalados momentos, los aparatos de seguridad mexicanos detectaron en territorios chiapanecos y michoacanos la presencia de kaibiles. En Veracruz, concretamente, empezaron a operar los matazetas, sembrando el terror entre la población  de esa entidad, considerada una de las más peligrosas de la República.

Aleatoriamente, primero el Comando Sur y ahora el Comando Norte de El Pentágono estadunidense, mantienen vínculos de mando virtual sobre las Fuerzas Armadas mexicanas.

Ahora bien, a propósito de las llamadas “misiones de paz” en el extranjero, no hace mucho tiempo, a solicitud ciudadana de información pública, se dio a conocer que sólo la Secretaría de la Defensa Nacional envió entre 2003 y 2013, para su entrenamiento en bases militares foráneas, un total de dos mil 129 efectivos.

Para citar sólo tres destinos, destacamos Israel, los Estados Unidos y Alemania, “casualmente” actores centrales -así hayan sido los judíos en calidad de víctimas- de la Segunda Guerra Mundial y protagonistas de la Guerra Fría, ahora reeditada.

Otros destinos son Colombia y Chile, que tienen estatuto de “observadores invitados” de la Organización del Tratado del Atlántico (OTAN), que mantiene perpetuamente asolados los territorios de Medio Oriente.

La aceda cereza en el pastel, lo constituye el hecho de que los Estados Unidos suman a sus contingentes regulares del Ejército y la Armada en aquellos devastados territorios, cuerpos de los llamados “contratistas”, figura con la que los críticos de Washington aseguran que El Pentágono ha “privatizado la guerra”.

Si los miembros de las mexicanas “misiones de paz” podrían catalogarse meros compañeros de viaje de los ejércitos beligerantes en el extranjero, no puede pasarse por alto que, más temprano que tarde, los combatientes, en particular los estadunidenses, retornan a su patria víctimas de los traumas y síndromes posbélicos. No son pocos los implicados en brutales matanzas en el interior de la Unión Americana.

¡Qué se le va hacer! Ya estamos inscritos en “la diplomacia de las cañoneras”.

Redacción Voces del Periodista

Redacción Voces del Periodista


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