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El otro 5 de mayo (de 1989)

El otro 5 de mayo (de 1989)

EL LECHO DE PROCUSTO Por: Abraham García Ibarra

 

Sostienen los clásicos que las cosas de la política no se dan “por generación espontanea”. La máxima tiene un anexo: En política, no existen las casualidades.

De entrada, el registro es el siguiente: El 6 de febrero de 2003, al salir del despacho de su abogado Robert Yzaguirre, en MacAllen, Texas, fue ejecutado de un certero disparo el ex comandante de la Policía Federal mexicana, Guillermo González Calderoni, adulado en sus mejores días como el Eliott Ness mexicano.

Año y medio antes, el sórdido personaje del bajo mundo había sido requerido por la barra televisiva estadunidense Frontline a comparecer en la serie La guerra de las drogas.

El Comandante Guillermo, quien habría sido uña y mugre del jefe del Cartel de Juárez, Armando El señor de los cielos Carrillo Fuentes, declaró en aquella entrevista ser amigo del jefe del Cártel del Golfo, Juan García Ábrego, con quien algunos que decían saber les acreditaban compadrazgo.

En la misma emisión, el ex comandante judicial, de quien juez estadunidense negó la extradición solicitada por el gobierno mexicano, hizo varias revelaciones de las que, a efecto de este tema, destacamos una: Juan García Ábrego le habría confesado la cercanía de Raúl Salinas de Gortari con los García Ábrego, por lo que dedujo la implicación de El hermano incómodo en cuestiones del narco.

(Ya como ex presidente, Miguel de la Madrid, en declaración pública, dijo arrepentirse de no haber sido enterado a tiempo de “la moral” de los Salinas de Gortari).

Las ejecuciones de Obando y Gil

De Guillermo González Calderoni es la versión de que a Juan García Ábrego  le habrían pedido los Salinas de Gortari un servicio: La ejecución de Francisco Xavier Obando y Román Gil.

Obando y Gil fue binomio periodístico: Eran estrategas electorales del candidato presidencial del Frente Democrático Nacional (FDN), Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano. En efecto, fueron asesinados en la Ciudad de México unos diez días antes del 6 de julio de 1988.

Cárdenas contendía en esa campaña contra Carlos Salinas de Gortari.

(Después del asesinato de Luis Donaldo Colosio en marzo de 1994, su colaborador y amigo, Federico Arriola aseguró en su libro Así fue, que una de las cosas que molestaban al entonces candidato presidencial del PRI, era la exigencia de Salinas de Gortari de que, aplastara a Cárdenas Solórzano, entonces en su segunda campaña en pos de Los Pinos.)

El misterioso estadunidense Florencio Castro

Cambio de página: Después del 6 de julio de 1988, se había instalado en el Palacio Legislativo de San Lázaro el Colegio Electoral para la autocalificación de los diputados triunfantes. Una vez cumplido este procedimiento, de la LIV Legislatura federal surgiría el Colegio Electoral para la calificación de la  elección de presidente de la República.

Desde la instalación del primer Colegio Electoral, las sesiones en San Lázaro se habían convertido en una cena de negros (con perdón de los negros).

El 23 de agosto, el pleno de los diputados se estremeció hasta el tuétano: El equipo de seguridad dio la voz de alarma al descubrir a un sujeto que intentaba colarse con una mochila que contenía, según los de seguridad, una “bomba de fabricación casera”. ¡Atentado! ¡Atentado! Fue la primera reacción de los inquilinos de San Lázaro.

Dicho sujeto fue identificado como Florencio Castro, de origen español naturalizado estadunidense. En la noche de los tiempos se perdieron los pasos de este individuo. Lo último que se supo es que habría sido remitido al Campo Militar Número de la Secretaría de la Defensa Nacional.

Para el 2 de septiembre, ya estaba designado el Colegio Electoral de calificación de Presidente. Durante su desarrollo, hubo tentativas de apoderarse de los paquetes electorales del 6 de julio, concentrados en un área del estacionamiento subterráneo, bajo la custodia de una partida militar.

Una de esas tentativas la encabezó el diputado Abel Vicencio Tovar, ya nombrado coordinador de la bancada del PAN. Fue una franca e irresponsable provocación a los soldados, que no se amilanaron en el cumplimiento de la misión que tenían ordenada.

Ya hemos escrito repetidamente que el procedimiento legislativo para dar la investidura a Salinas de Gortari, fue tipificado por el constitucionalista michoacano y en esa hora diputado por el PRI, Don Antonio Martínez Báez como un Golpe de Estado técnico.

Los paquetes electorales del 6 de julio de 1988 permanecieron sellados. Fue hasta 1991, en la Legislatura LV, en que se les prendió fuego. Aceptó su incineración del nuevo coordinador de la bancada del PAN, el diputado Diego Fernández de Cevallos.

Flamea el Palacio Legislativo de San Lázaro

Pero la cabeza de esta entrega dice: “El otro 5 de mayo”, lo que amerita el segundo cambio de página.

La madrugada de esa fecha, de 1989, el augusto Palacio Legislativo amaneció en llamas. Desde entonces hemos acudido a la memoria del incendio del Reichstag (sede de la Cámara de Diputados alemana, a cuyos integrantes Adolfo Hitler trataba de sabandijas parlamentarias).

De nuevo se especuló con la versión del atentado. Algunos de los diputados de la oposición sostuvieron que el blanco del incendio serían los ya afamados paquetes electorales de 1988.

Como en el suceso del 23 de agosto de 1988, del del 5 de mayo de 1989 las indagatorias quedaron guardadas bajo siete llaves.

Y así empezaron las reformas estructurales

La LIV Legislatura de San Lázaro se convirtió en una cámara ambulatoria. Si lo ocurrido en 1988 y 1989 fueron o no acciones disuasivas, lo cierto es que un año después, el 4 de mayo de 1990, se pusieron a caballo las grandes reformas estructurales del Salinato.

Ese día se inició la reprivatización del sistema de banca y crédito, devenida desnacionalización.

De ese asunto, seguramente Pedro Aspe Armella, entonces secretario de Hacienda y Crédito Público, puede dar pormenores en su autobiografía.

Lo que nosotros afirmamos es que, en Política, no existen las casualidades. Recordarlo en 2018. Es cuanto.


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