Espacios del Club de Periodistas

Delincuencia amarilla en cuatro delegaciones de la CDMX

EL LECHO DE PROCUSTO Por: Abraham García Ibarra

Para ilustrar nuestro optimismo: Soy un mazatleco metropolizado desde hace 48 años. Desde 1970 ejerzo aquí mi derecho a votar en elecciones constitucionales.

Por razones de cambio de domicilio, el 12 de agosto pasado solicité al Instituto Nacional Electoral (INE) la reposición de mi credencial de elector.

Ese mismo día, se me entregó una copia impresa en media cuartilla en la que se me avisa que “los ciudadanos que realicen un trámite para obtener su credencial para votar hasta el 15 de julio de 2016 y que recojan la misma al 30 de julio” no serán incluidos en la lista nominal de electores definitiva, que se utilizará en “la jornada electiva del 4 de septiembre de 2016”.

Ayer fueron las elecciones de comité ciudadanos y consejos de los pueblos, así como la Consulta Ciudadana sobre Presupuesto Participativo 2017 en la CDMX, a la que tanta alharaca lo hicieron los medios durante los últimos tres meses. Tu voto se cuenta y cuenta.

¿Qué hará la CDMX  (Cada Día Más Xola) sin mi voto, que pudo cambiar la suerte de los influyentes comités ciudadanos y el destino fiscal de mi colonia o mi barrio? Nunca lo sabrán quienes nos excluyeron a miles de ese proceso. ¡Qué le vamos a hacer! Así opera la democracia a la mexicana.

Ciudadano “con un modo honesto de vivir” sólo me queda mi humilde condición de reportero.

Lo primero que como reportero reporto, es que, hasta anoche, la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales  (Fepade) de la PGR recibió 592 denuncias ciudadanas y que se detuvo a una persona que pagaba a otras “por sufragar en favor de cierta planilla”.

La mayoría de esas denuncias -con las que se iniciaron 165 indagatorias por probable comisión de delitos electorales- se originó en las delegaciones Coyoacán, Iztapalapa, Gustavo A. Madero e Iztacalco, todas “gobernadas” por el Partido de la Revolución Democrática (PRD).

El mapachismo en todo su esplendor

Como nuestra capacidad de cobertura reporteril se agota en la inmensidad de la Ciudad de México, nos atenemos al reporte de La Jornada que describe así el proceso dominical: “compra y coacción del sufragio, acarreo de votantes, padrón rasurado, condicionamiento de programas sociales, pase de lista, intimidaciones y hasta agresión a una persona con arma de fuego”. (Con información de Raúl Llanos Samaniego, Laura Gómez Flores y Bertha Teresa Ramírez).

Con  esos está dicho todo.

Ya habíamos visto en días previos el reparto de tinacos, materiales de construcción, bolsas para útiles escolares, etcétera, cuyos repartidores dieron instrucciones precisas sobre por quien votar.

Pero durante los meses de 2016, supimos de quejas de vecinos, en este caso de la Delegación Benito Juárez, bajo control del PAN desde hacer varios trienios, en el sentido de que lo que en la votación sobre el presupuesto participativo pidieron para sus manzanas o colonias, fue desviado a otros fines no esclarecidos a los votantes. Esta vez se trataba de una bolsa de más de 800 millones de pesos.

¿De qué me perdí, pues, con el impedimento por escrito del INE de asistir a las urnas? Nunca lo sabré. Con lo que sé me basta. Es cuanto.


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