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Nadie mata a la gallina de los huevos de oro

Nadie mata a la gallina de los huevos de oro

VOCES OPINIÓN Por: Lic. Mouris Salloum George.

Vicente Fox fue el primer candidato presidencial que en 2000 llegó a Los Pinos con la bandera de la anticorrupción, pero cuando declaró que su gobierno sería de “los empresarios, por los empresarios y para los empresarios” no hizo más que darle temperatura al huevo de la serpiente de la depredadora peste que asuela a México.

Digámoslo de esta manera: En 2016, sólo ocho por ciento de las empresas que operan en el país tiene una política anticorrupción. Contrario sensu, 92 por ciento carece de prevención contra la deshonestidad privada y pública que erosiona la economía nacional.

De ello se colige que, en México, la corrupción no es práctica excepcional: Está arraigada como un Sistema.

Si es así -como así es- se explica que el Congreso de la Unión se resista a sacar de una vez por todas el Sistema Nacional contra la Corrupción que, de acuerdo con el mandato constitucional del propio Poder Legislativo, debió estar definido a más tardar el 28 de mayo.

No es casual, ni gratuita, esa dilación, porque la partidocracia no quiere verse expuesta al voto de castigo en las próximas elecciones del 5 de junio en un tercio de las entidades de la República, en doce de las cuales habrá cambio de gobernador.

Se traicionan las expectativas de la sociedad civil

Esa exposición ante los votantes tendría resultados adversos para los partidos, porque -conocidos los borradores de dictamen de las iniciativas pendientes de bajarse al pleno de las cámaras federales- el sistema anticorrupción a medio  diseñar, no se compadece de las expectativas generadas en la sociedad civil desde que en 2012 el renacido PRI incluyó el tema entre los puntos de la agenda del Pacto por México.

Pongamos las cosas de este tamaño: La agencia internacional EY realiza la Encuesta Global de Fraude y Percepción de la Corrupción, cuyos resultados debieran ser guía para gobiernos y sector empresarial privado a fin de atacar el disolvente fenómeno que cuesta a los países un alto porcentaje del Producto Interno Bruto (PIB).

Según los parámetros de esa encuesta, el promedio internacional de prácticas de soborno y corrupción, es de 39 por ciento. En México, según los diversos valores que se analizan para los escrutinios y calificaciones, es de 82 por ciento: 43 puntos porcentuales por arriba de la media.

En tres categorías México falla: Incumplimiento de contratos, extensión del periodo obligado de los reportes mensuales y anticipación de ingresos o cambio en la determinación de las reservas para cumplir los objetivos.

Los fraudes ocurren por tres motivos: Fallas en controles internos, racionalización de cómo cometer el fraude y presión o incentivos para cometerlos, y plantear presupuestos agresivos y objetivos a sabiendas incumplibles, según explica el analista de la agencia EY, capítulo mexicano, Ignacio Cortés.

El modo operativo de dichas transgresiones se basa en pagos en efectivo, regalos en especie o invitaciones a “entretenimientos”.

La narrativa tradicional sobre la corrupción en México pasó de la “mordida” por violación a reglamentos en vía pública a la institucionalización de las comisiones a funcionarios públicos que manejan la licitación de contratos por obras y servicios y el régimen de adquisiciones.

Al implantarse el servicio del lobby en las cámaras legislativas, lo que se instituyó fue el moche, que algunos legisladores aprovechan en su beneficio, incluso con la asignación de presupuesto a gobernadores y presidentes municipales.

¿Para que darse prisa, pues, con el Sistema Nacional contra la Corrupción? Nadie mata la gallina de los huevos de oro.

Redacción Voces del Periodista

Redacción Voces del Periodista


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