Robles y Meade en temporada de patos

Robles y Meade en temporada de patos

VOCES OPINIÓN Por: Lic. Mouris Salloum George.

 

 

 

Para 1982, desvanecido el espejismo petrolero, “los buenos mexicanos” (López Portillo dixit), habían sustraído del país 44 mil millones en billetes verdes, destinados a depósitos bancarios y adquisiciones inmobiliarias en el extranjero.

En aquel momento, el secretario de Hacienda y Crédito Público, Jesús Silva Herzog, frente a la insolvencia de la economía nacional, dijo sin embargo que se trataba sólo de “un problema de caja”.

Sería porque en las bóvedas mexicanas permanecían todavía unos 12 mil millones de dólares, a los que también les salieron ágiles alas.

De cara al saqueo, López Portillo decretó la expropiación bancaria.

Días después de la toma de posesión de Miguel de la Madrid, el gobierno debutante declaró su arranque en circunstancias de una “economía de guerra” y se inauguraron las medidas “dolorosas pero necesarias”.

Una situación semejante la desencadenó el Error de diciembre de 1994, que requirió del oneroso salvataje de la presidencia suplente de Ernesto Zedillo por el gobierno de Bill Clinton.

Hasta ese periodo, fueron principalmente los responsables de las finanzas públicas los que se lanzaron a la rosa de los vientos a buscar auxilio cada vez que la economía nacional caía en el ojo del huracán, seguros de que el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Tesoro de los Estados Unidos no regatearían las respuestas esperadas.

Se le acabó el agua al bule

Se le acabó el agua al bule, dicen los rancheros cuando no tienen ni para pagar adeudos pendientes y buscan préstamos para el próximo ciclo de siembras.

De nueva cuenta, eso ha ocurrido después de que el petróleo tuvo sus mejores días en los sexenios de Vicente Fox y Felipe Calderón y a principios del de Enrique Peña Nieto.

La novedad es que ahora no son los tecnócratas del gabinete económico los que se lanzan a buscar en las agencias financieras internacionales respiración de boca a boca. Están anclados en la expectativa de un “crédito flexible” que el FMI tiene a disposición de México, según nota de estos días, por más de 80 mil millones de dólares.

Frente esa casi ilusoria expectativa, no piensan siquiera en una operación de contingencia para que el gobernador del Banco de México, el feroz cancerbero de más de 170 mil millones de dólares en divisas extranjeras, Agustín Carstens, afloje las fauces para soltar un solo dólar a fin de reactivar la economía productiva; mucho para la Cruzada Nacional contra el Hambre.

No son, pues, los tecnócratas del gabinete económico los que andan en visita a las siete casas en los Estados Unidos. En las últimas semanas a los que se ha visto en territorios de la Unión Americana, son emisarios del gabinete social.

¿Podrán convencer a Agustín Carstens?

Primero lo hizo la secretaria de Desarrollo Agrario, Urbano y Territorial, la ex perredista Rosario Robles Berlanga. Días después, al ex calderonista titular de la Secretaría de Desarrollo Social, José Antonio Meade.

¿Qué calle buscan en el país vecino Robles y Meade? Buscan a los mexicanos transterrados que, según diría Vicente Fox en su oportunidad, se encargan de tareas que “ni los negros quieren hacer”.

Por supuesto, Robles y Meade no van a indagar cómo andan los servicios de protección consular a esos expatriados amenazados con su expulsión por Donald Trump, función que corresponde a la canciller Claudia Ruiz Massieu Salinas.

Sabido como es que las remesas en dólares que envían los mexicanos laborantes en los Estados Unidos a sus familias abandonadas en México, se han constituido en soporte imprescindible de las menguadas finanzas nacionales, Robles y Meade han  iniciado la temporada de patos para convencer a aquellos perseguidos trashumantes de que hay magníficos destinos para sus billetes verdes en fascinantes proyectos que tienen en mente la SEDAUT y la Sedesol.

Robles ofrece reservas territoriales bajo su administración y programas para darles vivienda digna a las familias de los emigrados… y otros encantos.

Meade les dice que la Sedesol tiene maravillosos planes de unidades productivas rurales para que dichas familias no malgasten en consumo sus envíos, que promedian mensualmente unos 300 dólares mensuales por cabeza.

Es eventualmente posible que esos oficiosos embajadores convenzan a algunos de sus visitados de que, de veras, es benéfico construir un patrimonio seguro aquí para  cuando decidan regresar, o Trump decida por ellos y lo que tiene decidido el ahora candidato republicano es, si llega a la Casa Blanca, frenar el flujo de esas remesas a México.

La grave cuestión es si Robles y Meade podrán convencer al gobernador del Banco de México de que es verdad tanta belleza. Porque es el caso que todo billete verde que ingresa al país, incluso por narcotráfico, tiene que pasar primero por los filtros de la banca central para “esterilizarlos”. Esto es, convertirlo a pesos para evitar riesgos inflacionarios. Y es aquí donde la puerca tuerce el rabo.

Redacción Voces del Periodista

Redacción Voces del Periodista


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