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El Pacto de la Embajada

El Pacto de la Embajada

VOCES OPINIÓN Por: Mouris Salloum George

Hace tres años -21 de abril de 2014- el Banco de México puso en circulación una moneda conmemorativa con la leyenda: Centenario de la Gesta Heroica en el Puerto de Veracruz. El “valor” de cada moneda, 20 pesos. Un dólar de estos días. De cinco millones de piezas fue la acuñación.

Seguramente algunos coleccionistas guardan algunas de esas piezas, pero la gente del llano difícilmente recordará los mensajes de aquel centenario conmemorado, precisamente en el puerto veracruzano.

El título de esta entrega –El Pacto de la Embajada– se refiere a la conspiración urdida, hace 104 años, en la residencia diplomática de los Estados Unidos en México, que indujo a Victoriano Huerta al doble  asesinato del presidente  Francisco I. Madero, y del vicepresidente José María Pino Suárez.

La conspiración contra Madero fue maquinada por el embajador norteamericano Henry Lane Wilson, luego defenestrado por el presidente Woodrow Wilson. Pero el huésped de la Casa Blanca no permaneció ocioso ante la situación de México.

El gobernador de Coahuila, Venustiano Carranza, contra la vesania del desde entonces conocido como El chacal, había puesto en movimiento la sublevación constitucionalista.

Para usar una figura de nuestros días, el relanzamiento de la Revolución de 1910 fue tomado como coartada para acometer operaciones internacionales Rápido y Furioso a fin proveer de armamento a las facciones beligerantes.

El acoso armado sobre México operó, obviamente, desde los Estados Unidos, pero se apuntaron a la acechanza Gran Bretaña, Alemania, Francia y España.

Entre finales de 1913 y principios de 1914, las aguas del Golfo de México y del Atlántico, estaban plagadas de buques de guerra de diversa bandera, cuya bitácora tenía  en la mira las costas de Tamaulipas y Veracruz.

Para el 9 de abril de 1914, del buque USS Dolphin fondeado frente al puerto de  Tampico, con el pretexto de comprar gasolina, bajaron miembros de la tripulación a los que, presuntamente briagos, se les arrestó.

Aunque los marines fueron casi inmediatamente liberados, el capitán del buque, Henry T. Mayo, exigió como desagravio a la comandancia militar mexicana que se rindieran honores a la bandera de los Estados Unidos. Era una simple provocación.

De cómo se evitó un nuevo despojo territorial

Doce días después, 21 de abril, Wilson ordenó el desembarco estadunidense en Veracruz. Para el 30 de abril, los activos de la Armada eran relevados por comandos del ejército norteamericano, con la mira puesta en la toma de la Ciudad de México. La ocupación duró hasta el 30 de noviembre de 1914.

Existen versiones de que sus propios estrategas militares disuadieron a Wilson de suspender la aventura tierra adentro, argumentando las hazañas independentistas y la victoriosa defensa juarista de la República (errante) contra la invasión francesa.

Enfrentar, más que a un ejército regular, a una guerra de guerrillas al estilo de la comandada en su oportunidad  por las fuerzas de Morelos y un siglo después por Francisco Villa, distraería a las fuerzas armadas norteamericanas en una hora en que ya estaba presente el espectro de la Primera Guerra Mundial.

Con independencia de esas consideraciones, lo cierto es que -como lo hizo el oaxaqueño Matías Romero en Washington en el periodo de defensa de la República-, en 1914 se irguió la diplomacia soberana de México asumida por Venustiano Carranza.

Mañana se conmemora el 103 aniversario de la ocupación del puerto de Veracruz. No se puede hacer omisión de que uno más lúcidos asesores de Carranza, fue el patriota mexiquense don Isidro Fabela.

Así como hace un siglo estaba a caballo la Primera Guerra Mundial al uso todavía convencional, ahora cabalga el fantasma de la Tercera Guerra Mundial, en cuya sombría perspectiva se observa la tentación de recurrir a las armas nucleares, por cuya proscripción abogó México y le mereció el Premio Nobel de la Paz.

Cómo le hacen falta a México hombres de la talla del mexiquense don Isidro Fabela.

A los que ahora se les encomienda el aprendizaje del ejercicio diplomático para el cuidado de la soberanía nacional, andan muy preocupados en la defensa del libre comercio y remedando al Quijote en el combate de los muros de viento.

Para esos menesteres de nada sirven monedas conmemorativas de un dólar. Hacen falta vocación y sabiduría patrióticas.


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