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CNTE: Qué manera de matar al poeta

EL LECHO DE PROCUSTO Por: Abraham García Ibarra

Dos nocturnas sesiones televisivas a sabor habían dado luces al jefe de Gobierno de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera Salazar, para que dijera que si, que sí quiere ser Presidente de la República.

Remolón  ante el asunto de si por fin asumirá los riesgos de afiliarse al Partido de la Revolución Democrática, sin embargo recordó que con las siglas del PRD-PT-MC se alzó en 2012 con la candidatura y el gobierno metropolitano y la experiencia podría repetirse en 2018.

No ignora el jefe de Gobierno de la CDMX que fuego pinolero llega hasta la Plaza de la Constitución, pero prefiere no caer en provocaciones; lo que no obsta para que fije su posición crítica sobre políticas públicas en las que están involucrado el gobierno federal y los estatales de la Megalópolis.

Todavía esta madrugada, los estrategas de imagen de Mancera hacían su propio sondeo sobre el impacto público de su aparición en las cámaras de televisión.

Pero este amanecer, en que los fieles de Juditas Tadeo se enfilaban hacia el templo de San Hipólito, sigilosamente cientos de sombras se desplazaban en otro rumbo hacia el ilusoriamente inaccesible Zócalo capitalino, y daban pacíficas rodeos por las calles adyacentes. Los granaderos no pudieron contener la procesión.

Luego, unos regresaron a su plantón en la Plaza de Santo Domingo, de cara al señorial edificio en el que despacha el titular de la SEP, Aurelio Nuño Mayer, y otros a la Plaza de la Ciudadela, desde donde le quitan el sueño al de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong.

Seguramente en Lima, Perú, los miembros de la comitiva oficial de Enrique Peña Nieto veían en las pantallas de sus celulares el curso de los acontecimientos frente al Palacio Nacional mexicano.

“Otra vez los de la CNTE, Señor Presidente: ¡Llegaron a Palacio Nacional!”, nos imaginamos que fue el reporte.

“Déjame que te cuente, limeño…”

Déjame que te cuente, limeño…”. En realidad, algunos especulaban que esa tentativa de los maestros disidentes se produciría ayer, 26 de julio.

Es que había efemérides. Antes, los comunistas mexicanos se convocaban en El Zócalo para hacer suyo el Asalto al Cuartel Moncada, por los castristas. Pero ese es un tema pasado de moda.

Lo que sí es más doméstico, es que hace 48 años, en las inmediaciones de la Plaza de la Ciudadela, los chamacos de las Vocas detonaron un conflicto con lo que se suponía un adolescente choque con otros estudiantes vecinos.

Del 26 de julio al 2 de octubre de 1968 ¡No se olvida!. Luego, se cumplía otro mes del insoluto asunto de Iguala, Guerrero. Pero los padres de familia prefirieron ir directamente a Washington a la sede de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

“Sin novedad”, pudo ser el reporte de Inteligencia a sus respectivos mandos.

Pero la resistencia no duerme. Hoy fue la toma pacífica de El Zócalo, “que es de todos los mexicanos, no sólo de los empresarios”, dijeron los sorprendentes marchistas.

Ay, la CNTE, qué manera de matar al poeta.


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