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Todos somos iguales, pero hay unos más iguales que otros

Lic. Salloum George. Foto reducidaVoces del Director

Desde Filomeno Mata 8

Por Mouris Salloum George (*)

Nomás hay que verlos en las pantallas de televisión, contando las cosas “que queremos seguir contando”: Gerardo Ruiz Esparza (“hasta que mi jefe diga”), a orillas de los socavones, haciendo refritos del quinto informe de Gobierno; Ildefonso Guajardo, lanzando a la rosa de los vientos todos sus éxitos en la renegociación del TLCAN; Aurelio Nuño Mayer, buscando entre los escombros sureños lo que le queda de la Reforma Educativa…

Ven la tempestad (la natural y la electoral) y no se arrodillan. Ni los terremotos ni los huracanes los despeinan, ni les corren el maquillaje frente a los reflectores.

Pero eso del exhibicionismo burocrático no indica novedad alguna. Vamos a otro tema.

Colosio: ¡Veo un México con hambre y sed de justicia!

En el último acto metropolitano del PRI en el que compareció como candidato presidencial, Luis Donaldo Colosio (6-III-1994) le asestó a la primera generación de tecnócratas neoliberales esta piedra: ¡Veo un México con hambre y sed de justicia…! 17 días después fue asesinado.

Es otro enfoque del discurso del malogrado sonorense al que queremos referirnos: recorrido a golpe de    calcetín el territorio nacional durante su gestión como dirigente nacional del PRI y más tarde como titular de la Secretaría de Desarrollo Social, en su plataforma electoral Colosio incluyó un amplio capítulo al Desarrollo Regional, pensando en el equilibrio entre las metrópolis y las provincias rurales, a fin de atemperar la polarización socioeconómica.

De Desarrollo Regional había hablado en 1980 el Plan Global de Desarrollo (PGD). De buenas intenciones está empedrado el camino al infierno.

Oaxaca y Chiapas en la fotografía nacional

La ONU ha transitado los primeros tres lustros del siglo XXI por la patria de los parias mexicanos. Su Programa para el Desarrollo, que pone el acento en el desarrollo humano, da testimonio de que todo lo dicho en esta materia por las bocinas tecnocráticas son palabras que se las lleva el viento huracanado y la furia telúrica.

El PNUD mantiene la vista sobre la geografía nacional: En las asignaturas que acreditan el desarrollo humano, Oaxaca sigue ocupando el sitio 30 entre las 32 entidades federativas. Chiapas el 32. ¿Desde cuando los oaxaqueños y los chiapanecos siguen anclados en el rango de los más pobres entre los pobres de México?

No sólo Oaxaca y Chiapas, sino la mayoría de los estados del sur-sureste están a años luz, por ejemplo, de los privilegios que se dan a los habitantes de la Ciudad de México. Después de México, todo es Cuautitlán, se decía antaño para denunciar o reconocer las estructuras de la desigualdad.

Los damnificados de los recientes terremotos y los de los anuales huracanes y ciclones son los mismos, con los mismos nombres y apellidos,  damnificados históricos dejados a la mano de Dios. A nadie convencen las nuevas lágrimas del cocodrilo burocrático.

Sobre barridos, fregados

Consignemos un dato calientito: El director de Investigaciones Económicas del Banco de México, Daniel Chiquiar acaba de presentar el reporte sobre Economía Regional.

El informe considera el segundo trimestre de 2017. Respecto del periodo anterior, el indicador se fue a la baja: De 0.66 por ciento a 0.57. Décimas o milésimas de descenso, cuando se habla del buque de gran calado, no son “enchílame otras”.

Aunque la industria extractiva (minería), por verbigracia, reporta indicadores negativos, mal que bien el centro y norte flotan en sus propias expectativas. No ocurre lo mismo en el sur.

Pongamos la referencia en dos indicadores clásicos de las mediciones que los países industrializados emplean para ponderar la prosperidad social.: El sector automotriz y el de la construcción.

Según el Banco de México, en el sur del país, en el periodo analizado, la construcción se desplomó 16.70 por ciento, aun sin terremotos.

Con independencia de los fines y usos de las nuevas obras (si fueran habitacionales serían un signo de poder adquisitivo), el sector de la construcción es uno de los que generan altos índices de empleo. Si el crecimiento retrocede, los empleos se pierden.

El más fiel retrato de una sociedad de servidumbre lo trazan, dicho a escala nacional, la ocupación en el sector turismo (cuyos empleados dependen generalmente de las propinas de clientes dadivosos) y los sectores comercio (donde la ocupación se abarata con la coartada de la “capacitación”) y de servicios. Los tres sectores ahorran costos laborales tras la fachada del salario mínimo, sujeto a inamovibles topes.

Ya lo dicen los ingleses: Todos somos iguales, pero hay unos más iguales que otros. Un espectáculo eternamente cruel en México.

(*) Director General del Club de Periodistas de México



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