Espacios del Club de Periodistas

Cangrejos al compás, marchemos hacia atrás

EL LECHO DE PROCUSTO Por: Abraham García Ibarra

Lo dijo el clásico: La violencia es la partera de la Historia. ¿Vale lo mismo, si se trata de violencia institucional, que si se trata de violencia privada? Esa es la gran cuestión.

El 6 de julio de 1988, fecha de elección presidencial, se presentaron  dos proyectos a consideración de los votantes, 1) el neoliberal, desde dos partidos no necesariamente antagónicos, el PRI y el PAN, y 2) el neocardenista, postulado por un frente popular que catalizó a al menos cinco partidos y una corriente identificada como democrática.

El resultado fue -va hacer de eso 28 años-, según lo tipificó en el Colegio Electoral de la Cámara de Diputados, un diputado priista, el constitucionalista don Antonio Martínez Báez, un golpe de Estado técnico. De ahí siguió La alianza estratégica firmada por el PAN con el usurpador Carlos Salinas de Gortari.

Los contendientes contra el priista ex secretario de Programación y Presupuesto, fueron el ex presidente de la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) y del Consejo Coordinador Empresarial (CCE), Manuel de Jesús Clouthier del Rincón, y el ex gobernador priista de Michoacán, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano.

El primer sexenio plenamente neoliberal se caracterizó por lo que los observadores codificaron como una “democracia selectiva”, operada al través de las concertacesiones electorales que favorecieron al PAN, y la persecución de militantes que fueron, primero, del Frente Democrático Nacional (FDN) y, después del Partido de la Revolución Democrática (PRD).

Al tiempo, el propio Cárdenas Solórzano llegó a computar más de 600 atentados mortales contra miembros del partido por él fundado en 1989.

Desde entonces, El camino correcto

Desde entonces, los dos partidos alternantes en la presidencia de la República, han blasonado que México marcha por el camino correcto.

Desde el sexenio de Salinas de Gortari, sobre todo después de la embestida contra el sindicalismo, la firma del Tratado de Libre Comercio (TLC) y la contrarreforma agraria para privatizar la propiedad social de la tierra, empezamos a cuestionar si el  “camino correcto” no sería, en última lectura, El camino a la servidumbre.

Escribimos que la aplicación doméstica de las recetas de la obra con ese mismo título, de uno de los padres del neoliberalismo, Friedrich von Hayek -cuya proposición central es la extinción del Estado benefactor y la abolición de la Justicia Social- pondría a México en la ruta de una economía de servicios por encima de la economía productiva, como al final de cuentas ha sucedido al ser descarrilada la locomotora petrolera que conducía el desarrollo nacional.

El ataque institucional a los Contrato Ley, a los contratos colectivos de trabajo y a las condiciones generales de trabajo que amparan a la burocracia; la precarización del empleo y del salario, la privatización de la Seguridad Social -sobre todo de su régimen pensionario-, el depredador asalto sobre los recursos naturales, patrimonio de las comunidades indígenas, cedidos a rapaces trasnacionales, han generado una ya incesante protesta social en todo el territorio nacional.

La fase más exacerbada de esa protesta colectiva se presenta ahora con el resurgimiento combativo del movimiento magisterial, satanizado a coro desde las troneras del gobierno, del sector empresarial y de sus medios de comunicación adherentes.

La Carta Magna de la Barbarie

Si nos preguntamos, qué de original tienen los métodos de lucha de la actual y generalizada disidencia, incluso empresarial, tendremos que remitirnos a 1988 en que sentó plaza el modelo neoliberal y al antecedente de 1982, conocido como la campaña México en la libertad contra la expropiación bancaria, para discernir porqué una estrategia es legítima si la acomete un sector y es condenada como ilegal si la practican otros.

México en la libertad fue acaudillada por Clouthier del Rincón, quien, como lo señalamos líneas antes, fue presidente de la Coparmex y del CCE.

Siendo candidato presidencial del PAN y de Poder Ciudadano de la Coparmex, en enero de 1988, en Querétaro, Clouthier del Rincón presentó como coordinador nacional de la cruzada de resistencia civil a Rubén Raymundo Gómez Ramírez, quien empezó por declarar que esa cruzada tendría como modelo el aplicado en 1986, en Chihuahua, en la campaña a gobernador del panista Francisco Barrio Terrazas.

Gómez Ramírez confesó que se había reclutado ya a 200 individuos aleccionados “en seminarios impartidos por el PAN”. Y dio a conocer un espeluznante manual conteniendo 198 “formas de resistencia civil”, previendo el fraude electoral de ese año.

Llamamos entonces a ese catálogo la Carta Magna de la Barbarie, inspirada en manuales de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), de los Estados Unidos, difundidos en América Central y ejecutados especialmente en Nicaragua.

Estamos hablando de 1988 en plena campaña presidencial. El coordinador nacional clouthierista de la resistencia civil amenazó a los medios de comunicación, a saber:

“Cada día, el descontento crece y los nombres de quienes ocultan la verdad son más que conocidos; pagarán un precio muchos de ustedes por mantener viva la corrupción; las cosas van a cambiar más temprano que tarde ¡Cuidado!”.

Hablando en nombre de la racionalidad y la civilidad, preguntamos ¿han cambiado o no las cosas? Sí, han cambiado las cosas. De 1988 a 2016, han sido agredidos de muerte, secuestrados, desaparecidos o desplazados cientos de periodistas por intentar sostener la verdad, e instalaciones de empresas editoriales han sido destruidas por dar espacio a la difusión de esa verdad. La nueva ley es plata o plomo.


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