La locura americana

La locura americana

VOCES OPINIÓN Por: Lic. Mouris Salloum George.

La fotografía (Afp), no puede ser más ominosa e intimidatoria: Un comando armado de los West Ohio Minutemen (banda que los medios de comunicación de los Estados Unidos tipifican como ultraderechista), hizo público acto de presencia ayer en el entorno de la Convención Nacional del Partido Republicano, en Cleveland, que formalizó la candidatura presidencial del Donald Trump.

El clásico sostiene que “una imagen dice más que mil palabras”. Lo que haya expresado en su discurso de aceptación de la candidatura  el millonario estadunidense, queda en mera añadidura.

Nada de lo que -desde la misma Casa Blanca, en El Capitolio, en los medios de comunicación y ayer en las calles de Cleveland-, se haya manifestado como advertencia desde el inicio de las elecciones primarias, pudo contener la vertiginosa marcha de Trump a Washington.

Si el escrutinio de votos de los delegados republicanos a favor de la nominación de Trump no fuera suficiente, dentro y en el exterior del recinto convencional se registró la presencia de contingentes que forman parte de los sectores demográficos y sociales contra los que el ya candidato se ha lanzado sin temblarse la lengua de madera.

No es -el ascenso de Trump- asunto de la siquiatría, como algunos de sus detractores han sugerido. Es un síntoma de la cultura (¿subcultura?) política que prima en la sociedad norteamericana de las posguerras, exacerbado ahora por la despiadada aplicación del modelo económico neoliberal, que ha profundizado las estructuras de la desigualdad social, en cuyo caso habría que remitirnos a la sicología de las masas.

El retorno de Los emisarios del pasado.

¿A qué nos suenan estos postulados?: “Poner nuestra economía en movimiento y a la gente en el trabajo. Desembarazarse de los cabilderos extranjeros, desembarazarse de los comités de acción política. Hacer seguros nuestros barrios y calles, evitando crímenes y violencia… trasmitir el Sueño americano a nuestros hijos, haciéndoles compartir los sacrificios que sean necesarios”.

“Recuperar América”, en síntesis. Palabras más, palabras menos, son los contenidos de las peroratas de Trump desde las elecciones primarias.

Pero la literalidad de los entrecomillados anteriores corresponde al discurso de hace apenas poco más de dos décadas de otro radical estadunidense, Ross Perot, cuando se lanzó a combatir el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

“Norteamericano: Salva tu trabajo… salva tu país”, eran las consignas de Perot. ¿Qué de extraño tiene que Trump haya retomado esa hostil retórica que le valen ahora la candidatura presidencial, si la revisión del TLCAN ha sido su caballito de batalla?

Nada súbito, ninguna novedad entraña el éxito del discurso del extremismo de derecha recalentado por Trump. El huevo de la serpiente no ha dejado de calentarse desde la época del macartismo de mitad del siglo XX.

Hacia 1968, alarmó a las buenas conciencias estadunidenses la irrupción electoral de George Wallace. Su nominación tuvo como plataforma la militancia de la Sociedad Birch, el Ku Klux Klan, el Consejo de Ciudadanos Blancos, Los milicianos y otros feroces compañeros de viaje.

La retórica de Wallace resultó bastante atractiva a los racistas, los populistas de derecha, antielitistas y rigidos “conservadores económicos extremos”, opuestos al Estado de bienestar, que movilizaron a grandes segmentos de la juventud. Para entonces, su registro electoral alcanzó más de 12 millones de votos populares.

No es esa una historia vieja. Los reductos de aquellas corrientes, con otras caretas, se han mantenido activos y son visibles hoy mismo en expresiones hasta de naturaleza nazi.

Esas denominaciones extremas tienen en la actualidad nuevas ventajas de penetración en el ser colectivo: Las cajas de resonancia en los medios de comunicación, en las que el propio Trump es “estrella”.

Frente a una desangelada Hillary Clinton, por lo pronto se puede decir que los resultados del primer martes de noviembre son de pronóstico reservado. El que sepa rezar, que rece.

Redacción Voces del Periodista

Redacción Voces del Periodista


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