El establishment priista tiene visión de futuro

EL LECHO DE PROCUSTO Por: Abraham García Ibarra

Como a  manera de burla, precisamente el 5 de febrero de 2002 -85 aniversario de la promulgación de la Constitución mexicana-, rindieron su protesta como presidente y secretaria general del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del PRI, Roberto Madrazo Pintado y Elba Esther Gordillo Morales, respectivamente.

Al culminar el proceso interno que llevó al tabasqueño y a la chiapaneca a la dirección nacional tricolor, la ex presidenta del partido, María de los Ángeles Moreno declaró que aquella elección fue una operación de delincuencia organizada.

Algo de diagnóstico pero también de profecía contuvo aquella tipificación de la señora Moreno.

“La maestra” Gordillo Morales ahora es prisionera del Peñismo, indiciada, entre otros delitos, por delincuencia organizada.

Para la actual nomenclatura priista, Madrazo Pintado es ya un cadáver político.

TUCOM: Todos Unidos contra Madrazo

Tres años después de su elección como presidente del tricolor, el tabasqueño, desde su ventajista posición -como lo hace ahora el jefe nacional del PAN, Ricardo Anaya Cortés con miras a 2018- operó su candidatura a la presidencia de la República, que finalmente logró sólo para quedar en el tercer sitio en la votación de 2006.

En mayo 2005, a punto de reunirse el Consejo Político Nacional (CPN) del PRI para discutir las reglas que definirían el método de selección de la candidatura presidencial, se reactivó la facción denominada Todos Unidos contra Madrazo (Tucom), para mojarle la pólvora a Roberto.

La cabeza visible de esa facción, fue el mexiquense gobernador Arturo Montiel Rojas, aspirante también a la candidatura presidencial, quien después de concluido su mandato se vio enredado en diversos litigios maritales.

Tres días antes de la reunión del CPN priista, los del Tucom cenaron en el lujoso departamento en Polanco (Ciudad de México) de Elba Esther Gordillo Morales, para diseñar la estrategia con la que se pretendió cerrar el paso a Madrazo Pintado.

Por sus nombres los conoceréis

A esa cena fueron invitados y asistieron, entre otros, los ahora ex gobernadores priistas de Tamaulipas, Tomás Yarrington Ruvalcaba, hoy a salto de mata; de Coahuila, Enrique Martínez Martínez, defenestrado recientemente en la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural y Alimentación (Sagarpa); de Nuevo León, José Natividad González Parás, y el entonces senador Enrique Jackson Ramírez, hoy diputado priista a la LXIII Legislatura federal.

Los conspiradores tricolores no lograron impedir la nominación de Madrazo Pintado, pero ya en 2006 se atribuyó a Gordillo Morales, entonces todopoderosa líder del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) y aún  secretaria general del PRI, la operación por la cual gobernadores norteños indujeron la votación, no necesariamente contra el tabasqueño, sino en favor del candidato presidencial del PAN, Felipe Calderón Hinojosa.

Las atroces consecuencias de aquella conjura están a la vista: Los devastadores saldos de la guerra narca de Calderón.  Pero, seis años después, el PRI retornó a Los Pinos, en un proceso que aún no da como plena “cosa juzgada” el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF).

2015-2016: El descarrilamiento del PRI

De julio de 2012 a octubre de 2016, han pasado por la dirigencia tricolor -por dedazo-, cuatro titulares; el más reciente, el tecnócrata de cinco títulos universitarios, Enrique Ochoa Reza. El promedio de permanencia de esos dirigentes, es de un año.

En las elecciones federales intermedias y algunas concurrentes de los estados en 2015, el PRI, en manos del mexiquense César El Breve Camacho Quiroz, quedó tambaleante.

Al salir Camacho Quiroz de Insurgente Norte 59 de la Ciudad de México, su relevo lo asumió el sonorense Manlio Fabio Beltrones Rivera: En junio de 2016, el PRI fue trapeado en ocho de las entidades federativas que tuvieron proceso electoral.

Dos de los gobernadores priistas que perdieron sus estados: Javier Duarte de Ochoa (Veracruz) y Roberto Borge Angulo (Quintana  Roo) son tibiamente perseguidos por la justicia, implicados en monstruosos actos de corrupción. Al primero, ya lo “expulsó” el PRI.

El priista gobernador saliente de Chihuahua, César Duarte Jáquez está en la misma tesitura que los arriba nombrados, aunque anoche declaró estar dispuesto a “dar la cara” para responder a las acusaciones en su contra. El priista gobernador de Tamaulipas en funciones, Egidio Torres Cantú, está “en remojo”. Ambos perdieron también sus estados.

Fatales escrutinios de las encuestadoras

Al correr los primeros cuatro años de su mandato presidencial, la gestión del priista mexiquense Enrique Peña Nieto, según la mayoría de las encuestas de opinión, tiene los peores registros de aceptación. Dicho con más propiedad, los más altos registros de reprobación.

Las mismas agencias encuestadoras, al pulsar la intención de voto con vistas a 2018 y aplicarla a las candidaturas presidenciales, ponen indistintamente en la punta al líder del Partido Movimiento Regeneración Nacional (Morena), Andrés Manuel López Obrador, o a la precandidata del PAN, Margarita Zavala Gómez del Campo.

Los presidenciables del PRI se disputan el tercer sitio de esos ejercicios demoscópicos y algunos de ellos aparecen abajo aun de las candidaturas independientes.

Es cuando retumba la interrogante leninista: ¿Qué hacer?

Muy saludable: Ponerse el guarache antes de espinarse

Lo que está haciendo el nervioso establishment tricolor, es tomar juiciosas providencias para: 1) adelantarse a la eventual derrota presidencial del PRI en 2018, y 2) cuidar la retirada de los actuales hombres del poder por aquello de que hacia 2018 podría estar actuando ¿de veras? el Sistema Nacional Anticorrupción (SNA).

Como el que pega primero, pega dos veces, al ser transformado (estamos en la era de las transformaciones) el Instituto Federal Electoral (IFE), en Instituto Nacional Electoral (INE), el PRI se aseguró la buena voluntad de al menos cuatro consejeros electorales federales. De once votos, cuatro son buena base.

En la renovada nómina de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, el grupo dominante colocó ya dos piezas leales.
De once votos, dos para empezar no está mal. Sobre todo si le toca a uno de esos dos, ser ministro ponente.

La joya de la corona, sin embargo, está en otro escenario: El Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, cuyas sentencias son “definitivas e inatacables”, según lo establece la Constitución. Los magistrados electorales son los que nombran Presidente de la Republica.

El grupo dominante (la troika PRI-PAN-PRD) dejó zapato a sus adversarios: Se quedó con todas las canicas y dio facultades a sus magistrados para dictaminar no sólo la elección presidencial de 2018, sino también la de 2024. Pura visión de futuro.

El más acerado blindaje contra la futura amenaza profiláctica del Sistema Nacional Anticorrupción queda también soldado: La Procuraduría General de la República (potencial Fiscalía General) y la Secretaría de la Función Publica (SFP), ya están escrituradas también con lata visión de futuro.

Cuando María de los Ángeles Moreno habló en enero de 2002 de delincuencia organizada, como que se quedó corta. Es cuanto.

Redacción Voces del Periodista

Redacción Voces del Periodista


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