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La cláusula que faltó en los convenios México-Dinamarca

La cláusula que faltó en los convenios México-Dinamarca

EL LECHO DE PROCUSTO Por: Abraham García Ibarra

Cuando era domicilio del poder presidencial, Palacio Nacional  tuvo grafiteados en sus viejos muros mensajes políticos que llegaron a describir a México como una especie de autarquía: La pretensión de autosuficiencia económica para detonar un desarrollo autónomo, nacionalista.

Siempre quedaba espacio, sin embargo -cuando se recibía a jefes de Estado extranjeros- para reclamar un sitio en “el concierto de las naciones”. Era el tenor de una diplomacia soberana.

Ahora, en la recepción de visitantes distinguidos, en Palacio Nacional las bocinas repiten con orgullo la pertenencia de México al modelo neoliberal y su adhesión a  la globalización, aunque esta comadre ande por estos días en diagnósticos poco favorables.

Cuando las distancias se miden en años luz

Palacio Nacional ofrece ahora, de vez en vez, el espectáculo de encuentros siderales, aquellos que los físico-matemáticos miden en años luz. Nos es imposible ensayar una ecuación tan compleja.

Pero, desde nuestra cercana y modesta atalaya periodística en el Centro Histórico, ayer observamos un encuentro “del tercer tipo” que nos dejó con los ojos y oídos cuadrados.

Primero, escuchamos los himnos nacionales de Dinamarca y México.  Luego una conferencia de prensa de dos interlocutores que hablan en dos lenguas retóricamente irreconciliables. Políticamente, aún más.

Las representaciones de esos interlocutores que se comprometieron a incrementar los intercambios comerciales, son sideralmente distantes. Pero nos llamó la atención la siguiente convicción: México es destino confiable para las inversiones.

Un dato nada más, en el tema de los intercambios que siempre se desean provechosos recíprocamente: Dinamarca, en el índice que diseña Transparencia Internacional  sobre la percepción de la corrupción pública, aparece como el país líder mundial en el combate de esa disolvente peste. En escala de 0 a 100 puntos, acredita 90.

México, en el combate a la corrupción pública, está situado en el sitio 123 de dicho índice, con 35 puntos. Sólo en un año bajó 28 puntos. Entre los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) México ocupa el lugar 35, que es el último en la nómina.

Los medios especializados, tanto nacionales como extranjeros, calculan que la corrupción en México cuesta al año unos 100 mil millones de dólares, equivalente al 10 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB).

Descomposición real de las instituciones

La doctora Jaqueline Peschard asumió hoy la presidencia del Consejo Ciudadano de Participación en el Sistema Nacional Anticorrupción, al que le falta aún el actor principalísimo: El fiscal.

Hora antes de asumir tan alto encargo, la doctora Peschard hizo una declaración espantosa: Frente a la corrupción, hay un ingobernable espectro: la descomposición real de las instituciones.

La cruzada anticorrupción no levanta a causa de las dilaciones en la efectiva instrumentación de “la cruzada”, percibimos nosotros.

Pero la presidenta del Consejo Ciudadano señaló otra rémora: La falta de acciones correctivas de procesos internos que les permitan detectar a tiempo actos de cohecho.

Suponemos esos “procesos internos” como la responsabilidad de los órganos de control administrativos en instancias del Estado y, particularmente del gobierno.

Aun sin ponerse finalmente a caballo el Sistema Nacional Anticorrupción en su densa percepción, sospechamos que aquellas “acciones correctivas” son de obligado deber de la Secretaría de la Función Pública (SFP), creada hace la friolera de 35 años.

Si la corrupción sigue costando a los mexicanos 10 por ciento del PIB, es obvio que la SFP y las contralorías internas de cada dependencia pública no han querido ejercer su responsabilidad, no obstante los periódicos reportes de la Auditoría Superior de la Federación (ASF) de la Cámara de Diputados, en los que se documenta todo tipo de trapacerías.

Si en eso de los intercambios comerciales México-Dinamarca se le asegura al primer ministro visitante, Lars Lokke Rosmussen que nuestro país “es un destino confiable para las inversiones”, en los convenios firmados debió introducirse una cláusula especial:

Que en el intercambio cultural entre ambos gobiernos, se establezca un sistema de becas  a  mexicanos para que viajen a aquel territorio nórdico a estudiar cómo le hacen para ser primeros en el mundo en el combate a la corrupción. Es cuanto.


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