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Oootra muerta de Juárez

Ambrosio engrasa la carabina

Oootra muerta de Juárez </span></p> Ambrosio engrasa la carabina

EL LECHO DE PROCUSTO Por: Abraham García Ibarra

El cañón asesino ya no resiste para rayar una muesca más. La estadística está repleta de guarismos. En las simulaciones digitales, no hay espacio para valorar la vida humana.

En esas negaciones morales se retrata la naturaleza de El sistema mexicano: Plomo o plata.

Hace unas cuantas horas escuchamos decir desde lo alto: El populismo cierra los espacios de la libertad.

En la edición impresa 354 de Voces del Periodista, retomamos esta cínica convicción: Cuando hablamos ‘de nosotros’ como el mundo libre, hablamos ante todo de un mundo en el cual los negocios son libres… La libertad de la persona viene después. Las ganancias en primer lugar; las personas vienen después.

La cita corresponde a un exégeta del capitalismo devenido demencial neoliberalismo, Thomas Morton. La recogimos de la obra de Claude Julien: El suicidio de las democracias.

Dada su condición de médico,  académico y rector de Universidad Pública, al doctor José Narro Robles se le identifica como un humanista. Ayer, sin embargo, afiló la lengua de madera y arremetió contra los populistas que “maltratan las instituciones”. Las gubernamentales, obviamente.

¿Jalar el gatillo? Basta crear al clima para que otro lo haga

Narro Robles fue orador único en el montaje en el que la decrépita nomenclatura priista recordó que su candidato presidencial Luis Donaldo Colosio cumplió 22 años de asesinado.

Horas después de que a Colosio le desparpajaron el cráneo en Tijuana, escuchamos decir al entonces todavía priista Manuel Camacho Solis: No se puede afirmar que fue el gobierno el que jaló el gatillo.

La responsabilidad del gobierno en todo caso, agregó, radica en que auspició el clima político para que ocurran ese tipo de abominables atentados.

Habiendo sucedido ese asesinato diez meses después del que segó la vida del cardenal Posadas Ocampo, y seis meses antes que corriera la misma suerte José Francisco Ruiz Massieu, algunas voces aventuraron la tesis de Crímenes de Estado.

En el XXII Aniversario de la ejecución del candidato presidencial del PRI, ayer en Ciudad Juárez, Chihuahua, en presencia de su hijo, recibió ocho mortales plomos la colaboradora de La Jornada, Miroslava Breach Valducea. Otra muerta de Juárez. ¿Cuántas muescas tiene rayadas el cañón?

Cómo se empolló el huevo de la serpiente

Al iniciarse hace más de tres décadas la ininterrumpida cadena de asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez, se planteó la hipótesis sobre los crímenes de odio.

En una codificación sociológica, se considera como crimen de odio el que se enraíza y se incuba en la intolerancia, el prejuicio y la animadversión.

Si los crímenes de odio son metódicos y sistemáticos, ello es así porque sus perpetradores son arropados por la impunidad. Entonces, aquí se da la responsabilidad de Estado.

Este es un testimonio personal, periodístico:

Hacia 1983, asumió el poder en Ciudad Juárez un gobierno radical de derechas que exhibió su signo en una denominación religiosa: Carismático, se dijo su titular.

Gobierno con siglas alternas, haría lo que los otros gobiernos no hicieron. Empezó por cambiarle el nombre a la Inspección de Policía por el de Dirección Municipal de Seguridad (DMS)

Los cuerpos de élite de la DMS, serían como los Swats (Special Weapons And Tactics), ya instituidos en California y adoptados y sofisticados  por el vecino estado de Texas.

En la nómina de aquel gobierno, sin asombro para decirlo francamente dada la adscripción ideológica de su origen, nos enteramos de que en el directorio aparecían militantes de Los Tecos, una secta criminal originaria y aposentada en Guadalajara, Jalisco. Sus expectoraciones  son hitlerianas.

Nos enteramos de más: En el norte de Chihuahua fueron acogidos activistas anticubanos, aunque “mexicanos”. Uno de ellos, al menos, fue indiciado por la colocación y estallido de una bomba en los talleres del periódico El Día, de la Ciudad de México. Se refugiaría después en Miami, Florida.

