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Chucho Ortega quiere encarcelar a El Peje

EL LECHO DE PROCUSTO Por: Abraham García Ibarra

En la segunda mitad de la década de los setenta del siglo XX, un imberbe aguascalentense escuchó la vieja máxima de que un joven que a los veinte años no es comunista, es un imbécil…

Ya en la ciudad de México, aquel imberbe, Jesús Ortega Martínez, arrimó su sardina al fogón del izquierdista de veras Rafael Aguilar Talamantes, fundador del Partido Socialista de los Trabajadores (PST).

Rafael lo hizo por primera vez diputado federal, candidato al gobierno de su estado, y le otorgó la secretaría general del PST en el Distrito Federal. Pronto, Ortega Martínez emprendió una conjura para arrebatarle el registro del PST a su protector.

Le falló la conspiración: Se fugó al Partido Mexicano Socialista (PMS), la nueva franquicia del viejo Partido Comunista Mexicano, que lo hizo por segunda vez diputado federal, ahora a la LIV Legislatura, en la bancada surgida del Frente Democrático Nacional (FDN), que en 1988 acaudilló Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano.

Un nuevo brinco, ahora al Partido de la Revolución Democrática (PRD) fundado por el propio Cuauhtémoc. El “líder moral” de los amarillos le facilitó su candidatura al Senado en 2000.

Todavía están a buen resguardo cheques sin fondos firmados por Carlos Navarrete Ruiz, miembro del secretariado del PRD, para financiar aquella campaña.

Embalado, Ortega Martínez, tras dos tentativas fallidas, se hizo finalmente de la presidencia nacional del PRD. Desde esa posición se atrincheró en la corriente Nueva Izquierda, popularmente conocida como la de Los Chuchos, marbete extensivo a Jesús El tragabalas Zambrano Grijalva, el citado Navarrete Ruiz y Graco Ramírez Garrido Abreu, entre otros.

Ortega Martínez fue favorecido por Andrés Manuel López Obrador con  la coordinación nacional de su primera campaña presidencial. Cuando el tabasqueño acometió su resistencia al fraude en 2006, Los Chuchos marcaron su raya y desde entonces los medios televisivos los acogieron como estrellas de la “izquierda políticamente correcta”.

De ahí p’al real. Tres periodos consecutivos fueron los que Ortega Martínez, Zambrano Grijalva y Navarrete Ruiz tuvieron el control de la dirigencia nacional del PRD.

El fundador del partido, Cárdenas Solórzano denunció la falta de autoridad política y moral de ese triunvirato. Fue despojado de su “liderazgo moral”.

Los Chuchos y Los 43 de Ayotzinapa

La noche electoral de julio de 2012, Los Chuchos, con tres gobernadores de fierro perredista, entre ellos Graco Ramírez, se convocaron a un aquelarre para proclamar el triunfo presidencial irrefutable de Enrique Peña Nieto.

A Zambrano le reventó el cohete de Los 43 de Ayotzinapa. Durante su gestión, surgió como candidato a la alcaldía de Iguala, José Luis Abarca, contra quien sus propios correligionarios guerrerenses habían exigido al Congreso estatal -previo al crimen colectivo- la revocación de mandato. La dirigencia nacional se opuso.

En la crisis de dirección, arribó a la presidencia del partido Navarrete Ruiz. Fue defenestrado cuando todavía no calentaba el sillón.    

Ayer, el impoluto Jesús Chucho Ortega Martínez se presentó ante la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales de la PGR, a pedir cárcel contra el líder del partido del Movimiento Regeneración Nacional (Morena) Andrés Manuel López Obrador, por hacer mal uso del listado nominal del Registro Federal de Electores. Seguramente, el tabasqueño está temblando de miedo.

El Chucho Ortega siempre está de moda. Hace apenas unas semanas, una juez lo premió con una sentencia contra la periodista Sanjuana Martínez, para que ésta le pague una todavía incuantificable indemnización, por haber revelado las andanzas eróticas del aguascalentense.


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