¿No que no sonabas, pistolita?

¿No que no sonabas, pistolita?

VOCES OPINIÓN Por: Lic. Mouris Salloum George.

¡Fue horrible! ¡Fue horrible! suele decir El Longe moco, un personaje de Eugenio Derbez, en cuyos tartamudeos La gárgola pretende asistir en su auxilio para completar una narración inconclusa.

En la vida real, La gárgola ha sido representada por Rubén Aguilar, el ex vocero de Vicente Fox, quien, después de cada dislate de su jefe solía aparecer a cámaras: “Lo que el presidente quiso decir…”.

Antes, esa figura la actuaba un mono de ventrílocuo de carpa, como el afamado Don Roque, de Paco Miller. Ahora, en los medios electrónicos se les llama boca de ganso.

¿A qué vienen esas divagaciones? Vienen a que, desde hace 22 años, en México, a la primera provocación, desde Los Pinos y las secretarías de Economía y Relaciones Exteriores, se ha dicho y repetido hasta la saciedad que el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), es intocable.

¡Hete ahí! que, después del encuentro de Enrique Peña Nieto con Barack Obama en Washington, aquí la canciller Claudia Ruiz Massieu Salinas, hace unas cuantas horas declaró, por fin, que México está dispuesto a actualizar y modernizar el TLCAN.

Precisamente, el día de la cita de los presidentes vecinos, en este mismo espacio apuntamos que la sombra de Donald Trump planearía sobre los cielos de la Casa Blanca con su posición sobre el TLCAN: Lo renegociaremos o lo eliminaremos, dijo en septiembre de 2015.

En la conferencia de prensa conjunta de  ambos mandatarios, el tema no fue incluido, en las versiones mexicanas, ni siquiera de manera tangencial.

Resulta ahora que, en el entorno de un  foro convocado por el Colegio de México, Ruiz Massieu sorprendió a sus escuchas: 22 años después, “hemos manifestado estar en la disposición de modernizar y actualizar” ese mecanismo. En estricto rigor, esta sí es noticia.

¿Por qué el súbito pero tardío viraje? Peña Nieto había dicho en Washington que su gobierno no se entrometería en el proceso electoral de los Estados Unidos y que estaría en la mejor disposición de tratar con el Presidente que resulte electo.

El criterio de Trump sobre el TLCAN es del dominio público. Menos eco tuvo en los medios mexicanos una declaración de la hoy candidata demócrata Hillary Clinton quien, en el otoño pasado, expuso sus reservas sobre el Acuerdo TransPacífico de Asociación Económica por esos días en proceso de confirmación por los doce gobiernos suscriptores.

No sabemos lo que firman nuestros líderes hasta que pagamos las consecuencias, dijo palabras más, palabras menos, la señora Clinton.

Al menos dos Premios Nobel de Economía escribieron entonces una especie de advertencia para el gobierno mexicano: El Acuerdo TransPacífico es la depredadora continuidad del TLCAN.

No obstante, Peña Nieto dio curso al documento citado ante el Senado, donde repentinamente sonó la alarma de frenos. Es que, alguno que se preocupa por leer, reparó en que en el texto se incluye el convenio 98 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que impone a los Estados parte la cláusula sobre mejoras del régimen laboral de los países firmantes. Aquí sí, como dijo el ranchero, no baila mi’ja con el señor.

El daño ya está hecho

Como sea, el TLCAN está en el centro de gravedad de las relaciones trilaterales. Viraje tardío, dijimos línea antes, porque el daño ya está hecho.

En el periodo en que esa iniciativa fue enviada por Salinas de Gortari al Senado mexicano, el entonces presidente de la Concamin, don Germán Cárcoba García previno que, si no se actuaba con prudencia, se romperían “las cadenas productivas” nacionales. Ya ocurrió.

Las centrales sindicales y algunos legisladores de oposición exigieron que al libre comercio e inversión, se agregara la libre circulación de mano de obra. No fueron escuchados. La expulsión de trabajadores mexicanos de los Estados Unidos, es cuestión inminente en el discurso de Trump.

Las organizaciones campesinas que por aquella época postulaban la soberanía alimentaria, denunciaron que el ingreso de productos agropecuarios libres de aranceles arruinaría al agro nacional. Ya sucedió: Los mexicanos dependen para su alimentación de la importación de esos productos básicos subsidiados en sus países de origen.

Hablaron los oráculos allende nuestras fronteras. En México las gárgolas les hacen eco. Demasiado tarde. Como dice Derbez: ¡Fue horrible! ¡Es horrible!

Redacción Voces del Periodista

Redacción Voces del Periodista


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