Operación de limpieza social

Dada la nocturna y pavorosa recurrencia de los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez, en algunos trabajos periodísticos cuestionamos  si los cuerpos especiales de la Dirección de Seguridad Municipal no estarían  cumpliendo tareas de limpieza social.

Tratamos de fundar nuestras sospechas a partir de la identificación de las víctimas. La mayoría procedía de otros estados de la República, enganchadas para servir en las maquiladoras donde, a causa de los bajos salarios, se veían obligadas a doble jornada laboral.

La odiosa explicación de aquellos crímenes no podía ser otra: Si aquellas humildes y trabajadoras mujeres ambulaban por las noches -porque sus patrones no les prestaban servicios de trasportes-, lo hacían  porque ejercían la prostitución. Fue el prejuicio más socorrido para tratar de justificar socialmente su exterminio.

Más de tres décadas después, no hay día en que las nuevas muertas de Juárez, ahora activistas por los derechos de las mujeres, no sean detonantes de la indignación pública. No obstante el número de víctimas, el campeonato le fue arrebatado a Ciudad Juárez por el Estado de México. La impunidad es el signo.

1984: El asesinato de Manuel Buendía

Volvamos a la primera mitad de la década de los ochenta, comienzo de la era neoliberal.

En ese periodo, por voces indiscretas de Los Pinos, llegamos a enterarnos de que “el Presidente, está hasta la madre” de algunos periodistas incómodos. En la misma residencia presidencial nació el seudónimo Pedro Baroja para golpear en algunos medios impresos a esos colegas.

Ya era del dominio público la intención de privatizar la industria petrolera. Ya incursionaban en México petroleras de la familia Bush. Daltónicos, fue el adjetivo más suave que se acuñó para asestarlo a los críticos de la política petrolera.

Por aquellos días de mayo, apareció la columna Red Privada. Contenía una revelación: Al menos un secretario del gabinete económico de Miguel de la Madrid mantenía contactos con un selecto grupo de magnates mexicanos, amparados bajo la denominación social Libre Empresa, S. A. (LESA).

El móvil de la secreta negociación, era la oferta de LESA de comprarle al Estado toda la cadena de empresas bajo su dominio y gestión. La columna, curiosamente, registra una excepción: Petróleos Mexicanos (Pemex).

Una semana después, el autor de Red Privada fue asesinado en la Ciudad de México el 30 de mayo de 1984. La anterior potencial línea de investigación no se exploró. Simplemente se impuso, como ahora para otros efectos, La verdad histórica.

El periodista asesinado fue Manuel Buendía Tellezgirón. En economía de espacio, nos reservamos otras especulaciones que desmienten la “verdad histórica”; figura ahora recalentada para aupar a autores de otros crímenes.

Así fue como se inauguró un nuevo deporte nacional

De aquella fecha data el asesinato de periodistas como deporte nacional. ¿Crímenes de odio? La marca de la casa es la impunidad.

En días previos, se consignó el asesinato de dos colegas mexicanos en provincia. Ayer tocó el turno a Miroslava, una aguda,  acuciosa,  comprometida y respetada trabajadora de campo. Imposible saber cuántos siguen en la lista negra. Visibles o agazapados, los victimarios están al acecho.

A finales del sexenio pasado, la vía represiva fue discrecionalmente expedita: A más de 600 firmas vinculadas  al ejercicio periodístico en la Ciudad de México y los estados, se les obligó a suscribir una carta de autocensura por la que no tratarían temas relacionados con el crimen organizado y sobre los comisionados para su combate.

Ahora, los familiares y colegas de Miroslava, y compañeros que se encuentran en lista de espera, pueden dormir tranquilos: Ya se dieron enérgicas órdenes a la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos Cometidos contra la Libertad de Expresión de la PGR, para que se investigue a fondo el crimen, se llegue a las últimas consecuencias y se  castigue con todo el rigor de la ley a los responsables; “caiga quien caiga”.

La carabina de Ambrosio, pues, está siendo de nuevo engrasada. Sólo repetiremos una convicción profesada desde el 30 de mayo de 1984: La bala que mató a Miroslava, fue directa al corazón de la Libertad de Expresión y del Derecho a la Información. Ya lo dijo Alberto Isaac: En este pueblo no hay culpables. Es cuanto.


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